Razones y Proporciones

La extraña lógica del Banxico

Lejos de conducir a una pausa cautelosa ante los riesgos, la Junta de Gobierno incluso apuntó a un posible recorte adicional en el futuro.

La semana pasada, la Junta de Gobierno (JG) del Banco de México (Banxico) decidió, por mayoría, recortar el objetivo de la tasa de interés de referencia en veinticinco puntos base, para ubicarlo en 6.75 por ciento. La continuación del ciclo de relajamiento monetario parece haber respondido a una lógica extraña. En particular, el comunicado de prensa del Banxico abundó en factores adversos que, en principio, apuntarían en la dirección opuesta.

En primer lugar, entre la primera quincena de enero y la primera quincena de marzo, la inflación anual aumentó de 3.8 a 4.6 por ciento, mientras que la inflación subyacente se mantuvo en 4.5 por ciento. Estos datos no deben tomarse a la ligera, ya que, desde junio de 2020, la inflación se ha situado por encima del objetivo, con un promedio de 5.3 por ciento. Al coincidir esta media con la de la inflación subyacente, se confirma que la inflación no ha sido producto principalmente de fluctuaciones transitorias, sino de factores persistentes.

En segundo lugar, las expectativas de inflación para el cierre de 2026 se incrementaron. Estas revisiones no son triviales, pues se refieren a las expectativas del año en curso, fundamentales para las decisiones operativas de las empresas. La mediana de dichas expectativas, según la encuesta de especialistas recabada por el Banco de México, ha mostrado una tendencia al alza desde septiembre de 2025 y, en febrero de 2026, se ubicó en 4.0 por ciento.

En tercer lugar, el Banxico elevó sus pronósticos promedio de inflación para los primeros tres trimestres de 2026, manteniendo el del cuarto trimestre en 3.5 por ciento. La creciente discrepancia entre las expectativas de los analistas y las proyecciones del banco central confirma, una vez más, la falta de credibilidad en la fecha de convergencia al objetivo, que, aunque actualmente se estima para el segundo trimestre de 2027, podría posponerse nuevamente.

Finalmente, el balance de riesgos respecto a las proyecciones oficiales de inflación continuó sesgado al alza y, además, se deterioró, al omitirse la aclaración del comunicado anterior de que dicho balance era “más equilibrado”. Como era de esperarse, la lista de riesgos al alza enumerados por el Banxico está encabezada por los conflictos geopolíticos.

Las consideraciones anteriores configuran un entorno desfavorable para el control de la inflación. No obstante, parecen haber sido irrelevantes, ya que, lejos de conducir a una pausa cautelosa ante los riesgos, la JG incluso apuntó a un posible recorte adicional en el futuro.

En una entrevista, la gobernadora del Banxico no mostró mayor preocupación ni por el nivel ni por los riesgos de la inflación, al señalar que el aumento registrado en la primera quincena de marzo obedeció a la volatilidad en los precios de frutas y verduras, lo cual sería transitorio, y que los ajustes en los pronósticos del banco central fueron marginales.

La dificultad para conciliar lógicamente el diagnóstico del comunicado de prensa con la decisión de marzo podría deberse, quizá, al supuesto de que el Banxico conduce la política monetaria en función de su objetivo prioritario de “procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional”. Sin embargo, este supuesto podría debilitarse si el banco central persigue simultáneamente otros fines, incluso de mayor prelación, aunque de manera implícita.

Dada la parquedad de la comunicación institucional del Banxico, la decisión aparentemente sorpresiva de marzo ha provocado una intensa ola de reacciones que, en términos generales, se han agrupado en dos tendencias dominantes.

La corriente de opinión más vociferante y, quizá mayoritaria, ha consistido en críticas severas a la decisión de la JG, calificándola de “ridícula” e “irresponsable”, y considerándola evidencia de la erosión de la credibilidad y de la autonomía del Banxico. La reprobación del banco central ha alcanzado una magnitud sin precedentes.

La corriente opuesta ha reunido a comentaristas que no solo han justificado la decisión del Banxico, sino que también han intentado desacreditar a sus críticos. Estos defensores han recurrido a argumentos de relajamiento esgrimidos por algunos miembros de la JG en el pasado, incluyendo las dificultades “estructurales” para llevar la inflación al objetivo. La descalificación de los críticos se ha centrado en su presunta falta de comprensión de los aspectos más sofisticados de la política monetaria.

El Banco de México no tiene por qué depender de defensores externos para explicar su política monetaria. Además, en lugar de desestimar las críticas y permitir el deterioro de su reputación, debería contrarrestarlas mediante una comunicación eficaz que confirme con claridad, y no con frases huecas o fórmulas repetitivas, la congruencia de sus acciones con su mandato fundamental.

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