Mirar a México
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Mirar a México

27/01/2020

Al comenzar el año 2020, quienes hemos luchado durante mucho tiempo por una transformación progresista de nuestro país, estamos obligados a hacer un alto en el camino en nuestras reflexiones para, en primer lugar, realizar un balance de lo logrado hasta ahora y, en segundo lugar, dibujar los trazos del tramo que sigue.

A grandes rasgos, podemos reconocer que el gobierno de la República ha logrado sostener un alto grado de estabilidad económica, política y social en el país; ha podido alcanzar nuevos grados de bienestar y recuperación del consumo y economía populares; mantiene un elevado respaldo de la población; con el apoyo del Congreso de la Unión ha concretado sus principales reformas legislativas y constitucionales y ha reposicionado al Estado mexicano como factor soberano de equilibrio social que respeta libertades y derechos humanos.

La gente reconoce lo logrado, continúa con grandes expectativas y tiene enormes exigencias para los triunfadores del 2018.

Desde el espacio político de la 4a Transformación cometeríamos un error si consideramos que ya está hecho el cambio. En realidad, el proceso va empezando; falta lo más difícil, falta lo más profundo. Y aún habría que consolidar todo.

Recordemos que en el sexenio del general Lázaro Cárdenas, la gran expansión del reparto agrario ocurre en 1936 y la expropiación petrolera en 1938. Ahora los instrumentos de la justicia y el desarrollo son distintos, pero también implican grandes hazañas sociales.

Si aún faltan grandes transformaciones es indispensable que el movimiento de la 4a Transformación pueda proyectar sus tareas hacia adelante.

En el horizonte se pueden visualizar por lo menos las siguientes necesidades: 1) Difundir los logros del gobierno federal en materia de políticas públicas; 2) Difundir las reformas legislativas y constitucionales alcanzadas; 3) Defender el proyecto de transformación en el debate abierto con las diversas oposiciones; 4) Preparar alianzas y coaliciones, así como las estructuras electorales para refrendar la mayoría legislativa en los comicios del 2021; 5) Resolver el tema del padrón de afiliados y los requerimientos del Tribunal para concretar el relevo de la dirigencia y 6) Reconstruir los pactos internos, equilibrios y balances para la indispensable unidad que debe portar una opción triunfadora.

Me detengo en este último punto. El tema de la unidad es fundamental. No es un asunto romántico. No es una consigna. Es una necesidad para una fuerza política gobernante que debe enfrentar a adversarios confrontacionistas y mantener una mayoría legislativa que garantice la continuidad y profundización de las reformas legislativas.

Todavía faltan cinco años del actual sexenio y la consolidación del proyecto por el que votó mayoritariamente la ciudadanía en 2018 será resultado de años de trabajo. No debe permitirse la división, si esta se diera, terminaría dificultando al proyecto en su conjunto y a la gente misma, destinataria final y razón de ser de nuestro movimiento.

Por encima de todo está el interés general, la perspectiva de cambio, el logro de la utopía. La concordia, la unidad, es la gran línea a seguir.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.