Democracia Eficaz

Las siete batallas hacia 2024

Ni la ley ni las autoridades lo pueden todo, se necesita de civilidad, prudencia, ética y autocontención de los gobernantes para que las reglas del juego democrático funcionen.

Aunque tiene algunos aspectos positivos, la propuesta de reforma electoral del presidente López Obrador es una amenaza a la democracia representativa. Propone desmantelar al Instituto Nacional Electoral (INE) y politizar aún más el proceso de nombramiento de sus consejeros electorales. Convertiría al INE en un instituto sometido al poder político y con un perfil militante e ideologizado.

La semana pasada participé en un evento del Frente Cívico Nacional para defender al INE. Propuse siete acciones hacia 2024 (les llamé batallas).

1. La batalla de la memoria. Es necesario recordar que buena parte de los embates políticos en contra del INE son porque aplica normas que se legislaron en los últimos 30 años. “Cállate chachalaca”, es una frase memorable que gritó López Obrador durante la campaña presidencial de 2006 para exigir que Vicente Fox, presidente de la República, se mantuviera neutral durante la contienda. En 2007, se hizo una reforma electoral que obligó a la neutralidad de los servidores públicos durante las campañas y prohibió la propaganda de los gobiernos. No obstante, ya como presidente, AMLO se rehúsa a cumplir las leyes que emanaron de sus quejas como candidato opositor.

2. La batalla de la legalidad. Debemos exigir que se cumplan las leyes —aún sean imperfectas— porque son fruto del consenso político de los últimos 30 años. Como dice López Obrador: “Al margen de la ley nada, por encima de la ley nadie”. Lamentablemente, el presidente no solo ha violado la ley electoral, sino que ha alentado para que su gobierno y su partido lo hagan. Una acción concertada desde la cúspide del poder político.

3. La batalla de la autocontención democrática. Ni la ley ni las autoridades lo pueden todo, se necesita de civilidad, prudencia, ética y autocontención de los gobernantes para que las reglas del juego funcionen. El poder debe poner el ejemplo: no solo debe cumplir escrupulosamente la ley, debe ir más allá. ¿Qué hemos visto? Desacato, desafío y bravata. Si en 2024 se repite la violación generalizada de la ley electoral que hizo el gobierno y el partido oficial durante la campaña de revocación de mandato, no habrá autoridad que pueda poner orden.

4. La batalla del presupuesto. Cuando se discuta y apruebe el Presupuesto de Egresos de 2023, a fines de este año, Morena propondrá un recorte significativo al INE, como ya ocurrió el año pasado. Argumentarán que la reforma electoral de AMLO buscaba abaratar la democracia, pero que ante el rechazo del PRIAN, no tienen alternativa más que recortar los privilegios del órgano electoral.

Es claro que una de las formas para debilitar al INE es mediante el estrangulamiento presupuestario; el próximo año ya inicia el proceso de organización de la elección presidencial de 2024 y cualquier insuficiencia de dinero puede repercutir sobre la calidad de la elección.

5. La batalla del nombramiento de consejeros y consejeras electorales. En abril de 2023 se deben renovar a cuatro integrantes del Consejo General del INE, incluido su presidente. Una de las vías que ha usado este gobierno para debilitar a otros órganos autónomos ha sido mediante la omisión del nombramiento de sus órganos directivos: así ha ocurrido con la Comisión Federal de Competencia Económica, el Instituto Nacional de Transparencia o el Instituto Federal de Telecomunicaciones, todos ellos con vacantes que limitan su funcionamiento.

Cabe el riesgo de que Morena quiera imponer a sus perfiles como consejeros y, en caso de que no pueda (se requiere voto calificado en la Cámara de Diputados), busque ‘reventar’ el proceso (hay varias maneras de hacerlo, una de ellas evitar que se expida la convocatoria). Organizaciones civiles y medios de comunicación deben estar atentos para que la convocatoria y la integración del comité técnico de evaluación se hagan conforme lo establece la ley.

6. La batalla por la aceptación de resultados en 2024. Sin importar quién gane, debemos exigir que ganadores y perdedores acepten el resultado de la elección presidencial. El mayor riesgo político es que una contienda cerrada se convierta en caldo de cultivo para una crisis política y constitucional. No es lo mismo que el resultado lo desconozca un candidato opositor derrotado, a que lo desconozca el gobierno o el partido oficial.

7. La batalla pacífica en las calles. La defensa de la democracia representativa requiere que la gente se exprese en las plazas públicas para cincelar el símbolo de una defensa colectiva. Hasta ahora, la mayor parte de la defensa del INE ha sido mediante activismo tuitero y en redes sociales. Eso es insuficiente. Las calles han sido siempre un espacio de la oposición para avanzar en las luchas democráticas. Así lo hizo la oposición al PRI desde los años sesenta; ahora le toca a la oposición a Morena hacerlo.

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