Fuera de la Caja

La brecha

En su primer año de gobierno, López Obrador cumplió su amenaza de frenar al norte del país, pero lo hizo derrumbando al sur, comenta Macario Schettino.

Publicó ayer INEGI el PIB por entidad federativa para el 2019. Una visión local nos puede ayudar a entender mejor lo que ocurre en México, para no descansar demasiado en los promedios, que pueden ser muy engañosos.

Como usted sabe, esta columna ha propuesto pensar en el paralelo 20 como la gran frontera interna del país, la marca entre el norte y el sur. Si no quiere utilizar esa referencia, sino las fronteras estatales, la parte del sur es lo que en primaria llamábamos "Mesoamérica". Ubico en esa región a Campeche, Colima, Chiapas, CDMX, Guerrero, Hidalgo, México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz. Catorce entidades, casi la mitad. En el norte está el resto.

La información que publica INEGI del PIB estatal es una serie de 1980 a 2019, que nos permite ver la diferencia en ritmo que han tenido en todo este período. Divido los casi 40 años en cuatro períodos: de 1980 a 1993, que es lo anterior al NAFTA; de entonces a 2001, cuando China ingresó a la OMC y nos complicó la vida; luego hasta 2009, la Gran Recesión; y de entonces al 2018. El dato de 2019 lo pongo aparte.

En todos los períodos, el norte crece más que el sur, pero además la brecha se va ampliando, aunque desde la Gran Recesión no lo parezca tanto. De 1980 a 1993, el norte creció 2.4%, frente a 2.1% del sur, una diferencia de 13% en el ritmo. En el siguiente período, 1993-2001, el norte creció 3.7% frente 2.6% del sur, una brecha de 40%. De 2001 a 2009, con el golpe de China, todos crecimos menos: el norte 1.8% y el sur 1%, la diferencia es de 82%. Los siguientes diez años, hasta 2018, el norte creció 3.8% frente a 2.4% del sur, una brecha de 57%, que es menor a la del período previo, pero es muy considerable.

Esta diferencia en crecimiento, que tiene mucho que ver con la orientación que México decidió en 1986, hacia el resto del mundo, no es porque el sur no crezca, sino porque el norte lo hace a un mayor ritmo. Antes de 1986, con una economía cerrada, concentrada en la ciudad de México, el sur tenía un mercado protegido y con eso la libraba. Con la apertura se vino abajo, mientras que el norte encontró mercados que antes no conocía.

Por eso no fue sorpresa que en 2006 el sur votara por López Obrador: les ofrecía regresar al pasado en el que habían estado mejor, aunque eso implicara dañar al norte.

Tampoco fue sorpresa que el norte votase en contra y, por muy poco, definiera la elección. En 2018, sin embargo, los mexicanos que viven en el norte del país optaron por López Obrador, sabiendo que actuaría en su contra. No es claro por qué lo hicieron, aunque mi hipótesis es que una combinación del miedo que campea en Occidente y de los grupos damnificados por las reformas estructurales inclinó la balanza.

Bueno, durante el primer año de gobierno de López Obrador, la economía mexicana entró en recesión. Fue la primera recesión por causas internas desde 1995. El PIB nacional, según lo reporta INEGI en su detalle del PIB estatal, cayó -0.1%.

Lo interesante, sin embargo, es que la diferencia entre norte y sur se amplió. Mientras el norte alcanzó a crecer 0.6%, el sur se contrajo en esa misma proporción, lo que implica una brecha de casi 200%.

Veremos qué pasa en 2020, pero en su primer año de gobierno, López Obrador cumplió su amenaza de frenar al norte del país, pero lo hizo derrumbando al sur. Reitero: sí era un peligro para México.

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