Nadie sabe de qué tamaño es el sector de crédito privado que está bajo estrés. Hay estimaciones de 1.5 billones (trillion en inglés). Hay estimaciones de más del doble de esa cifra. Eso quiere decir que el tamaño de los activos estresados es, números gruesos, entre una y dos veces el PIB de México, que equivale, también con plumón grueso, a una veinteava parte de la economía de los Estados Unidos.
¿Qué es el crédito privado? Son préstamos realizados por empresas que no son bancos, a negocios de tamaño mediano que por su talla y su sector, son más riesgosos que lo que puede absorber el sector bancario tradicional después de las regulaciones prudenciales de la crisis de 2008-9. De hecho, probablemente los mismos banqueros que hacían este tipo de operaciones desde instituciones bancarias reguladas, brincaron a este sector prestamista no bancario después de la crisis, de acuerdo con un reporte de The Economist (Inside Economics, 31 de marzo). Son inversiones que no son tan líquidas. Recientemente, un fondo llamado ODBC2 de una empresa llamada Blue Owl (300 mil millones de USD en activos bajo administración) tuvo un episodio de desconfianza entre sus inversionistas, quienes demandaban que se liquidara su inversión y les devolvieran el capital. La regla de dedo común de la industria, es devolver a los inversionistas el 5 por ciento de la inversión como máximo cada trimestre. Pero, Blue Owl en este fondo en particular, dijo “no más redenciones de capital”. Decidieron cerrar ODBC2 y otros fondos, liquidar los activos e ir pagando a los inversionistas, pero este evento fue el detonador de dudas en la industria de créditos privados, donde el público inversionista comenzó a hacerse preguntas delicadas sobre la calidad de los activos, y si es necesario valuar nuevamente sus inversiones a través de este tipo de vehículos.
Algunos de estos préstamos están en la panza de aseguradores y fondos de pensiones, quienes se concentran en el largo plazo y no tienen necesidades inmediatas de liquidez. Sin embargo, en la medida en que el público inversionista minorista tiene dudas sobre la calidad de los activos, es muy probable que los inversionistas institucionales se contagien del pánico, toda vez que es inviable ignorar el ruido de la estampida de retail investors buscando la puerta de salida.
El reporte de Inside Economics es un video blog periódico que está haciendo The Economist para suscriptores, a través de la app de la casa editorial británica, patrocinado por Anthropic, la empresa que ha generado controversia recientemente por rehusarse a permitirle al Pentágono del Departamento de Guerra estadounidense usar sus tecnologías de inteligencia artificial, o IA, para tomar decisiones bélicas no supervisadas. Este es un dato interesante porque buena parte de los activos estresados de crédito privado (entre una cuarta y una tercera parte, de acuerdo a Inside Economics) corresponde a empresas de software. Las dudas de los inversionistas están surgiendo dado que Claude y ChatGPT, dos populares inteligencias artificiales de Anthropic y OpenAI, respectivamente, pueden escribir programas de software a la velocidad del rayo, y es posible que las empresas de software a la antigüita que originalmente levantaron el capital ya no sean relevantes para la industria tecnológica ante la disrupción de la IA.
¿Habrá Afores mexicanas expuestas a estas reconsideraciones sobre el crédito privado? Es posible que haya riesgos, pero también es importante recordar que las Afores pueden invertir solamente el 20 por ciento de la cartera en activos extranjeros, y hay un límite de 5 por ciento para un solo emisor internacional. Bajo esta perspectiva, los criterios prudenciales de la Consar han limitado el impacto que puede tener esa modalidad de inversión.
Dicho lo anterior, es importante generar nuevas mediciones de riesgo para estas industrias crediticias que surgen “en las sombras”, cuando, como después del 2008-9, la regulación financiera cree que puede evitar ciertas prácticas crediticias completamente. Dado que el mercado de bonos, o los metales preciosos, ya no son un paraíso libre de riesgo para inversionistas, y cada vez más hay inversiones de todo tipo en acciones empresariales, el mercado necesita mejores mediciones del riesgo del mercado accionario y de activos de deuda como este crédito privado, que poca gente tenía en el radar.
Las consecuencias para la economía global de esta crisis son difíciles de pronosticar todavía. Estaremos pendientes.