Terminó el primer trimestre del año. Hay que esperar un buen rato antes de tener información adecuada para evaluar lo ocurrido, pero la que tenemos apunta a que la economía sigue estancada. Considerando que el cierre de 2025 mostró una dinámica un poco sorprendente, los primeros tres meses de este año creo que van a decepcionar.
Las importaciones de bienes de consumo no petroleros y de bienes de capital, que son la mejor aproximación a la demanda interna, crecían casi al 6% en el último trimestre del año pasado.
En enero, no llegaron a 4%, y en febrero prácticamente no crecieron. Parece que eso explica la caída en recaudación en IVA y en impuesto a importaciones, que también conocemos ya para febrero. Mientras que en los dos primeros meses de 2025 el IVA tuvo un crecimiento real de 20% y el impuesto a importaciones de casi 50%, en este año reportan una caída de 9 y 7%, respectivamente.
La información de alta frecuencia de BBVA (uso de tarjetas) coincide con esa dinámica. En noviembre reportaban un crecimiento real de casi 9%, que se redujo a 5% en diciembre, 3% en enero, -1% en febrero, y -2.5% hasta el 24 de marzo. Por alguna razón, esta información no coincide mucho con el consumo tal y como lo mide INEGI, ni con el comportamiento de ventas al menudeo, pero el indicador oportuno del primero ya apunta a una caída en febrero, y del menudeo, ya le he comentado que sus resultados están muy sesgados por la venta de combustible. No sé si esto refleje una reducción del huachicol o simple contabilidad creativa de Pemex, algún día lo sabremos.
La menor actividad económica pega en la recaudación no sólo en los impuestos mencionados, sino también en el impuesto sobre la renta, cuyo crecimiento fue reducido en los primeros dos meses del año, a lo que se sumó una caída en los ingresos petroleros. En términos reales, hay un ligero crecimiento de los ingresos totales del gobierno (2%), lo que obligó a limitar el crecimiento del gasto más o menos en el mismo nivel. Como se acostumbra, esto se logra frenando la inversión pública, que reporta una caída de casi 40% contra los primeros dos meses de 2025. En términos reales, la inversión pública está repitiendo el comportamiento de inicios de 2025, cuando se utilizó para “consolidar” las finanzas públicas. Puesto que la inversión privada no se mueve mucho, eso provocó la caída de la economía en los dos trimestres intermedios del año pasado.
La guerra en Irán puede incrementar un poco los ingresos petroleros, por el mayor precio del crudo, pero reducirá la recaudación del impuesto especial a combustibles, porque han decidido que no quieren incrementos en precios de gasolina y diésel. Ya veremos el impacto neto, pero lo más probable es que sea negativo, debido a que consumimos más combustibles que el petróleo que producimos. Esto obligará a un mayor recorte en inversión, provocando una caída en la economía, que llevará a menor recaudación, y ahí nos la iremos llevando.
Estimando el comportamiento de la economía con base en las importaciones mencionadas, se puede esperar que el crecimiento de este primer trimestre haya sido similar al que se publicó para el año pasado, alrededor de medio punto porcentual. Ya hace mucho que le había sugerido pensar en crecimientos de esa magnitud después del boquete que costó la elección de 2024. No debería sorprender, considerando cómo se ha destruido la confianza en la inversión y la situación de las finanzas públicas. Con ese ritmo, el deterioro de la infraestructura irá ganando terreno. Revertir este proceso, con el actual gobierno, creo que es imposible.