Fuera de la Caja

Espejismo

Ser informal permite tener un ingreso superior a ser formal, una vez descontado el costo del servicio de salud, servicio que es muy deficiente, pero al que se puede tener acceso si un familiar es asegurado.

El miércoles comentaba con usted acerca de las dificultades para comparar adecuadamente los tres mercados laborales mexicanos: el formal, el informal, y el estadounidense. Precisamente por esos problemas de las estadísticas, INEGI desarrolló una cuenta especial para la medición de la economía informal. En ella, se estima el producto interno bruto de actividades informales, así como el número de personas que ahí trabajan, incluyendo sus remuneraciones.

Desafortunadamente, tampoco coincide esa información con la que publica la Encuesta de Ocupación y Empleo, ni resulta compatible con las Cuentas Nacionales completas. Por eso es que decía el miércoles que no tenemos una idea clara de en qué trabajan los mexicanos ni cuánto ganan.

Por otra parte, me informa Jesús Cervantes de un error en lo que comentamos el miércoles. La masa salarial de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos, considerando a los 19 millones, supera un billón de dólares (doce ceros), de forma que el ingreso promedio durante 2025 supera los 91 mil pesos por mes. En México, los asegurados en el IMSS, que el año pasado promediaron 22.4 millones, tuvieron un ingreso de 19 mil pesos. La quinta parte.

En el sector informal, siguiendo el producto de INEGI que mencioné, tendríamos 16 millones de personas con alguna remuneración, y 14 millones sin ella. Estos últimos pueden ser familiares que ayudan en un negocio o, muy importante, en el campo, que INEGI incluye en la informalidad para el caso de autoconsumo. Con base en las remuneraciones ahí mismo publicadas, los que reciben algo tienen un ingreso promedio mensual de 10 mil pesos, poco más de la mitad de los formales. Cabe aclarar que el último dato de INEGI es 2024, estoy estimando 2025.

Sin embargo, lo que se reporta como “no remunerado” incluiría también a los dueños de negocios informales, a los propietarios de las parcelas, etc., con lo que podría ser mejor estimar sus ingresos con el valor agregado bruto. Si lo hago así, para los 30.5 millones de mexicanos en la informalidad, el ingreso promedio mensual es de 17 mil pesos, ya muy cerca de los 19 mil de los formales.

Viene ahora el tema importante. La formalidad se define por el acceso a salud y seguridad social. El costo de ese servicio, para quienes trabajan en el sector privado y deben afiliarse al IMSS, equivale a 25% del ingreso. Prácticamente cinco mil de los 19 mil pesos tienen que dedicarse al IMSS, que ya no está a cargo de la seguridad social, propiamente hablando (eso está en las Afores), y que está teniendo problemas muy serios de acceso a los servicios de salud. En parte por cuestiones históricas, pero recientemente por la idea de cargarle al IMSS la atención de IMSS-Bienestar, que no es la misma cosa, pero sí es una carga para la institución.

Con base en lo que estamos viendo, ser informal permite tener un ingreso superior a ser formal, una vez descontado el costo del servicio de salud, servicio que es muy deficiente, pero al que se puede tener acceso si un familiar es asegurado.

Cierro el tema llamando la atención a la muy diferente productividad en los tres mercados. Un trabajador en Estados Unidos produce entre tres y cuatro veces lo que se produce acá, y si adicionamos la diferencia en costo de vida, su ingreso debería ser entre 6 y 8 veces mayor, pero nada más es cinco veces. Aunque la brecha se ha ido cerrando por varias razones, lo ocurrido en los últimos años con incrementos excesivos en el salario mínimo ya está en terreno peligroso. Por otra parte, un trabajador formal en México produce el doble que uno informal. Pero esa diferente productividad resulta que no se refleja en ingresos distintos, como hemos visto.

En conjunto, se trata de un espejismo que, cuando desaparezca, va a ser doloroso.

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