Sin sorpresas, esta semana la ‘4T’ consumará la colonización del INE, luego de que el Comité Técnico entregó las quintetas que serán revisadas por los grupos parlamentarios de Morena, PT y PVEM. Los partidos aliados votarán a favor porque están urgidos de reconciliarse con el régimen, sobre todo los petistas, luego del desenlace que tuvo el plan B y las amenazas constantes de que el pueblo les cobrará en las urnas la afrenta al no haber aceptado emparejar la revocación del mandato con las elecciones de 2027.
Siendo una decisión de extrema relevancia para el funcionamiento del sistema electoral mexicano, la ‘4T’ alcanzará el propósito de controlar a la institución electoral. No lo consiguió con los fallidos intentos de reforma electoral promovidos en los últimos siete años, pero lo hará con la designación de tres consejerías que cubrirán las vacantes existentes y que serán ocupadas por personas cercanas al régimen, salidas de un procedimiento que deja muchas dudas sobre la imparcialidad con la que fue conducido y por la opacidad con la que el comité se desempeñó en decisiones clave, como los aspectos valorados para considerar por qué algunos perfiles de aspirantes inscritos son idóneos y por qué otros no.
Hay dudas, también, sobre quién o quiénes o qué institución o empresa redactó el examen, cómo se resguardó; por qué algunos perfiles que no tienen más méritos en la materia que coordinar la impresión de las boletas electorales obtuvieron puntajes muy por encima del promedio alcanzado por la mayoría de los sustentantes, muchos de ellos con trayectorias muy destacadas. No se conocen los argumentos de los integrantes del comité ni las motivaciones específicas que sustentan las decisiones que tomaron, menos aún en aspectos operativos de sus actividades, como sesionar por las noches para emitir resoluciones clave.
Es el signo de la casa: operar en la sombra para impulsar perfiles afines al régimen, que no tengan independencia ni autonomía frente al poder, como ocurre con algunas consejerías que ya están en la herradura de la democracia. Es lamentable, pero la autoridad electoral que les faltaba será colonizada, tampoco importa la experiencia y menos aún la imparcialidad; lo que debe garantizarse es lealtad al movimiento y defender los mandatos de la ‘4T’, no oponer resistencia ni buscar equilibrios, menos argumentos que incomoden o resulten contrarios a los designios del poder.
Las nuevas consejerías llegarán a sumarse a una maquinaria que avanza hacia un 2027 con elecciones complejas, en un entorno de precampañas adelantadas por todas las fuerzas políticas, replicando un modelo que tanto el INE como el tribunal formalizaron en 2024, bajo el argumento de que no se trata de actos anticipados si no de procesos partidarios internos que ya no serán inéditos, si no una línea de continuidad donde se viola la ley, las prohibiciones constitucionales y el principio de equidad que debiera regir las contiendas.
El INE, como institución clave del sistema electoral mexicano, como un patrimonio democrático de la ciudadanía mexicana, tiene sus días contados, frente al incesante embate del oficialismo que logrará el anhelado propósito de controlarlo, con voces reducidas a su mínima expresión que desde su Consejo General mantendrán posturas críticas que serán avasalladas por una mayoría orgánica que formalizará decisiones cuestionables e igual de graves como ocurrió con la sobrerrepresentación o la validez de las elecciones judiciales.