Oligopolización económica
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Oligopolización económica

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Oligopolización económica

22/11/2018
Actualización 22/11/2018 - 12:47

En su número más reciente la revista The Economist publica un reporte especial sobre la evolución y retos de la competencia económica, particularmente en Estados Unidos y Europa, y su importancia para “reconstruir la fe en los mercados” y generar lo que denomina la “nueva revolución capitalista”. Más allá de su orientación liberal (neoliberal, dirían algunos), el análisis presenta evidencias, interpretaciones y explicaciones sobre el deterioro de la competencia y ofrece diversas recomendaciones para corregirlo, que serían de utilidad para el caso de México.

Si bien varios países (desarrollados) impulsaron la competencia en el pasado, desde mediados de los noventa la concentración en múltiples mercados ha aumentado sustancialmente. En Estados Unidos —lo mismo que en Europa, aunque con menor intensidad— en dos terceras partes de las industrias se ha registrado ese fenómeno; en una décima parte de la economía estadounidense cuatro empresas controlan más de 60 por ciento de su mercado; y las utilidades de las empresas con respecto al Producto Interno Bruto han sido 76 por ciento superiores al promedio de los últimos 50 años, lo que ha derivado en una profundización de la desigualdad en la distribución del ingreso entre los factores de la producción (capital y trabajo) y ha propiciado cuestionamientos sobre los 'modelos económicos' aplicados y cambios hacia regímenes políticos que ofrecen políticas alternativas, no solo en ese país, sino en diversas partes del mundo, incluido México.

Entre las causas del incremento de la concentración en los mercados y de la generación de utilidades extranormales en diversos sectores, destacan el proteccionismo comercial y la baja exposición de ciertos sectores a la competencia, y las barreras a la entrada. Ello generó que la participación del trabajo se redujera en industrias con elevada concentración, que el número de nuevos participantes disminuyera y que el crecimiento de la productividad se debilitara en esos sectores, lo que fue en detrimento de la innovación y propició un estancamiento de los niveles de vida de la población en general.

Todo ello suena familiar para México. Aunque las causas históricas de la concentración de mercados son distintas a las de otros países, y van desde la acumulación de capital en el Virreinato, el Porfiriato y la Revolución, pasando por la relación gobierno-empresarios 'prominentes' desde los cuarentas y cincuentas, la corrupción y varios procesos de privatización, sus efectos económicos y políticos no son muy distintos.

The Economist presenta tres recomendaciones para reducir el poder de mercado y la concentración económica. En primer lugar, que la información y los regímenes de propiedad intelectual se utilicen para impulsar la innovación y no para proteger a empresas establecidas y dominantes en los mercados. Segundo, que los gobiernos busquen eliminar barreras a la entrada en los mercados, particularmente las que se derivan de la regulación, muchas veces creadas por esas empresas. Tercero, que la legislación antimonopolios se actualice con una visión de competencia integral y vigilando las tasas de retorno al capital en mercados concentrados.

En ese sentido, México requeriría una modernización del sistema que regula la propiedad intelectual y, entre otras medidas, transformar al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) en una entidad promotora de la innovación y la competencia y que no sólo sea una institución eminentemente registral. Aunque se han hecho esfuerzos en el pasado, es necesario profundizar en la simplificación regulatoria, lo que no sólo requiere quitar inspecciones federales como propone AMLO. México cuenta con una de las leyes de competencia económica más avanzadas del mundo; no obstante, la Comisión Federal de Competencia Económica, además de atender prácticas anticompetitivas específicas, debería establecer una vigilancia integral de los mercados disfuncionales (concentrados), que en nuestro país abundan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.