Profesor en UNAM y en UP. Especialista en temas electorales.

Nueva etapa en el INE

El INE, como una obra colectiva, como una institución clave del Estado mexicano, se consolidó y ha aprendido a sortear los embates del poder.

La designación de cuatro consejerías da inicio a una nueva etapa en la vida del Instituto Nacional Electoral, en pleno desarrollo de los procesos locales de Coahuila y Estado de México y que, sin plan B, deberá iniciar en septiembre los procesos electorales 2023-2024. La buena noticia es que el INE, a diferencia de la parálisis provocada por la 4T al INAI, no quedará incompleto, estará con las once personas que toman las decisiones más relevantes que impactan su estructura y el desarrollo de los procesos electorales.

El desenlace para la elección de la nueva consejera presidenta y de tres consejerías más deja varias reflexiones: Primera. La insaculación como método está prevista en la Constitución y, por lo tanto, no resta legitimidad a quienes fueron electos, que para llegar a la tómbola, avanzaron en etapas previas con méritos propios; pero la implementación del método también demuestra la incapacidad de la Cámara de Diputados para construir acuerdos con mayoría calificada, sobre todo, porque la fracción parlamentaria mayoritaria, sin voz propia, materializó la `respetuosa sugerencia´ del presidente para aplicar el sorteo, claro, siempre y cuando hubiera seguridad para el régimen en la integración de las quintetas.

Segunda. Si bien el procedimiento fue muy accidentado y excesivamente politizado, surgieron cuatro perfiles que corresponden a personas de amplia experiencia en la materia que, desde diversas trincheras, conocen al INE y la mecánica de los procesos electorales, que asumen los principios rectores de la función electoral y que saben que uno de sus principales retos consiste en demostrar en los hechos su profesionalismo e imparcialidad.

Tercera. La cuarta transformación pierde ganando. Si fuera cierto, como dicen, ganaron con dos personas que, por sus vínculos familiares y de amistad, parecieran cercanas al proyecto morenista, pero falta ver si en la realidad los capturan y refrendan semejante especulación. De las demás quintetas surgieron perfiles de probada imparcialidad, así que, ni por la vía del sorteo, los diputados de la mayoría lograron complacer a su jefe máximo.

Cuarta. El excesivo protagonismo del presidente lastimó tanto al INE, como al procedimiento de elección de las nuevas consejerías. Fueron múltiples voces de la 4T, las que anularon a sus principales cartas, al exhibirlas en el debate mediático, pretendiendo apoyarlas, como si por sus simples dichos, esas personas, que merecen respeto, se convirtieran en seres inmaculados políticamente y en las más idóneas para garantizar el éxito de su proyecto político.

Quinta. La gestión de las consejerías que hoy concluyen su encargo fue exitosa. El INE, como una obra colectiva, como una institución clave del Estado mexicano, se consolidó y ha aprendido a sortear los embates del poder. Las y los nuevos consejeros, junto a quienes están en funciones, tienen una oportunidad histórica de contribuir en la consolidación de nuestra democracia con elecciones impecables y resultados creíbles. Inicia una nueva etapa.

Sexta. En mi opinión, la gestión de Lorenzo Córdova, Adriana Favela, Ciro Murayama y José Roberto Ruiz, merecen el mayor reconocimiento, ahí están sus logros y resultados. Guadalupe Taddei Zavala, Rita Bell López Vences, Jorge Montaño Ventura y Arturo Castillo Loza, merecen un voto de confianza, sus trayectorias generan la expectativa de buen desempeño, con sus hechos deberán demostrarlo.

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