Ya habíamos comentado que las cifras económicas tienen un comportamiento extraño, producto de los grandes desajustes que se sufrieron con el confinamiento (segundo trimestre de 2020). Nada más por esa caída de 20 puntos, que un año después provocó un crecimiento de 15, todas las series siguen teniendo un impacto. Se trató de un fenómeno totalmente inusual, para el que no existe algún instrumento estadístico de ajuste.
Más aún, el confinamiento provocó un desajuste real: barcos que no podían salir de puerto, miles de contenedores a resguardo, retrasos de producción en partes que impiden completar procesos, y eso todavía se percibe, por ejemplo, en la venta de vehículos. Incluso hay quienes piensan que la estrategia de Covid Cero que impulsó Xi en China puede estar provocando una repetición, mucho menor, del fenómeno.
Sin embargo, además de eso, que se entiende, hay correcciones en las cifras que son menos claras. No recuerdo si ya platicamos en este espacio del cambio en la serie de valor agregado de la industria eléctrica. En la publicación de septiembre, nos encontramos con que esa serie se había desplomado en 20 por ciento. Y eso había ocurrido desde enero de 2021, aunque no se había reportado. Esto sí es difícil de explicar, me imagino, porque INEGI no explica nada. Nada más publican su serie, y esperan que nadie la vea, yo creo. De hecho, no se equivocan mucho, porque no he visto alguna columna preguntándose el origen de este ajuste.
Revisando la generación eléctrica, me encuentro con que sí estamos 10 puntos por debajo del inicio del sexenio, y eso es más evidente desde 2021 (una vez pasando el confinamiento). La otra mitad de la caída podría atribuirse al mal manejo de CFE, que lleva dos años de pérdidas récord. Entre estas dos fuentes, sonaría lógico que estuviésemos 20 puntos por debajo, pero no explicaría por qué sólo hasta septiembre se dieron cuenta.
Bueno, ahora los ajustes aparecieron ayer en la serie de inversión fija bruta. El consumo, que también se publicó ayer, no tiene cambios relevantes, pero la inversión sí. Ahora la construcción es más grande de lo que era, en 3 por ciento, mientras que la inversión en maquinaria nacional se redujo en -6 por ciento. Parecen números pequeños, pero cuando recuerda uno que la construcción a duras penas puede crecer un par de puntos al año, el ajuste en la medición ya no es tan inofensivo.
Estos ajustes pueden provenir de muchas fuentes, y son frecuentes, aunque no en esa magnitud. Pero sí sería conveniente que INEGI informase cuando una serie se modifica de forma notable, para evitar errores de quienes usan los datos, y para que quienes hacen proyecciones consideren que, así como de pronto la construcción es más grande de lo que se pensaba, así puede de pronto resultar notablemente más pequeña, como ocurre con la electricidad.
En cualquier caso, lo que se reporta en inversión al tercer trimestre del año es que estamos -9 por ciento por debajo del nivel que se tenía en el tercer trimestre de 2018, hace cuatro años. En construcción, la caída es de -15 por ciento, mientras que en maquinaria y equipo nacional alcanza -13 por ciento. Lo único que ha crecido es maquinaria y equipo importado, en 4 por ciento, porque se compran vehículos en el extranjero (5 por ciento).
En el consumo pasa algo similar. Hay un crecimiento de 2.6 por ciento contra el tercer trimestre de 2019, pero éste proviene prácticamente por completo de las compras de bienes importados, que han crecido en 23 por ciento.
Consumo e inversión son los componentes de la demanda privada en el país. Y en ambos casos, sólo crecen porque son demanda de bienes extranjeros. Dicho de otra forma, aunque el país no crece desde hace cuatro años, las compras al exterior sí lo hacen, de forma que nuestra producción interna es mucho menor. Digo, por si alguien le habla de soberanía.