Fuera de la Caja

Imposibilidad II. Los resultados

El presidente no puede hacer nada, más allá de explotar todas las mañanas en contra de sus adversarios, inventar cifras y mentir, mentir, mentir.

El lunes comentamos el origen del grupo que gobierna México hoy. Nada de izquierdas ni progresismos, es un grupo que proviene del echeverrismo de los años 70, que intentó entonces, sin éxito, replicar la construcción del cardenismo cuatro décadas antes.

El fracaso de Echeverría respondió a una gran transformación mundial que no supo leer. Desde 1968, cuando él garantizó su candidatura con la masacre de Tlatelolco, el mundo giró a la derecha. Ese año no significó el triunfo de la izquierda, como muchos creyeron entonces y varios aún lo creen, sino exactamente lo contrario. Los soviéticos barrieron con la Primavera de Praga, la derecha francesa con los estudiantes, y Nixon con las elecciones en Estados Unidos. En 1971 terminó la posguerra con el fin de Bretton Woods, y con ella la posibilidad de crecer con base en el déficit fiscal. Echeverría no lo entendió, y terminó su sexenio con los peores resultados económicos en 40 años, incluyendo una devaluación no planeada. El intento de su sucesor por una vía desarrollista menos agresiva tampoco tuvo éxito, por la misma razón, por no entender el entorno. En 1982 terminó definitivamente el régimen de la Revolución en materia económica. En 1988, también en cuestión política.

Replicar hoy esos intentos garantiza el fracaso. Todavía en tiempos de Echeverría, el país estaba concentrado en el centro, que tenía más de la mitad de la población (Distrito Federal, Estado de México, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Hidalgo). El comercio con el resto del mundo era casi nulo. El sector primario producía 12 por ciento del PIB, y menos de la mitad del mismo provenía de los servicios. Con sus diversas empresas, el gobierno podía controlar la producción agropecuaria (Conasupo), minera (Pemex), eléctrica (CFE), de telecomunicaciones (Telmex), y con un encaje legal considerable, sin créditos hipotecarios, poco había de sistema financiero independiente. En suma, la mitad del PIB estaba en manos del presidente, la mitad de la población a su alcance, y el extranjero era sólo una imagen disponible para el ataque discursivo. Tijuana, Juárez, Monterrey, Chetumal, eran enclaves del imperialismo en esa visión.

En 2021, 50 años después del fin de Bretton Woods, las cosas son muy diferentes en México. Más de la mitad de la población vive en el norte, Bajío o la zona de influencia de Yucatán. Más de la mitad del PIB depende del comercio exterior, las inversiones extranjeras o de sistemas de telecomunicación que nada tienen que ver con Palacio Nacional: benditas redes. Los intentos de revivir Conasupo, Pemex y CFE implican sólo incinerar cantidades ingentes de recursos. El gobierno no tiene esos recursos, a pesar de los intentos de incrementar recaudación.

Esto significa que el intento de restauración no tiene futuro. El gobierno no tiene la palanca para mover ni la economía ni la sociedad. Puede acomodar recursos de otras formas, pero su impacto es, en el mejor de los casos, muy menor. Las remesas de migrantes representan el doble de todos los programas sociales del gobierno. Todo el crecimiento económico desde el punto más bajo de la pandemia se debe a las exportaciones. No pueden bajar ni el precio de la electricidad ni el de la gasolina. No pueden controlar el precio de las tortillas. El Presidente no puede hacer nada, más allá de explotar todas las mañanas en contra de sus adversarios, inventar cifras, mentir, mentir, mentir.

Si el echeverrismo, fracasado hace 50 años y hoy reinventado en el poder, no tiene futuro, entonces lo relevante es entender cuál será el desenlace. Lo platicamos el viernes.

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