Tiro al blanco

La insensibilidad de Ana Guevara

Independientemente de las polémicas, la historia y los resultados juzgarán la gestión de Ana Gabriela Guevara. Los Juegos de París parece que serán su prueba final.

Eran las diez de la noche de un jueves de junio cuando Ana Guevara se sentó a cenar en un famoso, pero solitario, restaurante argentino en el sur de la Ciudad de México, a unos metros del Pedregal. Junto a alguien, pidió una botella de vino y alguna entrada. Lo demás, lo desconozco. No era mi papel indagar qué pidió y cuánto pagó. Después de una exitosa carrera deportiva, rodeada de premios gordos, becas y, sobre todo, los más grandes patrocinadores, la exvelocista mexicana seguramente tiene cartera para pagarse eso y más. Al final, la sonorense puede hacer con su dinero lo que quiera. Eso sí, con SU dinero, no con el de los demás.

En medio de un sinnúmero de críticas que le han llegado de todas partes, algunas justificadas y otras no, Ana Gabriela ha demostrado tener la piel muy gruesa para aguantarlas durante los ya cinco años que tiene en la dirección de la Comisión Nacional de Deportes (Conade). De hecho, con la misma rapidez de cuando corría, ha pasado a la ofensiva de esos ataques. Unas semanas antes de cuando la vi cenando, había mandado a las atletas de nado sincronizado por un tubo, luego de que las sirenas obtuvieran tres medallas en el Mundial de especialidad, en Egipto, y acusaron de falta de apoyo a la Conade; aseguraron que obtuvieron los recursos para competir gracias a la iniciativa privada y a que vendieron trajes de baño y toallas: “quieren seguir vendiendo calzones, adelante, que también vendan Tupperware y Avon, y todo lo que puedan en catálogo porque la Conade no va a dar dinero”, declaró Guevara, tras asegurar que sí habían recibido estímulos que no habían comprobado, por lo que, según ella, debían dinero a la dependencia.

Sin embargo, no solo son sus respuestas las que la han metido en problemas, sino sus “propuestas”. Esta semana, en medio de la crisis humanitaria por los estragos provocados en Acapulco por el huracán Otis, la dirigente trata de hacer “caravana con sombrero ajeno”: “Yo le mandé una tarjeta al Presidente con la posibilidad de que, derivado a lo que está pasando en Acapulco, que se pueda exentar el recurso y, en específico, la gente de Guerrero, pero no hemos tenido respuesta y no ha fijado una cantidad el Presidente”.

Sí, Ana Guevara tiene dinero suficiente para ir a un restaurante de lujo un jueves cualquiera, le alcanza con lo obtenido a lo largo de su carrera, también con su salario, de 105 mil 228.35 pesos mensuales, de acuerdo con la plataforma Nacional de Transparencia. Si quiere, puede donar un mes o la cantidad que quiera, pero no tiene derecho de comprometer los estímulos a los deportistas mexicanos que están haciendo una destacadísima actuación en Santiago de Chile.

En Lima 2019, los premios económicos otorgados por el gobierno alcanzaron los 40 mil pesos por un oro, 35 mil por una plata, 25 mil por un bronce y 20 mil pesos por participar. En aquellos Panamericanos, se obtuvieron 37 primeros lugares, 36 segundos y 63 terceros. En los Juegos actuales, hasta anoche, México ya había alcanzado las 37 preseas áureas de la competición de Perú, para sumar un total de 101, que ubican a la delegación nacional en cuarto lugar del medallero, pero en lucha parejera con Brasil (46 oros) y Canadá (37) por el segundo puesto.

Para obtener estos resultados, los atletas mexicanos han tenido que sortear toda clase de dificultades, incluido el conflicto entre Guevara y Mary Jose Alcalá, presidenta del Comité Olímpico Mexicano (COM). Antes del inicio de los Panamericanos, la Conade pretendió cambiar a los deportistas abanderados, pero el COM -responsable de la designación y de la participación mexicana ante Panam Sports, el organizador- no lo permitió. La respuesta fue que el organismo gubernamental bajó del avión a Chile a algunos de los médicos de los atletas; a los que ya estaban en Santiago, les pidieron no atender a los deportistas. Guevara, además, no asistió a la primera semana de la justa, aunque luego alegó asuntos de agenda y una reunión con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ahora, ya se arreglaron y Ana voló a Chile; ahí, descartó que con su presencia pretendiera “colgarse las medallas” de la delegación y solo está en su carácter de mandamás del deporte mexicano para servir de apoyo… ¿apoyo?

Bajo la gestión de Guevara, no ha habido apoyos extraordinarios al deporte nacional, de hecho, después de los Olímpicos de 2020, se redujeron las becas para deportes como esgrima, natación y atletismo por obtener lugares por debajo del ranking mínimo. Ana Gabriela también se ha ceñido a la política de austeridad del gobierno federal. Se entiende que el mandato es apretarse el cinturón, pero no por eso tiene el derecho de comprometer el estímulo que los deportistas se ganaron con años de entrenamientos y que, en muchos de los casos, servirán para que se sigan preparando de cara a los Juegos del próximo año.

Acapulco necesita toda la ayuda posible, no cabe duda. Pero para algunos de los atletas, ese dinero es fundamental para su diario vivir y seguir en competencia. Si alguno desea donarlo, puede hacerlo, pero no a fuerza. No se trata de tapar un hoyo y abrir otro.

Guevara será recordada como una de las más grandes atletas mexicanas de la historia. La gran velocista. Una mujer que se hizo a base de esfuerzo y que se abrió paso en un deporte en el que México nunca había destacado. Sin embargo, como dirigente no pasarán desapercibidas las veces en que ninguneó a los deportistas, los dimes y diretes respecto a la Ademeba o la Federación de natación, la justificación de los cuatro bronces de Tokio 2020 porque ella “no participó”, o las acusaciones contra Paola Longoria, la más grande raquetbolista de la historia, y la Federación de ráquetbol de deber dinero por no justificar gastos. Y hay más…

Independientemente de las polémicas, la historia y los resultados juzgarán su gestión. Los Juegos de París parece que serán su prueba final. Por lo pronto, visto lo visto, su calificación está en suspenso.

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