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Morena: el sueño originario

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Morena: el sueño originario

21/09/2020

El autor es Senador de la República

Morena se fundó con características peculiares que le permitieron cumplir con su objetivo: diferenciarse de los partidos tradicionales para poder encabezar una alternativa de cambio. Así la ciudadanía voltearía a ver a Morena como algo realmente distinto.

En el artículo 1o de su declaración de principios se dice: “1. El cambio verdadero del país comienza por cambiar la forma tradicional de intervenir en los asuntos públicos. La política no es asunto solo de los políticos...Buscamos recuperar la política, hoy envilecida, como un instrumento de transformación de los ciudadanos, participando en los asuntos públicos”.

En el artículo 6 del mismo documento se convoca a “forjar una nueva forma del quehacer público, alejada de los vicios y la corrupción de las prácticas del actual sistema...”

Su programa señala:

“Morena es una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda...

Morena lucha por el cambio de régimen por la vía electoral, pero también convoca al pueblo de México a movilizarse para resistir las reformas neoliberales...”

Y en el articulo 3o de los Estatutos advierte:

“b. Que a las y los Protagonistas del cambio verdadero no los mueva la ambición de dinero, ni el poder para beneficio propio;

“c. Que las y los protagonistas del cambio verdadero busquen siempre causas más elevadas que sus propios intereses, por legítimos que sean;

(...)

“g. La afiliación será individual, personal, libre, pacífica y voluntaria, sin corporativismos de ninguna índole; sin que se permitan facciones, corrientes o grupos que vulneren la soberanía del partido...

“i. El rechazo a la subordinación o a alianzas con representantes del régimen actual (el viejo régimen) y de sus partidos, a partir de la presunta necesidad de llegar a acuerdos o negociaciones políticas pragmáticas, de conveniencia para grupos de interés o de poder;”

Todos estos principios se establecieron en los documentos básicos para evitar que a Morena le ocurriera lo que le pasó a otros partidos, que se echaron a perder, coptados por intereses económicos y de poder.

Así se instituyeron innovadoras formas de elección de candidatos y dirigentes.

Para elegir las candidaturas se instrumentaron dos métodos: el sorteo de los lugares plurinominales entre los cuadros de base y la encuesta para determinar a los uninominales. De esta forma se lograban muchos objetivos: se permitía que hasta el más humilde militante llegara a ser legislador, se evitaba que los dirigentes se refugiaran en las pluris, se les obligaba a hacer trabajo territorial para ganarse su espacio y se garantizaba que los candidatos a representar distritos, municipios y estados fueran los mejor posicionados.

En el caso de los dirigentes se estableció el método de elección en los congresos (distrital, estatal y nacional) sin campaña previa, para garantizar el voto libre y la igualdad de condiciones.

Principios y métodos de Morena funcionaron bien entre 2012 y 2018, en los diversos procesos internos para elegir dirigencias y candidaturas. Sin embargo, ahora que el Tribunal Electoral suplantó a los órganos dirigentes e impuso de facto otro Estatuto, las cosas pueden cambiar mucho.

Cuando comienzan a verse espectaculares en edificios y pautas en la redes sociales, entonces quiere decir que algo malo está pasando, que hay un nuevo actor jugando en el proceso interno: el poder del dinero. Y a Morena le puede pasar lo que sus fundadores no querían que le pasara: que sucumba ante las élites políticas que no tienen trayectoria en la lucha contra las reformas neoliberales, pero que sí tienen poder económico. Entonces Morena se convertiría en un partido más, sin distinción.

Héctor Alejandro Quintanar, autor del libro “Las raíces del Movimiento Regeneración Nacional”, escribió hace unos días un tuit:

“Morena es dos partidos en uno:

Un insumo democrático desde 2005 más una ola pragmática sumada para hacer frente a 2018.

“Su próxima dirigencia debe provenir de la primera vertiente y depurar la segunda”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.