Refunfuñando cuenta que, en su acta de nacimiento, a diferencia de la de su hijo, se lee Francisco, el nombre que jamás ha utilizado. Pacho Flores, uno de los mejores trompetistas del mundo, no quiere estar solo en la cumbre, quiere a otros como él. “Si me creo el mejor, estoy muerto como artista. Me defiendo en el escenario. El éxito no es más que la segunda llamada”.
En la primera llamada, Pacho Flores creció escuchando instrumentos de viento, creció mirando a su padre dirigir la banda de Táriba, una ciudad aledaña a San Cristóbal, en el estado Táchira, en Venezuela. Aprendió a distinguir el saxofón, el clarinete, la flauta, la tuba, el trombón. Pero fue la trompeta a la que cortejó.
A los siete inició los estudios formales de trompeta, aunque su madre dirá que la tomó y la sopló desde los cuatro, lo cual es perfectamente posible. Una trompeta pesa un kilo 300 gramos, más o menos. En todo caso la complicación estaría en la ergonomía del instrumento. La alternativa lógica para un niño es la corneta, que comparte rango con la trompeta, produce el mismo sonido, da el mismo registro, pero tiene otra morfología y un timbre sonoro totalmente diferente.
Estaba decidido que la vida de Pacho Flores tendría la trompeta como columna vertebral, después de conocer el sistema de orquestas juveniles que se expandía en Venezuela, sistema que es, a la fecha, un semillero gigante de talento. En 1997, Pacho Flores conoció a su fundador, el maestro José Antonio Abreu. Jairo Hernández, quien fue primera trompeta de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y exalumno de su padre, conoció a Pacho y supo que recién había atravesado una cirugía para evitar que sus piernas siguieran arqueándose.
El año que Pacho Flores no pudo caminar, no hizo más que estudiar música. Los tres meses que estuvo en cama y los nueve que se apoyó en muletas, practicó, escribió, compuso y arregló. También aprendió a tocar el cuatro venezolano y la guitarra. Llenó los días de música. “Lo que aprendí ese año fue brutal. Remonté hasta un nivel mucho más alto”.
Jairo Hernández llevó a Pacho Flores a Caracas. Tocó una audición tan completa de música de orquesta, conciertos de trompeta solista y música tradicional venezolana (que normalmente se toca con el violín, la mandolina o el oboe), que dejó impresionado a Abreu, que le pidió que tocara frente a otras personas. También llamó a Luis Parada, un gran fisioterapeuta que le dio continuidad al tratamiento médico de Pacho. En cuestión de un mes, Flores se mudó a Caracas, se fue de gira a Italia con la Orquesta Infantil de Venezuela y, a partir de ese momento, fue la primera trompeta de la orquesta. “Abreu me cambió la vida en un segundo”.

A los 21 años, Pacho Flores resolvió perfeccionar sus estudios en París, donde se gestó la escuela moderna de la trompeta. Se fue con la bendición de Abreu, quien lo hizo prometer que fundaría la academia venezolana de trompeta. “Jean-Baptiste Arban revolucionó el estudio de la trompeta solista. Tanto así que compositores como Saint-Saëns o Berlioz escribieron dentro de sus sinfonías solos especiales para la trompeta. La trompeta moderna viene de la escuela francesa. Cuando me fui vivía uno de sus grandes referentes, Maurice André, y yo quería conocerlo. También estudié con su mejor alumno, Eric Aubier”.
En París, Pacho Flores ganó el Concurso Maurice André, el más importante de trompeta. Luego volvió a Venezuela y cumplió su compromiso con Abreu. Fundó la escuela de trompeta, aunque hoy otros profesores se encargan del proyecto. “Me reconozco en los jóvenes que estudian ahí; veo en los ojos de esos niños lo que viví. Para mí es más que un compromiso, una convicción total: no me imagino una Venezuela sin un sistema de orquesta. No podemos permitirnos que no sobreviva”.
-Dices que el sueño de un artista es compartir el escenario con otro artista del mismo nivel. ¿Qué sueño te queda por cumplir?
-Tocar con muchas orquestas, aunque ya se me están cumpliendo. Entendí hace tiempo que ésta es una carrera de fondo. Estoy en una etapa muy bonita que es la grabación de discos. Compositores como Arturo Vázquez, Paquito D´Rivera, Gabriela Ortiz, Christian Lindberg, Daniel Freiberg e Igmar Alderete me han compuesto unos conciertos maravillosos. Yo mismo estoy componiendo, compartiendo los ratos con la trompeta y estoy recibiendo encargos de orquestas que quieren escuchar mis composiciones.
Poco a poco, Pacho Flores desarrolló su carrera de solista. Él y su trompeta han recorrido el mundo: Nueva York, Tokio, París, Kiev, San Petersburgo, Berlín, Madrid, Ciudad de México. En 2011, firmó con Deutsche Grammophon, la discográfica más antigua del mundo, especializada en música clásica.
Hace una década que Flores se estableció en Valencia. Antes de eso, se volvió colaborador de Stomvi, la prominente casa fabricante valenciana de instrumentos de viento-metal. Con ella, Flores creó la trompeta de cuatro pistones. El cuarto pistón, afirma, le da más recursos y posibilidades al instrumento. Algunos han criticado la modificación. Argumenta el artista: “Tocábamos con un Fiat Palio, ahora tenemos un Ferrari. Esto no hace que la trompeta sea más fácil de tocar. Yo no podría conducir un automóvil de Fórmula 1. Tenemos los autos, faltan los pilotos que los conduzcan”.
-¿Qué viene en los próximo años para la trompeta?
-Todo mundo va a tocar repertorio latinoamericano, que va a ser parte fundamental de su estudio. La trompeta es un instrumento muy cercano a la sociedad, pero en el mundo de la música clásica aún no es común ver a un trompetista con la orquesta. Si el violín, el chelo y el piano han estado más tiempo en la escena clásica como los instrumentos de tradición, hay motivos: la música que se ha escrito para esos instrumentos ha sido brutal y éstos se desarrollaron hace mucho más tiempo. Pero no está cerrada la página de los instrumentos de metal, quedan muchas páginas en blanco.
“Los melómanos quieren escuchar más la trompeta, la trompa, la tuba, el corno francés, el trombón. Les emociona. Por eso le digo a los jóvenes que mientras más gente esté dedicada a esto, habrá más oportunidades para los demás. Yo no quiero ser un hecho aislado; yo no quiero estar solo haciendo carrera en el mundo”.