La secretaria de Economía, encargada del tema más importante para México, renuncia porque ya no puede aportar al equipo. El Presidente ni siquiera acepta el abrazo de despedida que ella buscaba. Surge una nota, desde Europa, de la ratificación por parte de Putin de un acuerdo que le permitiría instalar equipos para GPS en México. El canciller difunde un memorándum de Comunicaciones que afirma que no existe tal acuerdo. Siguen, además, apareciendo detalles de la gran extracción de información que hizo un grupo de hackers a la Secretaría de la Defensa, que incluyen datos de venta de armas del Ejército a criminales lo mismo que operativos conjuntos con organismos estadounidenses.
Hay una palabra que usamos en México para describir esto: desmadre. Es lo que ocurre cuando un río trae tanta agua, que no puede mantenerse en su cauce: se sale de madre. Se inundan los alrededores. Bueno, pues eso.
Gobernar, dice alguien, no tiene ninguna ciencia. Ha de ser tan fácil como seguir el cauce del río, imagino. Otros dicen que en política nada más hay un error, lo demás es consecuencia. Tal vez este gobierno se ha superado, y ha logrado impulsar un puñado de errores que ahora se van sumando para alimentar esa avenida de agua.
El primer error ocurrió antes de tomar posesión, como ya sabemos: la cancelación de la construcción del aeropuerto de la Ciudad de México. Derrumbó la inversión, que sigue 11 por ciento por debajo del nivel de 2018. Hubo que inventar una central avionera, que no se ve fea, pero tampoco sirve de mucho. Alrededor de 1 por ciento de la demanda de operaciones aéreas pasa por ahí.
El segundo es la necedad energética, acompañada de un trío de incapaces: Bartlett, Nahle y Romero. No pueden producir más energéticos (ni petróleo, ni gas, ni electricidad), ni mucho menos venderlos baratos. Hay que subsidiar todo lo que se vende, para evitar que el pueblo acuse a este gobierno de un “gasolinazo”, aunque ese gasto impida cubrir algunas necesidades: vacunas, medicinas, escuelas. Eso no importa mucho.
El tercero, ya lo adelantaba: un equipo de ineptos que además no son honrados, según se desprende de las filtraciones mencionadas, y otras más. De verdad no hay forma de encontrar un funcionario que más o menos haga bien su trabajo. Pero es lo que quiere el Presidente, porque no le importan los resultados, sino la sumisión, que obtiene a manos llenas.
Hay, finalmente, un cuarto error, sobre el que seguramente no todos coincidiremos, y tiene que ver con las amistades de la esposa, aquellos que suelo llamar “chavistas”. Se trata de un pequeño grupo de fanáticos de la paleoizquierda latinoamericana (capaz que es la única que existe) que son muy escandalosos, poco inteligentes pero muy movidos, con amistades impresentables, salvo en este continente: Cuba, Nicaragua, Venezuela y otros que ya no están de moda, pero lograron gobernar Bolivia, España y más.
Estos grandes errores, potenciados entre sí, multiplicados, se pudieron esconder por un tiempo detrás de las ocurrencias mañaneras, de Chico Che y Vilchis, de 95 mentiras diarias. Pero es muy difícil contener una inundación con costalitos. Ahora todo se junta: conflictos internacionales, posiciones insostenibles, un equipo de inútiles que además se derrumba y un enfermo a cargo.
Así lo vio Shakespeare en su tragedia acerca del rey que creía que gobernar no tenía ciencia, y que podía repartir el reino sin problema: “Es la plaga de estos tiempos cuando los locos guían a los ciegos”. No le costaría imaginar a esta combinación de Ricardo III, Lear y Calibán, y anticiparnos el final de la tragedia. Yo sigo dudando acerca de cuál de estos personajes, y su fin, será más apropiado al desmadre en que estamos. Usted me ayudará a saberlo.