Popularidad y eficacia
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Popularidad y eficacia

20/11/2018
Actualización 20/11/2018 - 9:29

López Obrador tiene prisa. Quiere hacer la cuarta transformación de la historia de México en apenas seis años. Pero tiene poco dinero y carece de la costumbre de la planeación. Lo suyo es hablar, prometer y pedir que se ejecute. Nada de proyectos ejecutivos ni tampoco sopesar alternativas: el pueblo ha esperado mucho y él conoce sus necesidades. Así que la transformación empieza hoy.

El problema es que ese voluntarismo lo puede llevar a un callejón de estancamiento. Proyectos que fracasen por falta de tiempo de maduración y por una ejecución desordenada y arbitraria. El presidente electo ha anunciado, por ejemplo, que la construcción del Tren Maya inicia el 16 de diciembre. Pero la obra carece de un proyecto ejecutivo; no se han realizado consultas a las comunidades indígenas ni se ha registrado en la cartera de la Unidad de Inversiones de la Secretaría de Hacienda y, según la ley, no se puede asignar dinero del Presupuesto si no se cumple ese requisito.

La idea nebulosa de Santa Lucía sufre el mismo problema. Es previsible que nunca se construya ninguna pista en ese sitio simplemente por los riesgos que han advertido autoridades aeronáuticas internacionales. Tenderemos seguramente obra de ampliación en el aeropuerto de Toluca, pero ninguna solución real a la saturación del actual aeropuerto. La aviación comercial y de carga tendrá un cuello de botella que afectará el crecimiento del turismo en los próximos años.

López Obrador ha puesto muchas fichas sobre la mesa. Se puede convertir en un presidente apostador. La creencia de que puede cambiar la realidad por decreto (ya sea de leyes o de dinero) es un pensamiento mágico que comúnmente rodea a muchos líderes sociales como él. Es una suerte de desesperación que lo lleva a prometer demasiado sin tomar en cuenta que su gobierno –como cualquier gobierno alrededor del mundo– tiene recursos limitados competencias acotadas y energía finita. La infatigable energía de López Obrador lo puede llevar a estirar la maquinaria estatal sin que ese forcejeo logre su cometido de alcanzar objetivos concretos.

Ciertamente muchos beneficios llegarán a la gente. Por ejemplo, las personas de la tercera edad recibirán más dinero; muchos jóvenes recibirán una beca; la inyección de recursos en el sureste para construir la refinería traerá empleo e infraestructura. Sin embargo, es posible que esos beneficios individuales no alcancen para cambiar la estructura de la falta de oportunidades ni ayuden a mejorar la calidad de la educación ni rompan con los círculos viciosos de la pobreza en el país. Que haya refinería traerá sensación de bienestar en la zona, aunque en unos años nos demos cuenta que no hay petróleo para alimentar la refinería o usuarios de gasolina para venderles el producto.

Eso es, habrá más dádivas y compensaciones para grupos marginados, pero eso no significa que puedas sacarlos del atraso por la sencilla razón de que buena parte de la política social de López Obrador es asistencialismo, que no ataca las causas profundas del atraso y la pobreza.

Acaso López Obrador sea un presidente muy popular a pesar de la falta de resultados globales: la percepción de austeridad, la reducción de salarios y la apertura de Los Pinos para visitas culturales será muy bien recibido. Acaso AMLO sea un presidente muy popular a pesar de que dé pocos resultados más allá del asistencialismo.

Tres eventos o sucesos acumulados pueden afectar su popularidad. Una, que la inseguridad empeore o que se mantenga en los mismos niveles que ahora. Dos, que su política de gasto sea insostenible y lleve a una crisis macroeconómica y de confianza. Tres, que la sumatoria de nombramientos o políticas erráticas o contradictorias (por ejemplo, la militarización de la lucha contra la inseguridad) erosione gradual y sostenidamente su base de apoyo y lo lleve a una crisis de confianza con el electorado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.