Tal vez no exista un problema económico más trascendente para México que entender por qué su economía ha tenido un desempeño de largo plazo muy inferior al de muchos otros países.
Con base en datos del Banco Mundial, durante 1990-2024 el crecimiento medio anual del PIB real por habitante de México fue de aproximadamente 1.1 por ciento, lo que equivalió a menos de un tercio del promedio registrado por las economías emergentes y en desarrollo, y a solo dos tercios del alcanzado por las economías avanzadas.
El bajo dinamismo relativo de la economía mexicana resulta problemático no solo porque ha restringido las posibilidades de elevar el bienestar de la población, un efecto por sí mismo deplorable, sino también porque evidencia que el país ha dejado pasar oportunidades de desarrollo que muchas economías, incluso maduras, sí han sabido aprovechar.
Múltiples estudios han documentado empíricamente que el principal determinante del decepcionante crecimiento de largo plazo del PIB per cápita de México ha sido el estancamiento de la productividad total de los factores (PTF).
La PTF refleja el grado de eficiencia con que una economía utiliza sus insumos, principalmente trabajo y capital, para producir bienes y servicios. En otras palabras, la PTF es mayor cuanto más producción puede obtenerse con una misma cantidad de insumos.
La evidencia internacional ha mostrado que la PTF constituye la principal fuente de mejoras sostenidas en el nivel de vida. Su importancia radica en que las economías no pueden crecer indefinidamente a tasas elevadas únicamente mediante el aumento de los insumos productivos, ya que estos enfrentan rendimientos decrecientes con el paso del tiempo.
A diferencia de los insumos de la producción, que, salvo ajustes por calidad, pueden medirse directamente, la PTF es una variable no observable. Por lo general, su medición se obtiene de forma indirecta, una vez estimada la contribución de los insumos a la producción.
Así, la PTF se calcula como un “residuo” no explicado por los insumos productivos. En 1957, el economista Robert Solow fue el primero en descubrir la importancia de este residuo para el crecimiento económico de largo plazo de Estados Unidos, al que describió como “el resumen de nuestra ignorancia”.
Los economistas han asociado el aumento de la PTF con los avances tecnológicos y la innovación que elevan la eficiencia de los procesos productivos. La importancia de estos factores para el desarrollo económico puede ilustrarse comparando la evolución de México con la de Corea del Sur (Corea).
Durante el período de referencia, el crecimiento promedio anual del PIB per cápita de Corea fue superior en 2.7 puntos porcentuales al de México. Con información del Penn World Table, puede estimarse que aproximadamente dos terceras partes de esa diferencia obedecen a la PTF y solo una tercera parte a la inversión.
Una manifestación del elevado dinamismo de la PTF en Corea se observa en la extensa lista de marcas globales del país y en la alta participación de las exportaciones de productos de alto valor agregado con tecnología y diseños propios. Ello contrasta con la situación de México, donde las escasas empresas con presencia global distan mucho de ser líderes tecnológicos y la mayor parte de las exportaciones proviene del ensamblaje de productos diseñados en otras naciones.
Con mucho, la principal fuente de la diferencia en el dinamismo de la PTF reside en los esfuerzos de creación y difusión del conocimiento, reflejados en indicadores como el gasto en investigación y desarrollo como proporción del PIB, el número de investigadores por habitante, las publicaciones científicas por habitante, las solicitudes de patentes por habitante, la inversión en tecnologías de la información y la comunicación como proporción del PIB y la colaboración entre universidades e industria, entre otros. Durante muchos años, los indicadores de Corea se han mantenido muy por encima de los de México.
Finalmente, la elevada creación y difusión del conocimiento en Corea parece tener sus raíces en instituciones sólidas, como el respeto al Estado de derecho y al cumplimiento de los contratos, una burocracia fuerte y meritocrática, y un sistema educativo orientado a las ciencias de mayor contenido científico y tecnológico. A ello se suman políticas gubernamentales eficaces, como el apoyo a la investigación y el desarrollo y el respaldo a las empresas condicionado a su desempeño exportador.
El decepcionante crecimiento económico de largo plazo de México no es un misterio ni una fatalidad. Es la consecuencia directa de décadas de estancamiento de la productividad, provocado por instituciones débiles y políticas gubernamentales equivocadas que han relegado el conocimiento, el principal motor del desarrollo económico.