Fuera de la Caja

Todo lo malo

El gobierno actual ha sido capaz de ofrecernos todo lo malo de la historia nacional en un solo evento, dice Macario Schetinno.

Al inicio de su vida independiente, México sufrió del caudillismo: hombres fuertes destinados a salvar a la patria que, en la realidad, nos la hicieron más pequeña. Después, estos hombres fuertes construyeron un sistema político piramidal, que sin duda ofreció estabilidad, pero nada más que eso. Fue el caso de Juárez. Díaz le agregó a esto la asociación con capitalistas de compadrazgo, hombres cuya fortuna venía de la amistad con Juárez, pero que se multiplicó con la primera globalización.

Después de la Revolución, el sistema se mantuvo: hombres fuertes en estructura piramidal, con capitalistas de compadrazgo ahora más cercanos –la Revolución les hizo justicia–. Es la época de los Sonorenses, los primeros en utilizar los recursos públicos para beneficio privado sin ninguna reticencia. Cárdenas amplía el grupo de capturistas de renta para incluir a líderes sindicales y campesinos, a costa de reducir un poco el espacio de los capitalistas de compadrazgo. En los hechos, se construye una clase rentista más amplia. Los siguientes sexenios son de equilibrio: un poco para unos, un poco para otros, pero siempre rentas extraídas a lo más amplio de la población: una pequeña clase media, una mediana clase obrera, una amplia sociedad rural.

El sistema requiere controlar las elecciones para ello. Gran fraude en 1940, y después muchos pequeños, hasta que la gran crisis de 1982 exige otra vez defraudar el voto popular con amplitud. Así se hace, para facilitar la llegada al poder de los tecnócratas, que cambian el rumbo nacional sin afectar los intereses creados. Se agregan otros capitalistas de compadrazgo, se sustituyen algunos líderes sindicales, se ajusta la menor presencia rural.

Pero el voto libre los lleva a perder la Presidencia, y al recuperarla intentan cosechar todo lo perdido y por perder. Y por eso vuelven a perderla, pero ahora negociada. Para eso, inventan acusaciones penales que después reconocen falsas.

Es, en muy pocas palabras, la historia nacional. De caudillos a hombres fuertes a corporativismo; capitalismo de compadrazgo; líderes sindicales y sociales capturando rentas; el Estado defraudando el voto, incluso haciendo uso de la persecución penal. Son las partes oscuras de nuestra historia, lo reconozco, porque también hay grandes avances en esos 200 años. Pero es lo oscuro lo relevante, porque es precisamente lo que hoy tenemos, todo junto.

El gobierno actual ha sido capaz de ofrecernos todo lo malo de la historia nacional en un solo evento. No sé si a eso llaman cuarta transformación, pero es lo que hay: caudillismo, hombres fuertes, empresarios capitalistas de compadrazgo, líderes sindicales y sociales en busca de extraer recursos a sus seguidores, el uso del Estado para impedir el ejercicio libre del voto, o para descalificar adversarios. Todo lo malo, en un solo paquete.

Podían habernos ofrecido la parte buena: un Estado de bienestar limitado pero creciente, empresarios competitivos a la luz de la globalización, participación internacional con base diplomática. Nada de eso, desafortunadamente, ha ocurrido en estos 30 meses de gobierno.

Es la parte oscura la que nos brindan, pero ahora aderezada de un nivel de incompetencia inexistente en la historia nacional. Jamás habíamos tenido un gabinete de tan bajo nivel, por no hablar de subsecretarías y direcciones generales. Jamás un Congreso tan pleno de rebuznos.

El movimiento encabezado por el Presidente ha logrado conjuntar las peores partes de la historia nacional. Desde el caudillismo que él encarna hasta la asociación con lo peor de la clase pudiente; desde el control corporativo hasta el fraude penal al voto; desde la propaganda nacionalista hasta la descalificación a los críticos. Y todo, decía, aderezado de un nivel de incompetencia jamás visto en el país. Nunca antes.

Veinticinco días para corregir.

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