La informalidad representa una fracción importante de la actividad económica de México. Según el INEGI, en enero de 2026 la informalidad laboral, consistente en trabajadores sin acceso a la seguridad social ni a las prestaciones laborales legales, ascendió a 54.9% de la población ocupada. Además, en 2024 la economía informal, que comprende el sector informal, definido como las empresas que operan fuera del marco legal y fiscal, así como otras modalidades como el empleo informal en empresas formales y el servicio doméstico remunerado, representó 25.4% del PIB.
Dado que gran parte de la economía informal está compuesta por micronegocios y autoempleo, cuya reducida escala suele asociarse con baja productividad, algunos analistas han concluido que la informalidad es la causa del estancamiento productivo del país.
Este señalamiento parece confundir niveles con tasas de crecimiento de la productividad. El problema de México no es principalmente estático, sino dinámico. Según el INEGI, entre 1991 y 2024 la Productividad Total de los Factores (PTF), que mide la eficiencia con la que se utilizan los factores productivos para generar bienes y servicios, registró una variación promedio anual de -0.51%.
El prolongado estancamiento de la PTF explica por qué el crecimiento económico del país ha sido tan limitado pese a los aumentos en inversión y empleo. Su origen no puede radicar en el nivel de la informalidad, condición que, a su vez, requiere explicación, sino en las políticas públicas que han inhibido la innovación y el cambio tecnológico, motores esenciales de la PTF.
Además, en un plano estático, la baja productividad no es privativa de los negocios informales, pues muchas empresas formales también son altamente improductivas. Más importante aún, ninguna correlación constituye prueba de causalidad. La coincidencia entre informalidad y baja productividad no demuestra que la primera haya causado la segunda.
En el intento por probar que la informalidad ha causado la improductividad en México, sus proponentes han invocado condiciones que no son exclusivas de la informalidad; por ejemplo, que esta dificulta el acceso al crédito para la inversión y a nuevas tecnologías necesarias para ampliar la eficiencia. No obstante, un sólido Estado de derecho, más que el simple registro formal de las empresas haría plenamente viable su financiamiento.
Ahora bien, ¿cuáles son las causas de la informalidad? Como en todo fenómeno económico, una pista fundamental consiste en identificar los incentivos que llevan a las personas a comportarse de una manera y no de otra. Una fuente central de dichos incentivos se encuentra en el marco institucional y regulatorio del país.
Entre otros elementos, este marco incluye requisitos como las cuotas a los institutos de seguridad social, las obligaciones fiscales, la legislación laboral y los trámites municipales y estatales. Así, la informalidad surge como respuesta al elevado costo de estos requerimientos y a la percepción de que los beneficios de la formalidad, así como la probabilidad de sanción por incumplimiento, son bajos.
La preferencia por la informalidad aumenta a medida que las empresas son menos rentables debido a su baja eficiencia. Las regulaciones gravosas expulsan de la formalidad a las empresas menos productivas. Esta asociación contribuye a explicar la correlación entre bajo nivel de productividad e informalidad.
La interpretación de esa correlación como si fuera causalidad ha llevado a los gobiernos de México a combatir la informalidad como si fuera el mal de origen. La futilidad de estos esfuerzos se ha manifestado en que medidas coercitivas de formalización, como la reforma a la subcontratación de 2021 y la formalización de las personas trabajadoras de plataformas digitales en 2025, no solo no han alterado significativamente la tasa de informalidad laboral, sino que su efecto sobre el nivel y el dinamismo de la productividad nacional ha sido nulo o negativo.
Cuantas más cargas laborales existan, menor será la productividad de la fuerza laboral. De ahí que, para impulsar la productividad, el gobierno debería comenzar por reducir los requisitos regulatorios para que las empresas operen formalmente. El crecimiento extraordinariamente elevado del salario mínimo durante varios años y la iniciativa para reducir obligatoriamente la semana laboral avanzan en sentido contrario.
El verdadero problema de México no es su informalidad, sino su prolongado estancamiento productivo. Las políticas públicas deberían concentrarse en crear un entorno propicio para elevar tanto el nivel como el crecimiento sostenido de la productividad. Cuando esto se logre, la informalidad, síntoma y no causa del rezago, disminuirá de manera natural.