Fuera de la Caja

La carta de López

La carta de AMLO deja claro quién escribió el discurso presidencial del domingo pasado, que no fue ella. También evidencia quién manda, y nos recuerda las limitaciones del remitente.

El miércoles por la noche conocimos una carta que envía López Obrador a Trump, aunque en realidad su destinatario no es él. La carta deja claro quién escribió el discurso presidencial del domingo pasado, que no fue ella. También evidencia quién manda, y nos recuerda las limitaciones del remitente.

Pero la carta muestra que López Obrador ha llegado a algunas conclusiones similares a esta columna. Sostiene que la presión estadounidense no viene propiamente de Trump, deja constar que el objetivo de esa presión es evitar la consolidación de un régimen político en México, y reconoce que él mismo es, como dicen en los programas de televisión, “persona de interés”.

Como ya hemos comentado, el gobierno de Estados Unidos ha cambiado su perspectiva sobre México, porque entendieron que no enfrentan grupos de narcotraficantes, como ocurría antes, sino organizaciones profesionales, violentas, con control territorial. Parece que empezaron a cambiar de opinión alrededor de la elección de 2021, pero con toda seguridad con la extradición de Ovidio Guzmán, en 2023, y la entrega/secuestro de El Mayo, en 2024, alcanzaron claridad en el panorama. Lo reflejaron en documentos de estrategia en 2025, y con la creación de la Fuerza de Trabajo Conjunta Interagencias del Comando Norte a inicios de este año, comenzaron la ofensiva. Es un proceso que abarca dos administraciones y a muchas agencias. No es ocurrencia de una sola persona, aunque la puedan aprovechar.

En este proceso, además de evaluar distinto a las organizaciones mencionadas, parecen haberse percatado del cambio de relación entre ellas y el gobierno mexicano. Ya no se trata de una dependencia administrando rutas o plazas y cobrando por ello; ya no es un tema de gobernadores decidiendo entre grupos. Ahora hay una alianza franca en la que se intercambia el control territorial por el gobierno nominal. ‘Ustedes actúen como si fuesen el Estado (cobren impuestos, administren justicia), pero los puestos nos los dejan a nosotros’, parece haber sido el arreglo. Por eso los abrazos, el desprecio a la Marina (que recalca en su carta), y los negocios directos a los militares.

Entonces, sí. Sí hay una política de Estado que no depende de Trump, y sí hay una intención de evitar la consolidación de un régimen. Si Estados Unidos ha decidido enfrentar a los regímenes que construyen una fuerza de ocupación interna para saquear a su población en Venezuela, Cuba e Irán, suena perfectamente lógico que quieran evitar un régimen de ese tipo en su frontera sur. Porque sería una amenaza a su seguridad, y porque tarde o temprano tendrían que enfrentarlo. Hacerlo pronto sería más barato.

Para López, sin embargo, eso de política de Estado no tiene sentido, porque de eso no entiende. Él conoce de vividores y rufianes, y por eso supone que así son los que rodean a Trump. Para López, no tiene nada de malo un régimen que saquea a su propio pueblo mientras el pueblo esté feliz. Y, para López, las relaciones entre países y entre gobiernos son triquiñuelas, por eso mejor quiere hablar de estafador a estafador, porque hablando se entienden entre ellos.

La carta es para que entendamos que él sigue mandando, y que él es el pueblo. Más claro: que tendrán que incendiar el páramo si quieren terminar con su obra. Es interesante notar que el lunes pasado, frente al Senado, Mario Rubio listó a los enemigos latinoamericanos, aquellos que no entraron al “Escudo de las Américas”. De esos seis países, no mencionó a uno: México. El miércoles, Markwayne Mullin, en el mismo espacio, afirmó que el gobierno mexicano está cooperando, a diferencia de su antecesor. Dos gestos que le abrían espacio a Sheinbaum han sido eliminados con la carta. A López no le importa Sheinbaum, ni le importa usted, ni nadie. A López sólo le importa López. Eso dice la carta.

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