Profesor investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana

La solidaridad… una nueva base para replantear el desarrollo y la seguridad humana

Cuando estalló la pandemia de COVID-19, el mundo había alcanzado unos niveles sin precedentes de desarrollo humano, de acuerdo con un informe especial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

El martes pasado se dio a conocer un informe especial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) denominado “Las nuevas amenazas para la seguridad humana en el Antropoceno exigen una mayor solidaridad”. Este estudio parte de algunos hallazgos evidenciados a partir de los resultados arrojados por el Índice de Desarrollo Humano (IDH) durante los últimos años.

Cabe recordar que el IDH es un indicador creado desde los años noventa por el PNUD, que tiene por objeto medir el nivel de desarrollo de cada país atendiendo a diversas variables como la esperanza de vida, la educación o el ingreso per cápita, en otras palabras, busca medir progreso de los países considerando el nivel de bienestar de su población. En nuestro país esta medición se realiza desde el año 2002.

De acuerdo con el análisis de los resultados arrojados por dicho indicador, cuando estalló la pandemia de COVID-19, el mundo había alcanzado unos niveles sin precedentes de desarrollo humano, en promedio, la población disfrutaba de mayor salud, riqueza y calidad y esperanza de vida que nunca, sin embargo, simultáneamente comenzaba a tomar forma una sensación de inseguridad, incluso calcula que seis de cada siete personas en todo el mundo ya se sentían inseguras durante los años previos a la pandemia.

El panorama con posterioridad a la pandemia no mejoró, tomando en consideración que ha provocado la muerte de 5,735,179 personas en todo el mundo, según la OMS, ha perturbado la economía mundial, ha interrumpido los sueños educativos de más de 1.600 millones de educandos de más de 190 países que no pudieron asistir a la escuela y 24 millones de niños y jóvenes corren el riesgo de abandonar la escuela según la UNESCO, aunado al retraso en la administración de vacunas y tratamientos médicos, entre otros aspectos que han trastocado vidas y medios de subsistencia, trajo como consecuencia el sostenimiento de esta percepción de inseguridad y, naturalmente, una disminución importante en los niveles de desarrollo, al grado de que se calcula una pérdida de cinco años de progreso a nivel global.

La preocupación del PNUD es clara frente a los efectos generados por la pandemia, sin embargo, destaca el hecho de que esta percepción de inseguridad generalizada se haya generado previamente a dicho fenómeno, incluso teniendo los más altos niveles de desarrollo humano alcanzados hasta ese momento, lo que ha generado que esta agencia se pregunte ¿cómo se explica la sorprendente bifurcación entre las mejoras logradas en el bienestar y el deterioro de la percepción de seguridad?

Dicho de otra manera, ¿por qué se ha generado una desconexión entre el desarrollo humano y la seguridad humana?, es decir, entre el proceso de ampliación de opciones y capacidades de las personas mediante la mejora de la esperanza de vida, la salud, la educación y el acceso a los recursos necesarios para un nivel de vida digno con el derecho de las personas a vivir en libertad y con dignidad, libres de la pobreza y la desesperación y a disponer de iguales oportunidades para disfrutar de todos sus derechos y a desarrollar plenamente su potencial humano.

El estudio encuentra cuatro amenazas como problema de trasfondo a esta percepción de inseguridad generalizada, que han sido tratadas en forma independiente a nivel internacional y en los gobiernos nacionales, como lo son los desafíos que presenta la tecnología digital, derivado de su rápido ritmo de expansión, que puede agudizar las desigualdades o la ciberdelincuencia. El incremento y diversificación de conflictos violentos y desplazamientos forzosos. Las desigualdades sociales y el incremento de la inseguridad alimentaria, así como los efectos del cambio climático y, finalmente, los desafíos cambiantes a los que se enfrentan los sistemas de atención de la salud y la falta de una atención universal de las poblaciones en este rubro.

Sin embargo, señala este estudio que todos estos riesgos no se han considerado de manera integral, es decir, dentro del contexto de este período que algunos científicos han designado como Antropoceno, concepto con el que se ha querido asociar a esta época geológica actual, en la que destaca el impacto significativo a nivel global que las actividades humanas han tenido sobre los ecosistemas terrestres.

Frente a esta nueva generación de amenazas interconectadas, la agencia internacional propone ampliar el concepto de seguridad humana, para integrar un componente fundamental, el de la solidaridad, de forma que las instituciones y las políticas consideren sistemáticamente la interdependencia entre todas las personas y entre estas y el planeta.

Estas ideas coinciden con lo que en 1987 proponía el Papa Juan Pablo II en el marco de las XX Jornada Mundial de la Paz, realizada bajo la tópica de “Desarrollo y Solidaridad. Dos claves para la Paz”, destacando que “la solidaridad social, de palabra y de hecho, proclama que todos somos una sola cosa, que debemos reconocernos como tales y que esto es un elemento esencial para el bien común de los individuos y de las naciones”.

En ese mismo mensaje el entonces Santo Padre propuso con total confianza que “podemos y debemos trabajar juntos para hacer progresar el bien común. Pero tenemos que hacer aún más. Necesitamos adoptar una actitud de fondo de cara a la humanidad y con respecto a los lazos que nos conectan con cada persona y con cada grupo en el mundo. De esta manera podremos comenzar a ver cómo el compromiso de solidaridad con toda la familia humana es una clave para la paz. Los proyectos que potencian el bien de la humanidad o la buena voluntad entre los pueblos constituyen un paso adelante en la puesta en práctica de dicha solidaridad. Los lazos de simpatía y de caridad que nos impulsan a ayudar a cuantos sufren nos llevan, por un camino diverso, a lo anterior. Pero el urgente desafío que se nos presenta lo constituye la necesidad de adoptar una actitud de solidaridad social con toda la familia humana y con tal actitud enfrentarnos a todas las situaciones sociales y políticas”.

En verdad espero que la seguridad humana, que ha sido concebida como una institución que reorienta la atención de los Estados y de la comunidad internacional hacia la supervivencia, los medios de subsistencia y la dignidad de las personas como la base para alcanzar la paz, el desarrollo y el progreso humano, se integre y se impregne de la solidaridad, no solamente conceptualmente, y genere en los países y en nuestras sociedades un verdadero sentido de familia humana, con la capacidad de desarrollarse de manera integral y sin temores e inseguridades, solamente imagina.

Juan Otero Varela

Dr. Juan Manuel Otero Varela

Profesor investigador y director académico del programa de Maestría en Derecho Administrativo en el Posgrado de la Facultad de Derecho de la UP; miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I; y miembro del Foro Iberoamericano de Derecho Administrativo.

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