Fuera de la Caja

Todos malos

Mientras Trump mantiene una estrategia consistente en América, dirigida a limitar la influencia de China en este continente, sus acciones del otro lado del mundo no lo son, en gran medida debido a esa subordinación frente a Putin.

Donald Trump había anunciado que destruiría a una civilización entera si no se cumplía su exigencia de liberar el estrecho de Ormuz. La amenaza era excesiva, incluso para él. Horas antes del plazo, Pakistán llegó a rescatarlo, anunciando una posible tregua. Trump saltó sobre ella, afirmando que se cumplía su exigencia y que lo demás se discutiría.

Desafortunadamente, todo indica que el intermediario no dijo lo mismo a las dos partes. Irán tenía una información diferente a la de Estados Unidos, e Israel ni siquiera participó en el proceso. Horas después del anuncio de la tregua, Irán atacó el oleoducto de Arabia Saudita que va al Mar Rojo, mientras Israel incrementó sus ataques sobre Hezbolá en Líbano. Según Irán, la tregua abarcaba Líbano; según Estados Unidos, incluía la apertura total de Ormuz. Treinta y seis horas después del anuncio, el conflicto no parece disminuir.

Esta semana, una nota del NYT sostiene que Trump decidió atacar Irán debido a información que le proporcionó Netanyahu, quien afirmó que habría un levantamiento en ese país cuando descabezaran a los ayatolas. El año pasado, estos dos países atacaron Irán por aire y afirmaron que habían detenido el programa nuclear. Ahora, para defender el nuevo ataque, insistieron en que Irán era una amenaza nuclear en potencia. Hace unos días, el intento de recuperar el uranio enriquecido enterrado debajo de Isfahán resultó un fracaso que se escondió detrás del rescate espectacular de un aviador estadounidense.

Ahora tal vez se entienda por qué tantos presidentes estadounidenses prefirieron no enfrentar a Irán, a pesar de que el régimen de los ayatolas fue siempre una amenaza a la paz de la región, un régimen abusivo de su población y, ocasionalmente, una fuente de disrupción global. En este siglo, su alianza con Rusia y China convirtió a Irán en un actor todavía más importante. Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia del apoyo ruso a Irán, Trump no ha cambiado su actitud servil frente a Putin. Su posición acerca de Ucrania no ha variado: la ha abandonado y presionado para que se rinda frente a Rusia.

Por el contrario, Trump ataca a los antiguos aliados de Estados Unidos. Se queja de que los europeos, pero también Corea y Japón, no le ayudan a liberar Ormuz. Insiste en amenazar con abandonar la OTAN y tomar control de Groenlandia. Su vicepresidente, JD Vance, viajó esta semana a Hungría para apoyar la reelección de Viktor Orbán, el agente de Putin en la Unión Europea.

Mientras Trump mantiene una estrategia consistente en América (aparentemente guiada por Marco Rubio), dirigida a limitar la influencia de China en este continente, sus acciones del otro lado del mundo no lo son, en gran medida debido a esa subordinación frente a Putin. No debe menospreciarse el papel que juegan sus “negociadores” en Eurasia, Steven Witkoff y Jared Kushner. El primero es un desarrollador inmobiliario; el segundo es el yerno de Trump. Los dos se han dedicado a hacer negocios multimillonarios mientras “negocian” a nombre del presidente de Estados Unidos.

Nada raro en el entorno de Trump. En el transcurso de las ya casi seis semanas de guerra, Trump ha ofrecido varias razones para el conflicto, varios anuncios del fin inminente del mismo y repetidas amenazas de destruir a Irán. Cada cambio de opinión ha movido los mercados financieros, y en cada ocasión hay evidencia de inversionistas actuando con unos minutos de ventaja. Es decir, que a la falta de información que suele ocurrir en una guerra, tenemos que sumar la rapacidad de los Trump, la subordinación frente a Putin y la voluntad de Netanyahu de aferrarse al poder. Es una guerra en la que todos son malos, más que de costumbre. Imposible pronosticar su desenvolvimiento.

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