Profesor en UNAM y en UP. Especialista en temas electorales.

En defensa del INE

Vendrá el delicado trance del ajuste a las normas electorales y la oportunidad para mejorar lo que se deba y para defender lo que se ha ganado en materia democrática.

La comparecencia de Lorenzo Córdova ante la Cámara de Diputados debe leerse, más que como un alegato en favor del presupuesto, como una defensa del Instituto Nacional Electoral, del modelo nacional de elecciones, de los logros democráticos impulsados por las autoridades electorales y de la necesidad de consensuar cambios legislativos que incluyan los puntos de vista de todas las fuerzas políticas y consideren los diagnósticos técnicos y la información acumulada por los organismos que hacen las elecciones en nuestro país.

El viernes pasado, por más de seis horas, presenciamos un intercambio intenso de argumentos e insultos, entre los diversos grupos parlamentarios que convirtieron al INE en un rehén discursivo para defenderlo o para atacarlo. La historia reciente demuestra que esa institución es patrimonio de la democracia mexicana construida por vía de acuerdos de las fuerzas políticas en más de treinta años. Varios aspectos para destacar.

Primero. La reforma electoral es inminente. Con matices, pero es un acuerdo explícito entre los grupos parlamentarios. Los de oposición enfatizan aspectos del modelo que deben ajustarse y hasta plantean remozar al régimen político, mientras que Morena y sus aliados proponen cambios derivados de su profunda desconfianza a la autoridad y de una visión particular de lo que debe ser la autonomía del organismo y su desempeño.

Segundo. Hay desacuerdo generalizado por el ejercicio de la facultad reglamentaria del INE argumentando que se invade la esfera del Poder Legislativo. Pero no hubo autocríticas ni explicaciones de los legisladores respecto de los vacíos legales que han dejado desde hace varios años en materias clave y, también, sobre los criterios jurisdiccionales que obligan al INE a emitir lineamientos ante la ausencia de leyes específicas.

Tercero. Hay planteamientos coincidentes sobre los costos excesivos de las elecciones y de la política. Morena y algunos de sus aliados fueron lapidarios endosándolos exclusivamente al INE, como si la construcción de los candados surgidos de la desconfianza y los montos inamovibles del financiamiento partidario no fueran parte central del problema.

Cuarto. La puesta en escena de la comparecencia exhibió nula educación y cero civilidad de algunos legisladores, cuya principal aportación consistió en insultar y descalificar por sistema al consejero presidente, en presumir ridículos nahuales, en amenazar casi con la extinción al INE, en pretender exhibir a algunos de sus integrantes o en sentirse ofendidos porque se les ‘tocó' lastimando su ‘pureza’. Simple espectáculo político.

Quinto. Nadie defiende a los Oples, lamento decirlo así, los asumen como piezas accesorias en el tablero, se critica la falta de atingencia del INE para designar a sus integrantes, pero en el fondo los partidos añoran regresarles atribuciones y volver a capturarlos desde los congresos locales.

Sexto. Los agravios que el INE generó en el grupo mayoritario por aplicar la ley en los casos de Michoacán y Guerrero fueron el centro de los ataques de varios legisladores morenistas. Vaya manera de perder una oportunidad de centrarse en la revisión de los gastos electorales y de evidenciar la falta de preparación de algunos oradores.

Al final, la comparecencia fue exitosa para el consejero presidente y para el INE, que sigue siendo la institución pública más prestigiada pese a las descalificaciones y los ataques que ha recibido en los últimos años. Vendrá el delicado trance del ajuste a las normas electorales y la oportunidad para mejorar lo que se deba y para defender lo que se ha ganado en materia democrática.

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