Mañana se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Es uno de los momentos más importantes de la historia, que en la frase afortunada de Edward Luce esta semana, representa “el verbo de la Ilustración que se hizo carne”.
Junto con la Revolución Francesa, representa una ruptura con lo anterior, y ambas son producto de la crisis fiscal originada en la Guerra de los Siete Años (1756-1763). En ambos casos, la necesidad de subir impuestos provocó una reacción popular que no pudo contenerse. Los resultados de cada evento fueron muy diferentes.
En las colonias norteamericanas, esa guerra, que ellos llaman “de los franceses y los indios”, había enseñado a combatir a los colonos, que gracias a ello pudieron enfrentar a las fuerzas británicas e independizarse. El resultado, sin embargo, no era claro. Algunas colonias querían que la independencia fuese por separado, mientras otras proponían asociarse en un nuevo país. Ganó esta última opción, pero con una estructura inestable. No era lo mismo Nueva Inglaterra, al norte, que las colonias creadas por esclavistas caribeños, al sur, y ambas eran diferentes de las del centro, como Virginia, que tenía características de las otras dos. Al respecto, recomiendo leer American Nations, de Colin Woodard.
Todavía hubo un enfrentamiento entre Estados Unidos y Gran Bretaña en 1812, pero antes de ello ya había ocurrido un evento definitorio: la compra de la Luisiana, en 1803, a instancias de Thomas Jefferson. Con esa adquisición, Estados Unidos no solo ampliaba significativamente su tamaño, sino que la barrera natural que separaba las posesiones de España (Florida) y México (el Oeste), desaparecía. Era solo cuestión de tiempo que Estados Unidos ocupara esos territorios, para multiplicar su tamaño ocho veces, convirtiéndose más en un continente que en un país.
En 1861 la inestabilidad inicial se tuvo que dirimir en una guerra civil, la Guerra de Secesión, a partir de la cual, Estados Unidos se convierte en el gran proveedor de la creciente industria europea, y poco después, de la propia. Para 1870, Estados Unidos es ya la economía más grande del mundo, y lo sigue siendo más de 150 años después.
Esa hazaña tiene que ver con el tamaño y los recursos naturales, sin duda, pero creo que la razón fundamental ha sido la base institucional que crearon los Padres Fundadores, como los llaman allá. Estados Unidos se funda como una república, emulando en lo posible lo que entonces sabían acerca de la República Romana (razón que explica la monumentalidad de Washington, DC). Pero esa república había caído por la acumulación de poder en una sola persona, que se había cimentado en la plebe y el clientelismo. Estados Unidos no quería un Mario, un Sula, o un César.
En consecuencia, había que limitar el poder de la figura que inventaron para reemplazar al monarca, que era lo que entonces existía. El presidente debía tener un periodo limitado, pero sobre todo debía subordinarse al Congreso. Éste, por su parte, reflejaría la estructura romana (Senado y Plebe) con un toque de lo que ya Gran Bretaña tenía (Lores y Comunes). El Senado es lo que servirá para equilibrar esas diferentes naciones representadas en colonias. No estará formado por patricios ni por nobles, sino por representantes de cada estado. El federalismo de Estados Unidos no es el primero, pero ha sido el más exitoso, tal vez porque usaron como referencia a las Cinco Naciones, el pueblo iroqués.
Esa novedosa construcción política ha sido la referencia por 250 años. Es la más exitosa de los tiempos recientes. Fue la que salvó al mundo del totalitarismo en la Segunda Guerra y en la Guerra Fría. Es lo que hoy está en riesgo, con semillas totalitarias en su interior. Para beneficio de todo el mundo, les deseamos que superen esta etapa y cumplan 250 años más.