Costo de oportunidad

Bienestar y comercio

Una mejor medición del bienestar de los países podría ser el incremento de las relaciones comerciales con el mundo; tanto en importaciones como en exportaciones.

En memoria de Fernando Ruiz Huarte, QEPD.

Varios líderes globales piensan que el PIB ya no es una medición adecuada para el bienestar de los países. Entre ellos mi presidente Andrés Manuel López Obrador (sí, mi presidente, y suyo también, persona mexicana que me favorece con su lectura; aunque no hayamos votado por él, la investidura la tiene).

Una mejor medición del bienestar de los países podría ser el incremento de las relaciones comerciales con el mundo; tanto en importaciones como en exportaciones. Muchas veces pensamos que solamente hay que exportar, porque así se generan recursos para el país. No es correcto. La exportación beneficia a los productores; la importación favorece a los consumidores. Las exportaciones apuntalan el PIB, esa medición hoy vilipendiada del ingreso nacional. Las importaciones apuntalan al PIB, abaratando costos de los productores, y también le permiten a los consumidores estirar mejor su ingreso, a través de precios más bajos.

El comercio, además, hace que la economía se especialice en aquellos bienes y servicios que puede producir competitivamente. Entonces el comercio apuntala el crecimiento en el largo plazo.

Los detractores del libre comercio (dentro de los cuales también se encuentra mi presidente, a pesar de que ha sido astuto en esconder este rasgo de su personalidad), piensan que los países tienen que producir todo lo que consumen. Eso es poco menos que imposible, y si se logra, es absolutamente indeseable.

México históricamente ha protegido, por ejemplo, a la industria textil. Esa es una protección casi completa de una cadena intensiva en capital, que va desde los petroquímicos hasta las fibras, pasando por los pigmentos, diseños, modas y todo lo que involucra esa cadena. ¿Por qué nos comió el mandado Asia en ese negocio? Por una razón muy simple: los productores asiáticos de ropa tienen más variedad de insumos textiles para su actividad. Más colores, texturas, pesos, presentaciones, los hacen altamente competitivos.

La producción de ropa, no de tela, fue una industria que dio muchos empleos a México desde la posguerra y hasta los 90, cuando China entró a la economía global. Desde ese momento, ya no somos competitivos como confeccionistas, excepto en algunos rubros de alta especialidad, como los trajes de caballero, donde la variedad de textiles sintéticos no importa tanto, y sí importa la pericia para ensamblar prendas que tienen cientos de operaciones en su construcción.

Argentina tiene un mayor ingreso per cápita que México. Con datos de 2020, los australes están arriba de 9 mil dólares de ingreso bruto, y nosotros en alrededor de 8 mil 500. Aún así, a los mexicanos nos alcanza mejor el ingreso, y podemos tener niveles de bienestar mayores, porque tenemos acceso a una plétora de mercancías a los mejores precios posibles. Eso es producto de la apertura comercial de la economía mexicana.

Eventualmente, no solamente será importante la libre movilidad de mercancías. También la libre movilidad de las personas y los capitales son determinantes de las posibilidades futuras de crecimiento de las regiones y los países. Estados Unidos es abierto al comercio, en la mayoría de las industrias, pero es muy cerrado a la migración. En consecuencia, su mercado laboral sufre por ello. El México de Andrés Manuel López Obrador es cerrado a la competencia e inversión en sectores como energía. En consecuencia, nuestras perspectivas de largo plazo como centro productor de mercancías y servicios está en riesgo.

Alianza del Pacífico es una iniciativa de cuatro gobiernos (Chile, Colombia, México y Perú) que el sector privado mexicano ha apoyado con entusiasmo. Este apoyo ha ocurrido desde el COMCE, con el liderazgo de Valentín Díez Morodo, y con el trabajo arduo de empresarios respetados como Sergio Contreras, y de profesionales como el recientemente fallecido José Fernando Ruiz Huarte, un amigo muy querido, negociador comercial privado, hombre de cámaras y persona de bien.

Alianza del Pacífico es el verdadero sueño bolivariano; una región con libre flujo de personas, mercancías, bienes y servicios. Bolívar imaginaba una Hispanoamérica unida; no una región socialista. Esa unión ocurre a través del comercio. Ojalá nuestros populistas, socialistas y autoritarios del S. XXI entiendan que la libertad para comerciar es tan importante como la democracia y las libertades personales.

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