Volar, como pasajero, es muy seguro. Es más seguro que viajar en coche, o en tren, aunque sea lento y maya. Por mucho.
Pero la aviación, como industria, es una trampa para financieros. Es facilísimo perder dinero en ese negocio. Por eso, no es raro que los gobiernos se metan en el negocio, con el fin de tener una aerolínea que conecte a sus países con otros, y que cargue la bandera nacional.
De acuerdo a un análisis de Statista, firmado por Katharina Buchholz, del año pasado, las aerolíneas nuevas, como la nueva Mexicana manejada por las Fuerzas Armadas en México, son una rareza. Sin embargo, existen aerolíneas que son propiedad del gobierno en todas partes del mundo, al menos unas 100. La aerolínea de bajos precios – no así de bajo costo – es un mito genial inventado por los gobiernos, tratando de intervenir en ese mundo raro y complicado de los precios de los boletos aéreos.
Claro, si te pasa como a Jorge de León, youtuber y homónimo de mi compadre El Oso, quien fue el único pasajero en abordar un avión de la nueva Mexicana en Ciudad Victoria, con rumbo al AIFA en días recientes, pagaste por tu boleto unos pocos miles de pesos, pero a la aerolínea le costaste cientos de miles. Prever la demanda, lidiar con sindicatos, tráfico aéreo, limitaciones de infraestructura, y otras complicaciones, son lo que hace que el negocio de las aerolíneas sea un ‘big no no’ para los profesores de Harvard Business, según me platican mis amigos que estudiaron allá.
Por ello, un socio como Delta para Aeroméxico es un lujo, que permite tener códigos compartidos y administrar el riesgo del pasajero solitario con una infraestructura más grande, con una operación global, y pudiendo administrar la caída del tráfico de pasajeros con algo de carga aérea. Estas tres cosas son lo que se llevó El Pifas, o el viento de cola, o la fregada, con la cancelación del NAICM, la construcción del AIFA y la separación de los vuelos de carga y de pasajeros en dos aeropuertos diferentes. El hecho que Aeroméxico pusiera a disposición de Delta 14 slots en el Aeropuerto Benito Juárez le valió a la alianza Delta-Aeroméxico inmunidad de las leyes antimonopolio de los Estados Unidos. Dado que AICM está saturado, y nuestra aviación es un soberano desmadre, el Departamento de Transporte de los Estados Unidos está preguntando al público interesado “por qué tendría que mantener la inmunidad antimonopolio de la alianza” si no hay slots ni aeropuertos ni nada.
Las autoridades estadounidenses tienen toda la razón en este tema, que debería poner a pensar al sector privado mexicano. El sector privado optó, en 2018, por callar en el tema de la cancelación del NAICM. Nuestro presidente (también mío, aunque no me guste) canceló para hacer valer su autoridad. No detonó ningún caso judicial para castigar la supuesta corrupción en el tema, pero sí la cantó. A los ciudadanos de a pie, de ruedas y de pocas alas como un servidor, solamente nos queda imaginarnos que sus opositores políticos habían hecho negocios con los terrenos circundantes al NAICM, mismos que les reportarían ganancias fantásticas una vez que ese aeropuerto estuviera en operación.
El sector privado calló, como los mariachis de la canción de José Alfredo. Con mi mano sin fuerza, alcé mi teclado, y escribí algo, pero ya era tarde: ya era 2019 y el NAICM no iba a ser, con sus más de 90 posiciones y su cercanía a la Ciudad de México.
Aeroméxico se salvó de una quiebra inminente en Estados Unidos en el año 2022, en donde acudieron a la protección de las cortes para reestructurar sus operaciones bajo el llamado ‘Procedimiento de Capítulo 11′, mismo que concluyó en diciembre de ese año. Pero ahora, perder la sociedad con Delta puede resultarle desastroso.
Como mexicano entusiasta de la empresa privada me preocupa enormemente que la operación aérea esté en manos de militares y no de empresarios. Los soldados, siempre quieren detenerlo todo. Esa es su lógica: vean los alrededores de la Sedena en CDMX. Hay topes, plumas, soldados, policías militares. Lo que quieren es pararte. Los empresarios, por otra parte, normalmente quieren vender más, y desarrollar la aviación es una gran manera de desarrollar al país.
A México le urgen empresarios con espina dorsal, que quieran seguir siendo empresarios, políticos que no puedan ser empresarios, y soldados que tengan terminantemente prohibido ser empresarios. Ojalá esa lógica regrese después del test de inteligencia que el INE nos va a aplicar el 2 de junio. Por todos los cielos.