La campaña de vacunación del sector educativo en México nos deja lecciones y reflexiones que no podemos soslayar, una implementación de primer nivel para una política pública que aún está por mostrar si fue o no acertada.
Justo en las puertas de acceso al Pepsi Center me recibe una de las muchas personas con chaleco caqui y me pregunta - ¿va a la vacuna? - asiento con la cabeza mientras le muestro mi hoja de cita y me indica que pase. Volteo al interior de esa inmensa nave y observo con asombro el entramado de chalecos, batas y uniformes médicos y militares que caminan diligentemente de un lado para otro, moviendo y organizando las filas de aquellos que hemos sido convocados para vacunarse.
Con motivo del plan nacional de vacunación al sector educativo se vacunó a un total de 2 millones 564 mil 406 trabajadores de la educación, de los cuales concurrimos 267 mil 700 personas que laboramos en algún centro educativo de la Ciudad de México, que fuimos inoculados del 18 al 22 de mayo en un total de ocho centros distribuidos por toda la ciudad: Instituto Nacional de Medicina Genómica (Tlalpan); ITAM (Magdalena Contreras); Escuela Primaria Benito Juárez, Roma Sur (Cuauhtémoc); Biblioteca Vasconcelos (Cuauhtémoc); Centro Cultural Jaime Torres Bodet (GAM); Centro de Estudios Navales en Ciencias de la Salud (Coyoacán); UH Militar El Vergel (Iztapalapa) y el Pepsi Center (Benito Juárez).
No han pasado cinco minutos desde mi acceso y ya revisaron mis datos y me conducen hasta tomar asiento junto a una mesa en la que se observan los contenedores con las dosis de la vacuna. Un joven se dirige a un servidor y a mis compañeros de fila indicando el nombre de la vacuna: “CanSino”, su origen: “chino”, número de dosis: “única”. En México existen actualmente cinco tipos de vacuna disponibles: Pfizer y BioNTech, Oxford-AstraZeneca, Sputnik V, Sinovac y CanSino, todas requieren dos aplicaciones por persona, con excepción de la aplicada al sector educativo.
Una doctora me informa de contraindicaciones y posibles efectos secundarios, me encomiendo a Dios y pienso por un segundo en todos aquellos que ya no están, por ellos también elevo una oración. Según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), han fallecido 3 millones 492 mil 673 personas en todo el mundo, de ese universo 222 mil 232 lo han hecho en México, una verdadera tragedia. Un piquetito me saca de mis reflexiones, llego al área de observación y entre preguntas de monitoreo, folletos para una sana alimentación y métodos de control natal se pasa el tiempo, finalmente me encuentro afuera después de 40 minutos.
El último corte de la Secretaría de Salud señala que en México se han aplicado 26 millones 478 mil 866 dosis contra el Covid-19. En total, 18 millones 170 mil 321 personas han recibido la vacuna, de las cuales 65% ya cuentan con esquema completo y 35 por ciento con medio esquema de protección. Este número representa apenas un 20 por ciento de la población mayor de dieciocho años.
El programa de vacunación del Gobierno de la CDMX es muestra de que se pueden hacer bien las cosas, con servidores públicos profesionales y eficientes, que hacen su labor con esmero, de manera honesta, sencilla y con vocación de servicio, para todos ellos mi gratitud.
También me hace preguntarme ¿por qué no fue así desde el principio? ¿qué le pasó al Gobierno Federal?, según el Índice de Desempeño COVID, elaborado por el Lowy Institute de Sidney, uno de los países que peor han gestionado la pandemia es México, que ocupa el penúltimo lugar de una lista de cien países. Las imágenes del Ejecutivo desestimando la situación, invitando a la población a salir, a no utilizar cubrebocas, su incapacidad y reticencia para vacunar al personal médico, en fin, no quiero abundar, solamente quiero recordarles que el juicio de la historia no espera.
El Banco Mundial ha pronosticado que el Covid-19 llevará a la pobreza extrema a un total de 150 millones de personas en todo el mundo para fines del 2021, mientras que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ya había advertido desde el año pasado que México sería de los países de la región que sufriría un incremento de personas en estado de pobreza, sumando 8 millones 890 mil personas nada más para el 2020, lo que equivalía pasar del 41.9 al 48.9 por ciento del total su población en ese estado.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) la medida de reabrir las escuelas en medio de la pandemia implica una decisión ética para México, entre el seguro aumento de contagios por la enfermedad y las afectaciones a los sectores más vulnerables de la población, ello sin soslayar que América Latina se encuentra en un período de estancamiento en niveles altos de contagio, esto quiere decir que, a pesar de que persiste un nivel alto de contagios, existen muchas personas y lugares que ya no se siguen las medidas de salud pública que se sabe que son efectivas contra el Covid-19.
Hace unos días, la CEPAL destacó que sin salud no habrá recuperación, es decir, sin tener controlada la crisis sanitaria, no va a existir una recuperación económica sostenible para América Latina, pero este mismo diagnóstico aplica perfectamente en lo particular para México.
Sin duda, un panorama y una disyuntiva compleja, para poder reabrir las escuelas es necesario cumplir con las medidas instauradas por la SEP, como la protección personal, higiene, distanciamiento social y el uso de cubrebocas, entre otros muchos aspectos, pero además, debemos ser conscientes de la corresponsabilidad que debe haber entre el gobierno, la ciudadanía, los medios de comunicación y el sector productivo, entre otros actores sociales, de otro modo, existe la posibilidad de un paulatino relajamiento de estas medidas durante su instrumentación, con sus respectivas consecuencias. Cuidémonos, no bajemos la guardia, de eso depende nuestra economía, nuestra salud y nuestra vida, así como la de nuestros seres queridos.
