Razones y Proporciones

El arte del Banxico de decir poco

A quince años de que el Banco de México comenzara a publicar las minutas de política monetaria, es indispensable que los miembros de la Junta de Gobierno asuman plenamente su responsabilidad deliberativa.

Las minutas de las reuniones de política monetaria del Banco de México (Banxico) exhiben tres características que limitan el supuesto objetivo de revelar al público las razones que motivan a la Junta de Gobierno (JG) a tomar sus decisiones. En lo que sigue, ilustraré estas peculiaridades con la minuta de la reunión del 5 de febrero de 2026.

En primer lugar, como en otras sesiones, los miembros de la JG dedicaron la mayor parte del tiempo a describir una extensa gama de estadísticas, externas y nacionales, que, al ser públicas, resultan ampliamente conocidas. Por desgracia, la conexión de esa retahíla de datos con la decisión monetaria, si es que la hubo, no fue clara.

Así, como de costumbre, la JG disertó sobre la economía mundial, y un miembro abundó en detalles al identificar “un descenso en los precios de los lácteos, la carne y aceites vegetales, que compensaron (SIC) los aumentos en los precios de los cereales y el azúcar”.

Igualmente, respecto a México, algunos participantes argumentaron que las actividades terciarias “continúan mostrando un comportamiento heterogéneo entre sus subsectores”. No es posible saber si estas y otras descripciones tuvieron algo que ver con la decisión de política monetaria o si solo sirvieron como intercambio de pronunciamientos.

En segundo lugar, la minuta está llena de perogrulladas y lugares comunes. Según los diccionarios, una perogrullada consiste en una afirmación verdadera, pero obvia, cuya enunciación no aporta información nueva porque expresa algo evidente por sí mismo, mientras que un lugar común es una expresión o idea muy repetida, usada de forma convencional, que ha perdido fuerza o precisión por su uso excesivo. Huelga decir que algunas expresiones pueden caer en ambas clasificaciones.

A manera de ilustración de estas obviedades, en la reunión de la JG de febrero pasado un miembro señaló que “tanto en economías avanzadas como emergentes, la inflación anual mostró un comportamiento diferenciado”, y la JG advirtió que “la materialización de la trayectoria de inflación que ahora se está proyectando enfrenta riesgos”.

Al referirse a eventos que difícilmente podrían ocurrir de forma distinta, estas observaciones resultan vacías. No es que el recurso a perogrulladas sea ajeno a los bancos centrales. Lo que hace peculiar el caso del Banxico es su abultada utilización y su inutilidad, al no contribuir a entender las condiciones que llevaron a la JG a la pausa monetaria de esa reunión.

De forma semejante, entre los muchos lugares comunes, un miembro “apuntó que el ritmo y alcance de los ajustes dependerá del panorama inflacionario y de la evolución del balance de riesgos”, y la JG señaló que “tomará en cuenta los efectos de todos los determinantes de la inflación”.

Además de ser extraordinariamente repetitivos, estos y otros lugares comunes no especifican los elementos sobre la evolución y perspectiva inflacionaria, ni el balance de riesgos que en el futuro podrían inclinar la balanza hacia una decisión monetaria en lugar de otra. La ambigüedad y la sonoridad de estas fórmulas han permitido al Banxico no comprometerse con ninguno de sus dichos. Por el contrario, las minutas se han reducido a ser un medio para imaginar quién dijo qué y para pronosticar cuántos miembros podrían votar en un sentido u otro, en vez de servir para entender las razones de las decisiones monetarias.

En tercer lugar, quizá lo que más distingue a las minutas actuales de las publicadas bajo liderazgos anteriores es que no revelan un debate entre los miembros de la JG. Normalmente, las juntas de gobierno de los bancos centrales funcionan mediante deliberaciones activas, en las que cada integrante presenta sus argumentos y réplicas con el propósito de analizar y responder a las posturas de otros y llegar a acuerdos colectivos.

La minuta de febrero no dio cuenta de discusión alguna porque no existió debate. Bajo la gubernatura actual, las reuniones de la JG son virtuales y no presenciales, y las minutas se limitan a yuxtaponer las opiniones de sus miembros. Al no haber confrontación real, ni poder saberse cómo un argumento influyó o modificó otro, se incrementa la dificultad para comprender las razones de fondo de las decisiones. Obviamente, esta limitación tampoco se supera con la publicación, con un desfase de tres años, de la “versión estenográfica” de las reuniones de política monetaria.

A quince años de que el Banco de México comenzara a publicar las minutas de política monetaria, es indispensable que los miembros de la Junta de Gobierno asuman plenamente su responsabilidad deliberativa: que sostengan debates reales, rigurosos y técnicamente fundamentados, y que expongan con claridad lógica, sin irrelevancias ni eslóganes, las razones sustantivas que respaldan sus decisiones.

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