Costo de oportunidad

Se acabó la guachafita

Seguramente Edmundo González, María Corina Machado, y muchos venezolanos de bien, cuando supieron de la operación de sustracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores de Caracas, dijeron “se acabó la guachafita”.

“Guachafita” es un término venezolano y colombiano que en una acepción quiere decir “jolgorio o fiesta”, pero también significa situación anárquica, falta de seriedad, de orden o de eficiencia. Seguramente Edmundo González, María Corina Machado, y muchos venezolanos de bien, cuando supieron de la operación de sustracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores de Caracas, dijeron “se acabó la guachafita”.

Después Donald Trump dice que va a gobernar Venezuela, a través de Delcy Rodríguez supervisada por Marco Rubio, quien seguramente no se va a mudar a Caracas, ahora que ya es presidenciable.

Me resulta difícil de entender por qué el hombre naranja optó por solamente arrestar al narcodictador Maduro y no reestablecer el orden constitucional venezolano. Probablemente, porque piensa que necesita a la gente que maneja el gobierno hoy, que son los militares venezolanos, para que el país no caiga en la peor de las anarquías.

Hay un símil en la Alemania nazi. Patton era un convencido de que la desnazificación alemana iba a crear más problemas de los que resolvería, dado que los funcionarios de gobierno, las burocracias, son fundamentales para preservar un mínimo orden. Eso sí, el “orden” en Venezuela es una cosa relativa. El Rheinische Post alemán dijo, este 4 de enero, que “es posible que la tierra (venezolana) se hunda en el caos”. Ya estaban en el caos.

Las cifras económicas son dolorosísimas. En 25 años los chavistas redujeron el tamaño de la economía a menos de la mitad, y sumieron al 90 por ciento de la población en la pobreza. Hace 40 años, mis parientes colombianos y yo nos preguntábamos por qué los venezolanos progresaban y Colombia no. Uno se asomaba a la frontera en el Llano, en el Orinoco, en Cúcuta, y del lado venezolano se veían instituciones. Una bandera limpia, un soldado con un uniforme presentable, correctamente apertrechado. Hoy pareciera que estamos hablando de dos países distintos.

¿El problema son los militares? Lo dudo. Estados Unidos es un país militarista, y a pesar del gran poder que tiene el lobby verde olivo en la política estadounidense, no son un Estado fallido, aunque los “lib-dems” americanos quieran creerlo. ¿Será entonces la cultura? No lo creo. A los colombianos, dominicanos, brasileños y mexicanos nos gusta la “guachafita”, en su acepción de pachanga, tanto como a los venezolanos, y no tenemos países tan disfuncionales.

El problema es económico: Venezuela es un país dependiente de un negocio de rentas (el petróleo), con una predilección por el socialismo. El socialismo no funciona, señoras y señores. La utopía comunista de Carlos Marx no existe. Es inalcanzable, y la trayectoria de transición que nos planteó el barbón, la dictadura del proletariado, genera una nueva casta de déspotas no ilustrados, como Chávez, como Maduro. Nótese que Carlitos Marx dijo “la dictadura” del proletariado; nunca dijo “una democracia” del proletariado, ni “un liderazgo tutelado” por el proletariado.

El socialismo a la soviética, a la cubana, a la norcoreana, pretende construir colectividad destruyendo al individuo. Si el colectivo es la suma de sus partes, suprimir al individuo resulta en una absoluta nada; en la suma de cero más cero más cero.

El caso chino puede parecer distinto, y es el único que logró algo, probablemente porque tuvo una etapa capitalista de libertad individual, misma que se está perdiendo ahora mismo, y que no recuperarán. Las sociedades libres son las que más han avanzado en la historia de la humanidad, porque la gente esclavizada carece de agencia para moldear su futuro. Saben que otros tomarán las decisiones por ellos.

Estados Unidos está pactando con el diablo, al dejar a los chavistas en el poder. Queda el consuelo de que cualquier autócrata en el mundo, sabe que mañana pueden ir por él o ella. Debe haber tiranos de todos los géneros, tamaños y colores preocupados por su futuro. Claro, el derecho entre gobiernos se vulneró, pero la libertad individual avanzó. Ya solamente por eso, Trump y Rubio se merecen un reconocimiento. Ahora deberían reconsiderar el retorno a la normalidad democrática de Venezuela.

Si se imaginan que van a sacar petróleo, o algo de ese país en los próximos meses y años, están locos. Será necesaria una fuerza de ocupación yanqui para que los inversionistas se atrevan a acercarse a mil kilómetros de allá. Ojalá alguien lo convenza de que lo importante es la democracia y erradicar el modelo post-soviético de la región. El petróleo qué.

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