Política para A’Mar

Más allá de la aprobación unánime

La ampliación del delito de abuso sexual y la tipificación del acecho reconocen una vulnerabilidad histórica. El reto está en traducir ese consenso en justicia cotidiana.

Macabéa no puede decir “sí” pero tampoco puede decir “no”, y esa es la violencia más profunda. Su educación, el sistema y el campo simbólico la han privado de ello.

Macabéa es el personaje principal de la última novela publicada en vida por Clarice Lispector. “La hora de la estrella” narra la vida de una joven nordestina pobre que migra a Rio de Janeiro; que parece vivir con una anestesia existencial y no tener conciencia de su propia desdicha.

Pasa sus días con un miedo difuso a perder el trabajo, a desagradar, a no encajar e, incluso, a formular preguntas. Uno muy similar a la que viven las víctimas de violencia, tan vulnerables, que no pueden siquiera ejercer la negativa.

El título de la novela alude al momento en que, por un instante, da la impresión de que la vida de Macabéa cobra sentido. Tras visitar a una adivina que le promete un futuro luminoso, la joven experimenta una súbita sensación de posibilidad. Cree que algo extraordinario la espera. Un sentimiento que pudo surgir después del 17 y 19 de febrero de la semana pasada, luego de que fueron aprobadas por unanimidad dos reformas al Código Penal Federal de la Cámara de Diputados: la ampliación del delito de abuso sexual, con el consentimiento como eje central y la tipificación de acecho, conocida como Ley Valeria. 431 y 440 votos a favor, respectivamente, sin votos en contra ni abstenciones.

La reforma al abuso sexual busca eliminar la revictimización que ha existido por décadas, cuando en los tribunales se cuestionaba por qué “no gritaron”, “no corrieron” o “no se resistieron físicamente”. La reforma considera que la ausencia de un “no explícito” tampoco equivale a un “sí”. Solo el consentimiento afirmativo, libre e informado cuenta. Esto se alinea con los estándares internacionales de “solo sí es sí” y reconoce la parálisis, el miedo y el shock como respuestas válidas ante la agresión.

La reforma toma en cuenta eso que vivía Macabéa, donde no siempre el “no” está bloqueado por un agresor identificable, sino que a veces está neutralizado por una estructura que nunca enseñó que era posible pronunciarlo.

Por su parte, la tipificación del acecho define el delito como conducta constante, sin consentimiento ni autorización legítima, por cualquier medio – físico, digital, telefónico –, que incluya vigilancia, seguimiento, acercamiento no deseado, contacto o intimidación. Mucho más profundo que el miedo cotidiano de Macabéa, estas conductas deben causar daño psíquico o alterar la vida diaria de la víctima.

La aprobación de esta última es parte de un proyecto internacional México – Canadá y, especialmente, se logra gracias al trabajo la asociación Nosotras para Ellas y su fundadora y presidenta, Diana Murrieta.

La ampliación del delito de abuso sexual ya fue aprobada por el Senado en diciembre del año pasado, mientras que la Ley Valeria todavía debe pasar por su revisión y aprobación. Sin embargo, el verdadero desafío comienza después de la aprobación federal.

Nosotras para Ellas continúa trabajando en toda la República para procurar que se homologue el delito de acecho, es decir, que se apruebe en cada uno de los congresos locales y signifique lo mismo en todos los estados, sin agravantes distintas ni penas diferenciadas. Lo que distingue su estrategia es el enfoque integral, algo que pocas reformas contemplan. Después de la tipificación del delito, impulsan campañas de sensibilización y capacitación en fiscalías para su correcta aplicación.

En La hora de la estrella”, el instante de ilusión es parte de la tragedia. En la política pública, la aprobación legislativa es apenas el comienzo. Tanto la armonización local como la capacitación institucional son fundamentales para cerrar cualquier vacío de interpretación y garantizar que todas las entidades persigan estos delitos con los mismos estándares. Principalmente, la efectividad de estas leyes depende de la posibilidad verdadera de acceso a la justicia por parte de las víctimas. Sin ello, todo quedará en eso que la adivina le presentó a Macabéa: una esperanza insuficiente frente a la realidad.

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