Fuera de la Caja

Informando

El día (del informe) se usa para celebrar lo que quien está en el Poder Ejecutivo considera un éxito.

El informe que rinde el Poder Ejecutivo ante el Legislativo tiene como objetivo dejar claro que es el segundo el que representa a la población, y es quien debe llamar a cuentas al primero. Es la teoría, que pocas veces ha funcionado en el país que inventó eso, Estados Unidos, y nunca en el nuestro. En México, era el día del presidente, hasta que, durante la transición, el ritual se vino abajo. Desde entonces, el informe sirve para que el presidente tenga varios días para poder publicitarse en medios, aunque eso, desde hace ocho años de mañaneras, tampoco tiene relevancia.

Como sea, el día se usa para celebrar lo que quien está en el Poder Ejecutivo considera un éxito. En los últimos ocho años, por cierto, esos éxitos no han existido, salvo en la mente de quien los celebra.

Por ejemplo, cada año se nos dice que se ha logrado un récord en inversión extranjera directa. Recuerdo a los antecesores de quienes hoy están en el poder, que descalificaban dicha inversión porque representaba una deuda de México con los inversionistas. Es, en las cuentas, un pasivo. Y los echeverristas eran tan opuestos a la inversión que lograron casi desaparecerla con la Ley de 1973. Los de ahora no pueden hacer eso porque sin el dinero de fuera estaríamos en la inopia, así que han optado por celebrarla.

En el primer semestre de 2026 “recibimos” 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa. Esa cifra es inferior a la de 2025 (37,700) y a la de 2024 (36,200). Peor aún, de esa cantidad, apenas una fracción muy pequeña es en realidad inversión nueva. La mayoría es eso que llaman “reinversión de utilidades”, dinero que las empresas prefieren no remitir a su matriz. La inversión nueva en el primer semestre de este año fue de 2,700 millones de dólares, superior a la de 2024, que no llegó a dos mil pero, fuera de eso, es prácticamente la más baja en todo el siglo. Así que no, la inversión no está llegando. Aunque lo hiciera, es una fracción pequeña de la inversión total, que también está desplomada, gracias a la pérdida de confianza en México.

Lo que más celebran, desde hace tiempo, es el gran incremento al salario mínimo y la generación de empleos. Lo primero, que pudo hacerse gracias a Peña Nieto, en cuyo sexenio se liberó al mínimo de las restricciones que impedían subirlo, y en el que se aplicaron dos incrementos ya importantes, llegó a su límite razonable en 2022, y desde 2023 debió haberse manejado con cuidado. Pero López quería asegurar la elección de 2024, así que hubo incrementos absurdos, que ahora tienen un costo severo en empleo.

Entre otras cifras, la señora Sheinbaum celebró que hay más de 60 millones de mexicanos trabajando. Es cierto. Pero no nos dijo cuántos mexicanos han optado por mejor ni siquiera trabajar. En junio de 2024, poco más de 60% de los mayores de 15 años querían hacerlo. En junio de 2026, apenas 59% busca hacerlo. Parece una diferencia menor, pero no lo es. Hoy debían estar en el mercado laboral 63 millones, y no los 60 que celebraron.

Más importante aún, en junio de 2024, había 33 millones de mexicanos en la informalidad, y casi 28 millones eran formales. Si esa relación se hubiese mantenido, y cerca de tres millones no hubieran optado por no trabajar, en junio de este año debíamos haber tenido 34 millones de trabajadores formales: no llegamos a 27.7 millones. Ojo: en los últimos dos años casi un millón de mexicanos se ha incorporado a la formalidad, mientras que los trabajadores formales se han reducido en 200 mil plazas.

Solo alrededor de crisis graves, como en 1995 o en 2009, habíamos visto ajustes de este tamaño. Torturar las cifras para convertir eso en motivo de celebración no augura nada bueno.

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