Un aniversario más
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Un aniversario más

20/11/2018
Actualización 20/11/2018 - 10:42

Hoy se celebra el 108 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Aunque en los últimos años este recuerdo se había ido borrando, e incluso se convirtió en el Buen Fin, creo que pronto recuperará el brillo de sus mejores días. Es una de las tres transformaciones previas a la actual, según el nuevo canon seudohistórico.

No tengo duda de que lo que hoy ocurre tiene gran parecido con dos eventos previos: Independencia y Revolución. No le veo ningún punto de contacto con la Reforma. Finalmente, la maldición secular parece haber regresado, no exactamente en el año 10, pero ya sabemos que en realidad nunca fue exacta la fecha.

En 1808, las tropas de Napoleón atravesaban España, rumbo a Portugal, según los acuerdos a los que había llegado el emperador francés con el rey de España. En realidad, Napoleón pensaba ocupar España, y el 2 de mayo de ese año tomaron Madrid. El 5 de mayo, Carlos IV y Fernando VII abdicaron a favor de José Bonaparte, hermano de Napoleón. Cuando las noticias llegaron a América, empezó el proceso que todos llamamos Independencia, pero que es más bien el derrumbe del imperio. Algunas naciones lograron separarse casi de inmediato de España; otros, tardamos más. Especialmente los viejos virreinatos, México y Perú. La Independencia de México se declara el 27 de septiembre de 1821, después de la construcción de una gran coalición de los poderes de facto alrededor de Agustín de Iturbide, y de una confusión del virrey O’Donojú.

Aunque siempre será mejor gobernarnos a nosotros mismos, lo que ocurrió con la Independencia fue una severa caída tanto en el nivel de vida como la convivencia, que duró prácticamente medio siglo. En los primeros años del siglo XIX, el ingreso promedio en México era de poco más de 900 dólares (PPP 2011, datos de Maddison, 2018), que significaban casi la mitad del ingreso promedio en Estados Unidos. Para 1860, el ingreso por persona en México había caído en 25 por ciento, y era ya sólo una quinta parte del estadounidense. Además, perdimos la mitad del territorio, como usted sabe.

El triunfo de los liberales, entonces, es el primer Estado en México, propiamente hablando, que se extiende desde que Juárez toma el poder (para no soltarlo nunca) hasta que Díaz lo abandona, a los 80 años de edad. El evento que celebramos hoy, el llamado a la Revolución, respondía al envejecimiento del presidente, quien finalmente entendió, renunció y dejó el país el 31 de mayo de 1911. Lo que siguió fue una guerra civil en varias etapas, que prácticamente dura hasta mediados de los años treinta: 25 años en los que el ingreso por persona prácticamente no crece, además de la pérdida de tal vez un millón de personas, debido a los enfrentamientos, las enfermedades y el hambre.

Se construyó un cuento alrededor de la Revolución, que diera legitimidad a los vencedores y ayudara a entender por qué habíamos tirado 25 años a la basura. Porque si bien la Independencia en sí misma tiene valor, no ocurre lo mismo con las guerras civiles del siglo XX.

Los dos eventos mencionados detuvieron procesos de modernización en México que, como todos esos procesos, eran profundamente disruptivos. La población era susceptible al llamado de líderes irresponsables que ofrecían regresar al pasado y terminar con las transformaciones. El éxito de esos líderes no sólo se mide en los 50 y 25 años de estancamiento, sino en la perpetuación de estructuras mentales propias de la premodernidad: masas dependientes de caudillos, incapacidad de asumir la propia responsabilidad, ausencia de leyes.

Vamos por la tercera.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.