Esta es la segunda entrega de su columnista alrededor del tema de Acapulco. Ayer comenté en la red social X con Isaac Katz y Abraham Vela, ambos mis maestros, sobre los costos de la reconstrucción. El número anunciado por el gobierno (61 mil millones de pesos) para enfrentar la emergencia en una primera etapa es insuficiente. Las exenciones fiscales no son útiles en una tragedia de esta naturaleza: si el ingreso de la ciudad se vuelve cero (o casi cero), entonces la recaudación en impuestos sobre la renta será cero, y la exención también será cero.
Cito a Alexis Milo y Valeria Moy: “Prioridad que no está en el Presupuesto no es prioridad”. Creo que eso está claro. La administración tiene que legislar una adenda y corrección al Presupuesto existente, para reconstruir Acapulco. Pero, antes de hacer eso, hay que repensar Acapulco. Ver qué se necesita y cuánto cuesta.
Mi colega Alexis Milo escribió al respecto, en el portal Arena Pública. Como otros economistas, Alexis ubica una pérdida en flujo, y una pérdida en el acervo de capital existente. La pérdida en flujo puede ser cercana al 0.9 por ciento del PIB nacional, durante uno o dos años.
La pérdida en acervos puede ser más alta. La danza de las cifras: el portal financiero Bloomberg ubica el costo de reconstrucción en 15 mil millones de dólares. Coparmex, tomando como base una cifra de 200 mil millones de pesos, dijo que necesitamos entre 3 y 5 veces esa cantidad. “La realidad es que no sabemos”, dice Alexis Milo.
Mi estimación, que puede ser muy elevada, es que se necesitan alrededor de 1.8 billones de pesos para Acapulco, repartidos en cinco años. Ahí, debe haber inversiones privadas y públicas. Las inversiones públicas, cercanas a la cuarta parte, por el peso del sector público en la economía. Suponiendo esto, al gobierno le tocan 450 mil millones de pesos, en los próximos cinco años. Los 61 mil millones que le están poniendo ahorita a duras penas alcanzarán para atender la crisis humanitaria y social que se viene en la ciudad.
Los presupuestos de egresos federales de los próximos cinco años tendrán que asignar en promedio 90 mil millones de pesos a Acapulco, en programas de gasto diseñados para que haya tres pesos de inversión privada por cada peso público.
¿Por qué tanto? Bueno. Reconstruir Nueva Orleans tomó 100 mil millones de dólares, y cinco años. Sin considerar los efectos de la inflación de 18 años, 1.8 billones de pesos ahí anda, en el orden de magnitud. La cifra de Bloomberg de 15 mil millones de dólares es muy pequeña. Suponiendo que el sector residencial requiere al menos 25 mil dólares por unidad para intervenir 250 mil viviendas, eso son 6 mil 250 miles de millones de dólares. Y falta el sector hotelero y las infraestructuras.
Otra respuesta al “por qué tanto”: Acapulco producía unos 200 mil millones de pesos de PIB anual. A un rendimiento medianito del capital del 10 por ciento, eso implica que el acervo valía 2 billones. No podemos hacernos ilusiones de que con una limosna presupuestal, vamos a reconstruir una ciudad que tomó más de un siglo hacer.
Acapulco necesita mucho más que reconstruir el sector residencial. Mucha infraestructura es de mediados del siglo pasado. Tendríamos que revisar que los cimientos no estén afectados por los vientos que, según meteorólogos de la UNAM, iban más rápido que 300 kilómetros por hora.
Hay que repensar la infraestructura natural, algo que se hizo en Nueva Orleans después de Katrina. Hay que invertir en la selva y en diques y barreras naturales alrededor de la bahía, para que tenga mejores oportunidades de resistir huracanes. Invertir en un Acapulco más compacto, más caminable, mejor iluminado y vigilado, y más sustentable. Ya no invertir en segundos pisos; playas públicas con marinas y andadores accesibles a toda la gente.
Hay que repensar al gobierno de Guerrero ante esta circunstancia y a la Federación. Necesitamos un Fonden a prueba de corrupción, donde los recursos se inviertan en seguros catastróficos; de manera que sea el capital de la industria del seguro y reaseguro internacional el que respalde el crecimiento del litoral. También, necesitamos diversificar las economías de turismo de sol y playa. Un Acapulco más seguro e incluyente, con calidad de vida, que no sea una trampa de turistas, será más atractivo para inversiones fuera del turismo. También, correr a la clase política guerrerense e invitar a gente decente y menos expoliadora, pero con respaldo federal. El cacique local es lo que hay, porque es el único que puede lidiar con los criminales. Él y los criminales se tienen que ir.
Para esto, el gobierno tiene que tomar el liderazgo. Las inversiones 3 a 1 no ocurrirán a menos que el gobierno se haga presente. Hágalo su prioridad, presidente.