Prisas y precipitación: proyectos y programas en riesgo
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Prisas y precipitación: proyectos y programas en riesgo

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Prisas y precipitación: proyectos y programas en riesgo

14/11/2018
Actualización 15/11/2018 - 13:26

El presidente electo y su equipo, incluyendo los legisladores de su partido, quieren que todos los proyectos y programas prometidos arranquen el primero de diciembre, de manera que se vean resultados en el primer año de su gestión. No sorprende, dadas las enormes expectativas de la ciudadanía sobre el nuevo gobierno y, sobre todo, por los plazos tan cortos que le otorga (de uno a dos años) para mejorar las condiciones económicas, políticas y de seguridad. Esa prisa está conduciendo a que las decisiones se tomen, además de por consideraciones políticas, con precipitación y sin las bases técnicas más elementales en materia de herramientas y metodologías aplicables al diseño e instrumentación de proyectos y programas públicos.

Para los proyectos no se tiene el prediseño o la evaluación costo/beneficio económico y social más básicos, ya no se diga aplicar metodologías más sofisticadas de evaluación y control, que permitirían materializar los proyectos en línea con su concepción y costos planeados o con desviaciones mínimas. Por ejemplo, ese es el caso del Front-End-Loading, que se utiliza en prácticamente todos los proyectos de infraestructura y energía a nivel internacional, y que supone una etapa de 'visualización' del proyecto, en la que se definen las opciones técnicas y económicas (con una precisión presupuestal de -30 por ciento a +50 por ciento); una de 'conceptualización', que involucra la selección de la opción más adecuada (presupuesto de -15 por ciento a +30 por ciento); y la de 'definición', en la que se desarrolla la ingeniería básica y otros aspectos técnicos de detalle en el proyecto ejecutivo (presupuesto estimado en un rango de -5 por ciento a +15 por ciento). Todo ello, antes de arrancar el proyecto.

No hay duda que el ícono de los proyectos al vapor será el aeropuerto de Santa Lucía (si se hace algún día), pero el Tren Maya y la nueva refinería en Tabasco no se quedarán atrás, para los que tampoco hay nada excepto la idea y, eso sí, habrá una asignación presupuestal en 2019 (de 6 y 50 mil millones de pesos, respectivamente). En el caso de Pemex, se plantea desarrollar 20 nuevos campos recién descubiertos en aguas someras para generar producción adicional en poco menos de año y medio. Sin embargo, no sólo no han pasado por las pruebas evaluatorias y autorizaciones de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, sino que ni siquiera se han delimitado los yacimientos, paso técnicamente imprescindible para identificar la ubicación de los hidrocarburos y dónde debe perforarse.

En los programas, particularmente los orientados al desarrollo social, es fundamental tener claros los objetivos y metas, además de “repartir dinero a los pobres”; definir una población beneficiaria objetivo; y establecer mecanismos de control y evaluación, cuando menos. Los programas asistencialistas que distribuyen apoyos directos deberían basarse en padrones específicos auditables y no, como se está planteando, en 'censos' parciales que más bien son listados de simpatizantes de Morena, elaborados “de casa en casa por voluntarios” de ese partido.

Los mecanismos de diseño, evaluación e instrumentación de los proyectos de inversión y de los programas de gasto se pretende sustituirlos por consultas a la población, lo que abonará a desprestigiar y poner de manifiesto la inutilidad de esa herramienta para conocer las preferencias de la ciudadanía. Ni quien le crea: preguntas sesgadas, en los mismos lugares y con los mismos organizadores, que generarán los mismos resultados. Una farsa.

Situaciones similares se presentan en el Poder Legislativo. Propuestas de leyes mal elaboradas, integradas al vapor y que han salido de los cajones sin ni siquiera actualizarse (ni eso puede hacer el Congreso actual), con deficiencias de técnica jurídica básica.

Así, el panorama de programas, proyectos de inversión y leyes no es nada halagüeño. No todo se resuelve con buenas intenciones; hace falta mucho más para no dilapidar los escasos recursos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.