Abogada de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Ana Lucía Baduy era una mujer desinteresada en la política. Había sido modelo –ganó el concurso Nuestra Belleza México Chihuahua y fue cuarto lugar en el mismo certamen a nivel nacional–, pero no le interesó prolongar esa carrera.
Baduy hacía prácticas en un despacho de abogados cuando el exdiputado local de Movimiento Ciudadano Miguel Vallejo le pidió una asesoría en materia jurídica en el Congreso del estado. Ella le advirtió que no se afiliaría al partido que representaba y, sin embargo, Movimiento Ciudadano la nombró candidata a diputada local en 2018. Eso sí, se negó a contender en coalición con el PAN y el PRD. “Perdí feo, me vi supernovata, me pusieron una arrastrada, pero descubrí el lado bueno de la política y dejé el litigio para volcarme en ella”.
Jorge Álvarez Máynez, que entonces era secretario general de Movimiento Ciudadano, la convirtió en su “mano derecha” y con él Baduy conoció las entrañas del partido. Regresó a Chihuahua durante la pandemia y, aunque participó en el proceso electoral de 2021 –sobre todo en temas de paridad y formando candidaturas con perspectiva de género–, rechazó una nueva candidatura. “En 2018 conocí a mi novio, que en ese momento estaba divorciándose, y nos hicieron una campaña muy desagradable”.
Sigue Baduy: “Y después viene la ironía: como ayudé mucho a los candidatos, Dante Delgado me dijo que tendría el número uno en la lista plurinominal local. Siempre hay ajustes; quedé en la dos. En Chihuahua no la encabezó una mujer. El caso es que se alternó, me dieron mi constancia porque el Congreso estaba conformado, en su mayoría, por hombres, y ajustaron la paridad con las listas. Todo bien hasta que me mandaron llamar y me dijeron que era muy incómoda para (la gobernadora) Maru Campos, que buscaba conformar su mayoría en el Congreso, y sólo podía tenerla sumando a MC. Con mi constancia de diputada, con fecha de toma de protesta, me quitaron el escaño por temas de paridad, a mí, a la delegada estatal de mujeres, y subió el coordinador, Francisco Sánchez, que era el uno en la lista. No sé si hizo un acuerdo con Maru Campos”.

-¿Por qué no lo impugnaste?
-Me incomodaba mucho impugnar. Me arrepiento de no haberlo hecho, porque el coordinador está votándole todo a favor a la gobernadora y yo soy muy anti-Maru. Vaya, hasta le votó a su fiscal carnal (César Jauregui, acusado de corrupción por presuntamente haber recibido sobornos durante el gobierno del priista César Duarte en 2014 y 2015). Creo que esta gobernadora representa un enorme retroceso para el estado. Yo soy miembro de la Comisión Operativa Nacional, pero el diputado es Sánchez. Francamente, no estoy a favor de lo que está pasando en Chihuahua con MC. En lo nacional me encanta el proyecto y creo que nos va a ir muy bien en el 24, pero falta presencia local y lo que pasa en el ámbito local, como en Chihuahua, nos afecta”.
Para Ana Lucía Baduy, integrante de la Comisión Nacional de Movimiento Ciudadano, no existe nada antes que su estado natal. Sus planes a corto plazo están en Chihuahua. Por eso se niega a contender por una diputación federal: “Quiero foguearme porque conozco a los dinosaurios que andan por ahí en el Congreso, que tienen toda la vida reciclándose como diputados. Quiero construir en Chihuahua, quiero ser diputada local, hasta regidora, y aprender cómo se mueve todo desde dentro”.
En la más reciente coyuntura electoral en Chihuahua, Movimiento Ciudadano creció de tres a nueve puntos. Siete partidos perdieron el registro en el estado, entre ellos el Verde, Nueva Alianza y Fuerza por México.
Jugaron un papel importante el voto útil y el antimorenismo chihuahuense. “Lo malo es que la opción ganadora, el PAN, representa la corrupción del PRI. El gabinete de Maru Campos está lleno de priistas, de gente de Duarte; no sé cómo los panistas no están enojados”.
Hija de ingeniero y ama de casa, Baduy practica kickboxing, fotografía y ama a los perros. No le gusta hablar de su efímera carrera como modelo porque, afirma, se le estigmatiza. “Ya sabes, la bonita que entró en la política... No soy ésa. Modelé porque mi mamá lo hizo antes. Tenía 22 años. De alguna manera me convenció de que lo hiciera mientras era muy joven, pero yo siempre quise ser abogada y tuve una vocación social. Además, no me fue bien. Prefieren chavas dóciles porque hay que quedar bien con las marcas, con los patrocinadores, y hay un chorro de intereses involucrados en los concursos de belleza. No era que yo me peleara ni mucho menos, pero tampoco quería hacer todo lo que me pedían”.
-Seguramente hay quienes han cuestionado tu vocación feminista por haber sido “reina de belleza”.
-Por supuesto. Me preguntan cómo puedo llamarme feminista habiendo participado en esos concursos, pero siempre les respondo que también son una plataforma de crecimiento. Habrá mujeres que quieran tomar la oportunidad y otras que no la quieran, y pues no son a fuerza. A mí todo aquello me dio mucha seguridad, me ayudó a conocerme a mí misma, y hasta me empoderó de cierta manera. No veo por qué una cosa habría de reñir con la otra, pero las feministas, a veces, pueden ser muy intolerantes.