Fuera de la Caja

No pago para que me peguen

López Obrador apostó 12 mil millones de dólares a algo que hubiese costado mil 200, y que pudo comprar el primer día de su gobierno.

El presidente López Obrador anunció este lunes, lleno de felicidad, que había decidido comprar la mitad de la refinería que Pemex tiene en Houston, Deer Park, en asociación con Shell. Esta empresa tenía un poquito más de 50 por ciento (5 milésimas) para con ello poder hacerse cargo de las decisiones operativas. Por eso era la única refinería ‘mexicana’ que no perdía dinero. Ahora será 100 por ciento de Pemex.

En Deer Park se procesan 340 mil barriles diarios de crudo, de forma que ahora podremos tener control de los 170 mil que correspondían a Shell, y enviarlos directamente a México. Gracias a ello, supone el Presidente, para 2023 se podrá cubrir la demanda de petrolíferos con producción ‘nacional’ –aunque se haga en Texas.

No creo que sea una mala idea, en abstracto. En concreto, eso debían haber hecho desde hace dos años: comprar o rentar refinerías ociosas en Texas y no construir Dos Bocas. El Presidente nos anuncia que pagará 600 millones de dólares por la mitad de Deer Park, es decir, por las instalaciones capaces de producir 170 mil barriles diarios. Esto significa que por producir el doble, el costo sería de mil 200 millones de dólares. Es el tamaño de Dos Bocas, que apunta a costar 10 veces más, y sin tener idea de cuándo producirá la primera gota de gasolina.

Más claro: López Obrador apostó 12 mil millones de dólares a algo que hubiese costado mil 200, y que pudo comprar el primer día de su gobierno, y no seguir esperando, como hoy, dos, tres o más años para tener resultados.

En realidad, las cosas son peores. Hace justamente tres semanas, Shell decidió vender otra refinería, Puget Sound, cerca de Seattle, Washington. Esa refinería procesa 149 mil barriles diarios, y se vendió en 350 millones de dólares a HollyFrontier (hydrocarbons-technology.com). Esto significa que Deer Park debió costarnos 400 millones de dólares, pero la compramos en 600. Por eso Shell aceptó la compra, a pesar de no estar considerando esa desinversión en particular –así dice su boletín–. La verdad es que Shell se está moviendo lo más rápido posible fuera de estos negocios, porque el mundo entero se está alejando rápidamente de los hidrocarburos. Y si le dan 50 por ciento de sobreprecio, mejor.

Es decir, que en lugar de construir Dos Bocas en 12 mil millones de dólares y cuatro o más años de construcción, pudimos haber comprado instalaciones equivalentes, operando, en 800 millones. De ese tamaño es la incompetencia de la actual administración.

Por si hubiese duda, la FAA (Administración Federal de Aviación de Estados Unidos) degradó ayer a la aviación civil mexicana a nivel 2. La razón es el incumplimiento de normas internacionales en seguridad de aerolíneas, personal, experiencia técnica, etcétera. Esto implica que no podrán ampliarse las rutas entre México y Estados Unidos por parte de aerolíneas mexicanas y que no podrán venderse códigos compartidos con empresas de ese país, principalmente. Apenas un puñado de países, muy pobres o con serios problemas de gobierno, se encuentran en este nivel. Por cierto, esta degradación en la calificación significa que no podrá haber vuelos internacionales desde Santa Lucía.

No sé si con estos dos ejemplos quede claro el tamaño del problema que tenemos. Entre la cancelación del NAIM, la construcción de Santa Lucía y la degradación, hemos perdido más de 500 mil millones de pesos. Entre las pérdidas de Pemex y la inversión innecesaria en Dos Bocas, tres veces eso. Es decir, 2 billones de pesos que, a cambio, nos dejan en peor condición que antes. Y esto mismo ocurre en salud, educación, gasto social, lo que usted diga.

¿Seguimos pagando impuestos para esto? ¿Cuánto tiempo?

Consulta más columnas en nuestra versión impresa, la cual puedes desplegar dando clic aquí

COLUMNAS ANTERIORES

En serio
En suma

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.