Fuera de la Caja

Perspectiva

Lo que busca hacer Joe Biden es fijar en la mente de los estadounidenses que lo que hoy se vive en EU es sólo comparable a lo ocurrido en el segundo cuarto del siglo 20.

Para evitar la reelección de Donald Trump, Joe Biden debió construir una coalición amplísima, que incluye desde socialistas declarados, como Alexandria Ocasio-Cortez, o no tan explícitos, como Bernie Sanders o Elizabeth Warren, hasta republicanos preocupados por la demencia de Trump. Este falso demócrata –camuflado, diría algún facilitador– nunca aceptó su derrota, meses antes promovió dudas acerca del proceso electoral, e incluso alentó la toma del Capitolio, un acto claro de sedición. Así son los líderes autoritarios actuales.

La amplísima coalición le dio el triunfo a Biden, pero no le ofrece ninguna garantía de poder gobernar. Por ello, me parece, ha actuado a toda prisa en la transformación del entorno. Lo primero, sin duda, era quitar la amenaza de la pandemia con vacunación masiva, y lo ha logrado. No es que esté resuelto el problema, pero sin duda Estados Unidos está en otro punto: un tercio de sus habitantes tiene esquema completo de vacunación, y otro se ha vacunado al menos una vez. Los demás probablemente nunca se vacunen, otra herencia del autoritario.

En segundo lugar, había que continuar el esfuerzo por aminorar el golpe económico, y por ello se anunció en marzo un paquete de estímulos parecido al aplicado un año antes por Trump, también de 2 billones de dólares –de 12 ceros–. Hasta ahí, hablamos de una presidencia normal, seria, que enfrenta los problemas con las herramientas tradicionales. El esfuerzo presupuestal estadounidense hasta marzo sumaba 4.7 billones de dólares, equivalentes a 22 por ciento del PIB de ese país. Una cantidad importante, pero al nivel de lo invertido en otros países.

En abril se anunció un plan de infraestructura, de cerca de 2.3 billones de dólares, que se suma a lo anterior, y que fue comparado con lo hecho por Lyndon Johnson en su Great Society, o con el plan interestatal de Eisenhower. Al cierre del mes, Biden acaba de agregar otro plan, 1.8 billones de dólares, enfocado a las familias estadounidenses (American Families). La suma total es de 6 billones de dólares, 28 por ciento del PIB de Estados Unidos, y sumado al paquete de 2020, alcanza 41 por ciento del PIB. Este gasto ya sólo es comparable con el New Deal de Roosevelt. Para no dejar dudas, en su discurso al Congreso, Biden sólo se refirió a un presidente anterior: precisamente a Franklin Roosevelt, cuyo retrato se encuentra en la Oficina Oval.

En mi opinión, lo que busca hacer Joe Biden es fijar en la mente de los estadounidenses que lo que hoy se vive en Estados Unidos es sólo comparable a lo ocurrido en el segundo cuarto del siglo 20: pandemia, depresión económica, amenazas autoritarias –de ambos lados del espectro– y un líder en la Casa Blanca dispuesto a arriesgar todo con tal de salir adelante. Como con cualquier decisión, se requiere valor para elegir en momentos de muy elevada incertidumbre.

Tiene a favor que efectivamente hay un golpe económico considerable, que abre un buen margen para reactivar la economía. También tiene la ventaja de contar con enemigos muy claramente definidos, todos autoritarios: Trump, Putin, Xi, y varios otros menores. Creo que tiene una ventaja adicional: vivimos un momento de cambio tecnológico de la magnitud del que ocurrió alrededor de la Segunda Guerra, aunque muchas personas aún no lo perciban.

Tiene en contra que el margen de holgura de hoy no es tan grande como el de 1937, y el inmenso déficit puede convertirse en un serio problema. Tiene en contra también su edad.

Sin embargo, es posible que con estas medidas Biden logre separarse de la fracción más estridente de su coalición, pero ampliarla hacia el centro del espectro, marginando con ello al trumpismo. Del éxito de este plan depende el mundo entero en las siguientes dos décadas.

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