Bajo el artículo IV del Fondo Monetario Internacional, el organismo tiene discusiones bilaterales con los países miembros una vez al año. Un equipo del FMI conversa con la autoridad financiera del gobierno sobre las perspectivas económicas y las políticas económicas.
El pasado 3 de octubre, el FMI liberó su informe sobre la misión en México con base en el Artículo IV del organismo. El informe es duro, aunque optimista. Aquí algunos detalles:
- El informe empieza con las noticias buenas. Cito: “La economía está a la mitad de una expansión amplia, con un crecimiento esperado para el 2023 del 3.2 por ciento, con indicadores robustos en consumo e inversión. Ello ha llevado a tasas de desempleo mínimas, y máximos en las tasas de utilización de la capacidad instalada en manufactura. Las autoridades han mantenido la deuda pública en línea. La política monetaria está correctamente enfocada en bajar la inflación”.
Después de los cebollazos, los jitomatazos: El segundo párrafo advierte que la economía se va a desacelerar en 2024 a 2.1 por ciento de crecimiento. Los riesgos en el camino que el informe advierte son una mayor aversión al riesgo global (un éxodo de capitales hacia el mundo desarrollado), tasas globales altas, o demoras de proyectos claves de infraestructura mexicanos que no se traduzcan en crecimiento económico rápido. En este punto, los economistas del FMI fueron muy diplomáticos: francamente no creo que las grandes obras de infraestructura de la administración 2018-24, la Refinería Olmeca y el Tren Maya, sirvan para el crecimiento nacional.
Los economistas del Fondo, en el tercer punto del informe, se ponen más punketos: México necesita reformas para mantener una trayectoria de crecimiento inclusivo y sustentable en un entorno global complejo. Dice el FMI: para aprovechar el nearshoring, México debe hacer cambios estructurales pendientes y que mantenga políticas macroeconómicas prudentes. Mencionan cinco puntos que resumen lo que falta: mayor inversión pública y de mayor calidad; mejor gobernanza; aumentar el acceso a fuentes domésticas de financiamiento; aumentar la participación laboral de las mujeres; fuentes limpias de energía.
Luego el FMI regresa al halago. La política fiscal, aunque expansiva, tiene un déficit esperado en 2023 del 3.9 por ciento del PIB, un incremento del 0.5 por ciento en el balance estructural primario. Aquí el Fondo dice que la deuda pública declinará hasta 52.7 por ciento del PIB para el final de 2023 y se proyecta que es sostenible, y que a mediano plazo tiene viabilidad.
Aquí, su economista-columnista empieza a preocuparse. Siempre mi discusión con hacendarios, exhacendarios y banqueros multilaterales es sobre las pensiones. México sigue las convenciones de la ONU, donde no se considera en la deuda pública los adeudos de pensiones. Esto quita transparencia a las cuentas públicas, porque ni modo que el Estado no se haga cargo del ingreso de los adultos mayores. A pesar de los esfuerzos por componer nuestras broncas pensionarias, esa bomba de tiempo ya explotó y va a dar lata en la próxima década. El FMI no menciona las pensiones.
El FMI también dice que la trayectoria fiscal para 2024 es indebidamente procíclica. Este eufemismo dice: si la economía está creciendo, el Estado debe replegarse en el gasto, y viceversa. Un déficit proyectado para 2024 del 5.4 por ciento del PIB “estimulará la demanda en un momento en que la economía opera por encima de su potencial, y la inflación no está todavía en el objetivo. Esto traerá un cociente de deuda sobre PIB alto y una inflación que no se desacelerará. Una proyección de gasto más apretada estaría más en línea con la política de Banxico para bajar la tasa de inflación”.
También dice el FMI que la próxima administración necesita una reforma fiscal, que le consiga 2 y medio puntos adicionales de recaudación no petrolera. Sugieren eliminar la tasa cero de IVA -como si no tuviéramos ya IEPS- ampliación de la base del impuesto sobre la renta, y aumentar el predial.
No debemos enojarnos con el FMI, la cocina de los pobres en momentos de crisis, por hablar cada año con nuestro gobierno. Tendríamos que enojarnos con el lenguaje diplomático de estos informes. La perspectiva no es buena, pero no la pintan tan mal. Eso sí, ojalá Banxico en tiempos de la 4T fuera al menos así de sincero y asertivo; pero aun así, el FMI se queda corto.