Luis Wertman Zaslav

Pensar mejor en la era de la Inteligencia Artificial

La inteligencia artificial no se motiva con halagos ni se siente presionada. No tiene emociones. Lo que sí mejoró notablemente la precisión fue otra cosa mucho más sencilla: pedirle que explique su razonamiento paso a paso.

En los últimos meses, muchas personas me han preguntado sobre la inteligencia artificial. Algunos con entusiasmo, otros con preocupación y muchos con curiosidad. Y siempre comienzo diciendo lo mismo: la inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria, pero su verdadero valor depende de cómo la utilicemos.

Leí un estudio muy interesante. Un grupo de investigadores quiso comprobar si tratar “bien” a los chatbots mejoraba sus respuestas. Les decían cosas como: “Eres muy inteligente”, “piénsalo con cuidado”, “esto será divertido”.

El resultado fue curioso: no cambió prácticamente nada.

La inteligencia artificial no se motiva con halagos ni se siente presionada. No tiene emociones. Lo que sí mejoró notablemente la precisión fue otra cosa mucho más sencilla: pedirle que explique su razonamiento paso a paso.

Cuando el sistema tiene que analizar, dividir el problema y explicar cómo llega a la conclusión, comete menos errores.

Al leer ese estudio, pensé inmediatamente en algo que he aprendido durante muchos años de trabajo en distintos ámbitos: en la seguridad, en la empresa, en el servicio público y en la participación ciudadana.

La calidad de las decisiones depende de la calidad del análisis.

En muchas reuniones importantes he visto lo mismo una y otra vez. Cuando alguien quiere saltar directo a la respuesta, normalmente se equivoca. En cambio, cuando se analiza el problema con método —identificando causas, variables y consecuencias—, las soluciones aparecen con mayor claridad.

Por eso me gusta decir que, más que respuestas rápidas, lo que necesitamos es pensamiento estructurado.

La inteligencia artificial funciona exactamente igual. Si la pregunta es superficial, la respuesta también lo será. Pero si el planteamiento es claro, ordenado y con contexto, la herramienta puede convertirse en un gran apoyo para el análisis.

En mi experiencia, hay algunas reglas muy sencillas que ayudan mucho a aprovecharla mejor.

Primero: definir bien el problema.

Muchas veces el error no está en la respuesta, sino en que la pregunta fue imprecisa.

Segundo: pedir análisis antes de conclusiones.

Cuando uno solicita que el sistema explique paso a paso su razonamiento, la calidad mejora notablemente.

Tercero: dar contexto.

Objetivo, entorno, limitaciones, audiencia. Cuanto más claro sea el contexto, mejores serán los resultados.

Cuarto: verificar siempre.

La inteligencia artificial puede ayudar a analizar información, pero el criterio humano sigue siendo indispensable.

Y quinto: usar la tecnología como un apoyo para pensar mejor, no como un sustituto del pensamiento.

He visto en distintas áreas de la vida que las herramientas cambian, la tecnología evoluciona y los métodos se modernizan. Pero hay algo que permanece constante: la importancia de la disciplina intelectual.

Analizar con calma.

Preguntar con claridad.

Pensar con responsabilidad.

La inteligencia artificial puede ayudarnos muchísimo si la usamos de esa manera. Porque al final del día, la verdadera inteligencia no está en la máquina. Está en la mente que sabe hacer las preguntas correctas y en la voluntad de analizar antes de decidir.

Ese es un principio que aplica en la empresa, en el gobierno, en la academia y también en la vida diaria.

Las herramientas cambian.

La responsabilidad de pensar bien, no.

Y si algo puede ayudarnos esta nueva tecnología, es precisamente a recordarnos algo fundamental: la calidad de nuestras decisiones siempre dependerá de la calidad de nuestro pensamiento.

¡Hacer el bien, haciéndolo bien!

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