De finales de 2024 al 10 de febrero de 2026, el tipo de cambio del dólar en términos de pesos bajó de 20.79 a 17.23. La caída acumulada de más de 17 por ciento del valor del dólar en términos de pesos implicó una correspondiente apreciación de casi 21 por ciento del peso frente al dólar.
Para cualquier par de monedas, el tipo de cambio es el precio relativo de una en términos de la otra, por lo que necesariamente la depreciación de una implica la apreciación de la otra. Esta elemental aritmética viene al caso porque, en ocasiones, se celebra el reciente bajo nivel del tipo de cambio del dólar en términos de pesos (TDC) como un fenómeno excepcional y distintivo de México.
El TDC reciente no es históricamente excepcional. Por ejemplo, de mayo de 2023 a mayo de 2024, este indicador promedió 17.19, con un mínimo diario de 16.34. Tampoco su apreciación resulta inusual. A manera de ilustración, la apreciación anual del peso frente al dólar a mediados de julio de 2023 alcanzó casi 25 por ciento.
Más aún, durante el régimen de libre flotación iniciado a finales de 1994, el peso ha perdido 80 por ciento de su valor en términos de dólares, por lo que su nivel actual difícilmente merece el apelativo de “súper peso”.
Tampoco la reciente apreciación del peso ha sido distintiva. Desde principios de 2025, la canasta de seis monedas de economías avanzadas incluidas en el índice DXY se ha apreciado más de 13 por ciento respecto al dólar estadounidense. De igual forma, la canasta de 25 monedas de economías emergentes que integran el Índice de Divisas de Mercados Emergentes MSCI se ha apreciado más de 8 por ciento frente al dólar. Aunque en menor magnitud que el peso, ambas canastas monetarias se han fortalecido significativamente frente al dólar.
No obstante, que la apreciación del peso haya superado la de estas canastas no significa que esta moneda haya sido la más fortalecida del mundo. Por ejemplo, el rublo ruso, el florín húngaro y la corona sueca se han apreciado frente al dólar más que el peso mexicano.
La apreciación de un gran número de monedas frente al dólar sugiere que, lejos de constituir un fenómeno distintivo, el fortalecimiento reciente del peso ha reflejado, en gran medida, un debilitamiento generalizado del dólar.
Surgen así dos preguntas, cuya respuesta sólo puede ser provisional y está condicionada a una comprobación estricta. La primera es qué factores podrían estar explicando la debilidad del dólar.
Este fenómeno podría deberse, en parte, a las expectativas de los mercados y los analistas sobre recortes adicionales en la tasa de fondos federales por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) en 2025 y 2026, ante previsiones de debilitamiento económico y moderación de la inflación. Ello contrasta con la postura de otros bancos centrales, como el Banco Central Europeo, que podría haber concluido su ciclo de recortes, y el Banco de Japón, que contempla incrementos.
Más importante, probablemente, ha sido el mayor riesgo percibido de mantener activos en dólares, ante la adversidad e inestabilidad de las medidas económicas de la administración estadounidense en materia de comercio e inmigración, así como las tensiones geopolíticas que esta ha provocado. Tales factores han reducido el atractivo de los activos en dólares frente a alternativas denominadas en otras monedas.
La segunda pregunta es por qué, aunque no ha sido la moneda más fortalecida, el peso ha figurado entre las más apreciadas frente al dólar. Esta evolución podría deberse a que, pese a que el Banco de México ha recortado su tasa de referencia más que el Fed, el diferencial de tasas a lo largo de la curva de rendimientos respecto a Estados Unidos sigue siendo atractivo. Por ello, las operaciones de carry trade han continuado, consistentes en fondearse en una moneda con tasa de interés baja para invertir en pesos y pactar posteriormente el regreso a la moneda original.
Además, el peso es la tercera moneda de economía emergente más negociada internacionalmente, puede intercambiarse 24 horas al día y cuenta con elevada liquidez. A diferencia de otras monedas, como el real brasileño, el peso es físicamente entregable en contratos de derivados. Asimismo, existe la percepción de que México se encuentra en una posición relativamente privilegiada frente a las políticas comerciales de Estados Unidos. Estos factores podrían estar contribuyendo a explicar la confianza en el peso por parte de los participantes en los mercados cambiarios.
En lugar de celebrar equivocadamente la apreciación del peso, fenómeno mayormente ajeno al desempeño económico del país, el gobierno mexicano debería enfocarse en mejorar el ambiente de negocios para impulsar, de manera sostenida, la expansión de la economía.