La información que los mexicanos hemos recibido sobre el sector agua y saneamiento durante generaciones está mal. Hoy, leyendo los titulares de El Financiero en Internet, decía: “¿Viene corte de agua? El Cutzamala en su peor nivel en 25 años; ciérrale a la llave”.
Cerrarle a la llave no contribuirá a mejorar el desempeño del sector. De hecho, estas advertencias llegan tarde; cuando le abres a la llave y no sale nada.
Estoy dando clase con otros profesores en el Tec de Monterrey, en una concentración que ocurre simultáneamente en tres campus, sobre ciencias de la complejidad, ciencia de datos y el bien común. Los jóvenes colegas a quienes guiamos más de 10 profesores tienen que producir un diagnóstico de un problema público con datos del INEGI, y proponer políticas para su solución.
Un grupo de mis alumnos eligió el tema del agua en la Ciudad de México. Su lógica, impecable: ¿Cómo es posible que la CDMX se inunde periódicamente, al grado que el agua sale de las coladeras y es difícil o imposible transitar por calles y avenidas, pero que también nos hace falta agua potable? Mis alumnos, inteligentemente, piensan que deberíamos tener mejores esquemas de captación pluvial en la Ciudad.
Esta idea no es nueva. Un día le escuché a Luis de la Calle que en México los techos son planos porque se usaban para almacenar agua de lluvia. Eso explicaría (también) los muros anchos y fuertes de los edificios prehispánicos y coloniales. También, es cierto que cuando hacemos otras infraestructuras, como puentes elevados, segundos pisos y calles, no pensamos en las implicaciones de separar el agua semilimpia que nos entrega la atmósfera de aguas grises y negras.
Opciones tecnológicas, como la captación pluvial, hay miles. Lo que no hay son incentivos económicos para instrumentarlas. ¿Por qué un agricultor mexicano pondría riego por goteo si el agua es gratis? ¿Por qué deberíamos capturar agua pluvial si lo que pagamos por el servicio es ridículo? En el edificio que habito en CDMX, el desarrollador nos hizo la jugada de dejarnos un uso de suelo comercial para fines del agua, y pagamos algo así como 4 mil pesos anuales en ocho departamentos. Si esto cambiara a un uso de suelo residencial, pagaríamos 50 pesos al bimestre por depa. ¿Por qué los mexicanos estamos dispuestos a pagar cuentas de celular de 800 pesos mensuales, pero no queremos pagar por el agua?
Ciertamente, los jóvenes (incluyendo a mis alumnos) reciben de los medios todo tipo de información. Algunos de ellos piensan que las empresas que necesitan agua, como las cerveceras, no deberían existir. Otros ven las ideas de locos neoliberales como uno de sus profesores como disparates.
¿Cuáles son estas ideas? En México tenemos una confusión brutal respecto a qué es el agua, y quién es su dueño. El agua no solamente sale de pozos profundos, y no desaparece mágicamente una vez que está sucia. Los países donde el agua se maneja bien, cobran a quien reduce el recurso e incentivan a quien lo aumenta. Cobran lo que se debe por las descargas industriales y residenciales, y tienen tarifas que representan el costo de oportunidad de llevar el recurso limpio a todos los ciudadanos y empresas.
El agua es, porque es de la Nación. Pero, el transporte y el tratamiento del agua ciertamente no lo son. Mientras no entendamos esto, tendremos serios problemas en nuestra relación con el agua y los procesos biológicos y económicos que ella sostiene.
El agua sucia es la que debemos entubar. El agua limpia no, de manera que los cuerpos de agua, como ríos y lagos, se alimenten del agua de lluvia. En los cuerpos de agua limpia, no debemos permitir descargas. Es importante separar las redes de aguas grises, negras y agua limpia. Los lodos deben tratarse, no enjuagarse con el agua limpia. Eso requiere inversiones, que con las tarifas actuales, decididas por la demagogia de los congresos locales, jamás se harán.
Hice esta cuenta con mis alumnos. Una familia de cuatro, que quiera cumplir con el requerimiento de salud de ingerir dos litros de agua diarios, gastará alrededor de 35 mil pesos anuales si quiere cubrir esa demanda con agua embotellada de a litro de la que compra en la tienda. Pueden beber agua de pipa, o de la llave, pero tendrá que hervirla, y el costo energético será aún mayor.
Seguro sí podemos pagar más por el servicio de limpieza y transporte del agua. El agua no se va a acabar; pero sí nadaremos en lodos intratables, y tendremos mucho desierto, a menos que hagamos algo para aprovecharla mejor. Para eso, se necesita dinero; por eso hay que pagarla, a precios reales, que reflejen las dificultades para manejarla.