Durante las cinco décadas y media transcurridas desde el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente Richard Nixon anunció la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro, el precio internacional de este metal, medido en dólares, ha mostrado dos características principales.
En primer lugar, su cotización ha seguido una tendencia de largo plazo al alza, aunque discontinua. Desde el cierre de la “ventanilla del oro” del Tesoro de Estados Unidos (EE. UU.) hasta el 27 de enero de 2026, el precio del oro se multiplicó por un factor de 145.4, al pasar de 35 a 5,090 dólares por onza. Además, los periodos de aumentos significativos han sido seguidos por otros de corrección, generalmente de menor severidad.
Las épocas de auge más claramente identificables han sido cuatro, con duraciones que oscilan entre dos y cuatro años. Se observaron incrementos abruptos del precio en 1971-1973, 1978-1980, 2007-2011 y a partir de 2022. Aunque fue porcentualmente el menor, durante 2007-2011 la cotización del oro se más que duplicó. El incremento porcentual actual se mantiene por debajo del primero y del segundo, en ese orden.
El oro se utiliza como depósito de valor, instrumento de cobertura y medio de diversificación en las carteras. En la joyería, además, posee un valor simbólico, similar al de piezas de arte y objetos coleccionables. Asimismo, cuando se destina a aplicaciones industriales, el oro presenta un valor intrínseco. Tal vez la diferencia más notable frente a otros activos, como las acciones, los bonos y los bienes raíces, es que el oro no genera flujos de efectivo.
El oro es un activo altamente negociable. Su oferta crece lentamente, es relativamente inelástica al precio y tiene un carácter acumulativo. De hecho, casi todo el oro extraído hasta hoy sigue existiendo. La fuente primaria de la oferta es la producción minera y los acervos sobre el suelo, mientras que la secundaria proviene del reciclaje.
Con mucho, el principal motor de los movimientos en el precio del oro han sido las variaciones en su demanda mundial. Los periodos de apogeo han reflejado aumentos en el apetito por este metal y, a la inversa, los descensos han acompañado una menor demanda.
La demanda de oro para joyería, que constituye su principal uso, ha aumentado gradualmente, mientras que el menor uso industrial se ha mantenido relativamente estable.
En contraste, la demanda por parte de inversionistas privados e instituciones ha sido la principal fuente de volatilidad del precio. Este componente tiende a responder con rapidez a las condiciones económicas, por ejemplo, aumentando ante expectativas de mayor inflación, una aversión al riesgo más elevada y crisis financieras. Así, los dos auges de la década de 1970 coincidieron con brotes inflacionarios en EE. UU., mientras que los dos del presente siglo concurrieron con la Gran Recesión y con la inflación posterior al Covid-19.
Finalmente, en conjunto, los bancos centrales pasaron de ser vendedores netos de oro desde la década de 1980 a compradores netos a partir de 2010 y, en particular, desde 2022. Al parecer, han venido adquiriendo oro como medio de aseguramiento frente a factores como la ralentización de la globalización, la guerra comercial entre EE. UU. y China, y las tensiones geopolíticas. Desde mediados de 2025, por primera vez en casi 30 años, las reservas totales de oro de los bancos centrales superaron sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense, las cuales han disminuido durante los últimos cinco años.
No todos los bancos centrales se han comportado de la misma manera. Mientras que los de Asia poseen la mayor parte de los bonos del Tesoro de EE. UU. y, al mismo tiempo, han incrementado sus tenencias de oro, los de Europa priorizan este metal en sus carteras de reservas, y los de Latinoamérica mantienen posiciones relativamente menores en oro.
Evidentemente, es imposible saber si el auge actual continuará y, de ser así, cuál será su magnitud y su duración. Aunque la extensión de los ciclos anteriores no necesariamente marca un límite, es bien sabido que los auges de los activos terminan, eventualmente, en caídas.
En todo caso, el apogeo actual del oro parece apuntar a condiciones desfavorables en la economía mundial. Corresponde a los gobiernos de las grandes potencias dialogar para resolver las tensiones internacionales y retomar posturas de política económica saludables. Sin duda, un pilar fundamental de la estabilización seguirá siendo el ejercicio de la independencia de los bancos centrales y el cumplimiento de sus objetivos de estabilidad de precios.