En su Justa Dimensión

Jalisco: el infierno sigue ahí

El lunes pasado nada fue real; el operativo se trató de un simulacro de narcobloqueos. Un indicativo de que esos momentos de riesgo son, si no cotidianos, sí lamentablemente parte de una realidad que viven miles de jaliscienses y que, desafortunadamente, no va a cambiar.

Son las 12:00 del mediodía del lunes 13 de julio. Habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara viven escenas que provocan desconcierto en algunos, zozobra en otros. No es para menos, con semejante despliegue de elementos de seguridad de distintas corporaciones. Lo mismo agentes en patrullas de la policía de Tlajomulco, que soldados a bordo de camionetas del Ejército, bomberos, un helicóptero de la Fuerza Aérea sobrevolando, cortes viales…

Los jaliscienses aún tienen fresco en la memoria un despliegue similar: el de aquel domingo 22 de febrero, cuando, derivado del operativo militar en Tapalpa, cazaron a Nemesio Oseguera, El Mencho, hasta entonces líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación, lo que desató una violenta reacción de los criminales. En aquella ocasión los bloqueos eran reales, los disparos eran de verdad, el fuego que consumía vehículos atravesados en carreteras era un hecho. El lunes pasado nada fue real; el operativo se trató de un simulacro de narcobloqueos. Un indicativo de que esos momentos de riesgo son, si no cotidianos, sí lamentablemente parte de una realidad que viven miles de jaliscienses y que, desafortunadamente, no va a cambiar.

En México no son nuevos los simulacros de ataques de la delincuencia, habíamos visto desde hace muchos años simulacros de balaceras en escuelas –sobre todo en kínder– de Tamaulipas, Morelos, Guerrero, Sinaloa… Pero es la primera vez que se realiza un operativo que, además, involucra a fuerzas federales para simular bloqueos del crimen organizado. A ese punto hemos llegado.

Las autoridades, con este inédito operativo, están anticipándose a algo que saben que puede ocurrir en cualquier momento, porque es una realidad que no va a cambiar y por una sencilla razón: cortarle la cabeza no va a acabar con un cártel violento, es una hidra. El Mencho, abatido en Tapalpa en febrero, ya tiene sucesor. Un nuevo líder criminal se encargará de seguir bañando en sangre y fuego a una población cansada de tanta violencia. Y se trata nada menos que del hijastro de Oseguera, Juan Carlos Valencia González, conocido como El 03, identificado ya por el Centro Nacional de Lucha contra el Terrorismo del Centro Nacional de Inteligencia de Estados Unidos. Es ahora El 03 quien comanda a un “ejército” de entre 15 y 20 mil integrantes que mantienen dominio criminal no solo en Jalisco, sino en Nayarit, Colima, Veracruz, Guanajuato, Puebla, Querétaro e Hidalgo, y que tienen presencia en varios estados más.

Pero otro hecho, ocurrido hace apenas cuatro días, nos recuerda con mayor crudeza que en Jalisco, a pesar de la caída de El Mencho y aún sin haber superado horrores vividos como los hallazgos en el rancho Izaguirre o los jóvenes desaparecidos en Lagos de Moreno, las cosas no han cambiado y sigue existiendo el mismo infierno.

El domingo pasado, soldados del Ejército, en respuesta a una denuncia anónima, acudieron a un predio del municipio de Zapopan, donde hallaron a cuatro jóvenes, dos de ellos adolescentes de 14 y 15 años, encerrados en celdas, encadenados y golpeados. En el inmueble encontraron equipo de cómputo, lo que hace presumir que se trataba de un call center clandestino, una de esas instalaciones donde el crimen organizado, concretamente el CJNG, obliga a personas reclutadas con falsas ofertas de trabajo o levantadas a llevar a cabo llamadas telefónicas de extorsión o estafas con tiempos compartidos, especialmente a adultos mayores estadounidenses.

Se trata, pues, de un modus operandi persistente de la delincuencia organizada: reclutamiento de jóvenes para operar call centers para cometer delitos y, así, financiar su estructura criminal.

Los cuatro jóvenes rescatados el domingo en Zapopan vivieron para contarla. Desafortunadamente, no ocurrió así con los ocho jóvenes que desaparecieron en mayo de 2023, también ahí, en Zapopan. Todos ellos tenían algo en común… trabajaban en un call center. El día 31 de ese mes, las pruebas forenses concluyeron que los restos que fueron hallados en 45 bolsas de plástico en una barranca de Guadalajara correspondían a los ocho jóvenes desaparecidos, de entre 23 y 37 años de edad. Es decir, nada ha cambiado.

El caso de este domingo también hace inevitablemente recordar la desaparición de Dante, Diego, Jaime, Roberto y Uriel, cinco jóvenes amigos que fueron vistos por última vez el 11 de agosto de 2023, hace ya casi tres años, en Lagos de Moreno. Días después de la desaparición, circuló en redes sociales un video –agregado a la carpeta de investigación del caso– en el que se ve a los jóvenes aparentemente siendo forzados a agredirse entre ellos.

En las pesquisas se han hallado cuerpos calcinados, pero hasta la fecha no se ha podido determinar, pese a diversos indicios, que se trate de los jóvenes, por lo que estos siguen en calidad de desaparecidos, prolongando el sufrimiento de sus familiares.

El rescate este domingo de los jóvenes golpeados y atados; el simulacro de narcobloqueos este lunes y la reciente identificación del nuevo líder del CJNG no hacen más que mostrar que en Jalisco se sigue viviendo el mismo infierno.

Como también se sigue viviendo el mismo infierno en Guanajuato, donde apenas el domingo un comando masacró a una familia en Pénjamo, asesinando a cuatro de sus integrantes, uno de ellos menor de edad. O como se sigue viviendo el mismo infierno en Sinaloa, donde apenas el 30 de junio la Defensa desplegó mil efectivos más, pues la violencia no cede, por el choque entre las facciones del Cártel de Sinaloa. Ya suman 14 mil elementos castrenses en la entidad, sin que los sinaloenses consigan paz.

Cada 15 días, en la conferencia en Palacio Nacional, se presentan alentadoras cifras de reducción de homicidios y se asegura que la estrategia de seguridad está rindiendo frutos. Pero los jóvenes levantados, reclutados forzosamente o simplemente masacrados, como en Jalisco o en Guanajuato, no dejan de engrosar una estadística de la que no se habla en las “mañaneras del pueblo”.

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