Democracia Eficaz

Dos riesgos inminentes de la democracia mexicana

La suma de crimen organizado más militarismo genera un binomio que pone en un gran riesgo la sobrevivencia sustantiva de la democracia mexicana.

Uno es la intromisión del crimen organizado en los procesos electorales; el otro es el creciente militarismo.

Es la respuesta que di a la pregunta hecha por Héctor Aguilar Camín, quien, al finalizar una mesa redonda sobre el futuro del país en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, preguntó: “de todos los riesgos aquí expuestos, ¿Cuáles son los más más graves?”

Durante muchos años consideré que la mayor amenaza democrática del país era el exceso de dinero para financiar de forma ilegal campañas electorales que luego se convertía en corrupción cuando los candidatos ganadores tenían que pagar a sus promotores.

Aunque ese problema sigue siendo una amenaza, hay dos nuevas que superan en gravedad e inminencia a aquella.

La primera es el crimen organizado como operador de campañas políticas. Aunque aquel ha venido capturando a muchos gobiernos municipales en las últimas décadas (en algunas entidades más de la mitad del territorio es presa de los grupos criminales), fue hasta la elección de este año que –además– se convirtió en movilizador e inhibidor del voto.

Hay crónicas que detallan cómo grupos delincuenciales amenazaron candidatos, “levantaron” operadores de campañas, forzaron la renuncia de candidatos incómodos y –durante la jornada electoral– inhibieron el voto e incluso asaltaron casillas de votación para alterar los resultados. Ocurrió en varias entidades del país.

Durante muchas décadas el enemigo a vencer para que hubiera piso parejo era el gobierno, quien mediante apoyos de todos tipos distorsionaba la competencia e inclinaba la balanza a favor de los candidatos oficiales. Si nada se hace, ese enemigo podría ser el crimen organizado en cuestión de pocos años.

Sin embargo, el crimen organizado es invencible para candidatos y partidos. No solo eso, rápidamente se daría un proceso de selección adverso en el que, solo aquellos que buscan hacer negocios con el narco o representarlo, querrán ser candidatos en algunas regiones del país.

La captura de gobiernos locales por parte del crimen organizado ya no sólo incluye control de la policía local o cobro de piso o contratos de obra pública, sino que en algunas regiones ya controla la venta de cerveza, la celebración de peleas de gallos, carreras de caballos e incluso la operación de aeropuertos locales.

La segunda gran amenaza a la democracia mexicana que crece a pasos agigantados es la militarización, no sólo de la seguridad pública, sino de amplias actividades civiles que incluyen construcción de grandes obras públicas, operación de puertos y aeropuertos. No sólo eso: las Fuerzas Armadas serán beneficiarias del usufructo de algunos de esos proyectos que serán para sus sistemas de pensiones.

El riesgo es doble: por una parte, se corrompen las Fuerzas Armadas y de ser “pueblo uniformado” como dice López Obrador, se convertirán en una oligarquía dorada, muy al estilo de las aristocracias castrenses de América Latina. Por la otra, el poder civil se vuelve rehén de los militares, quienes no requieren sentarse en Palacio Nacional para ser el verdadero factótum de la política nacional.

La suma de crimen organizado más militarismo genera un binomio que pone en un gran riesgo la sobrevivencia sustantiva de la democracia mexicana.

*México, un presente en busca de un futuro, mesa moderada por Héctor Aguilar Camín en la cual participamos Jorge Castañeda, Lisa Sánchez, Guillermo Cejudo y yo (aquí la liga del evento: https://youtu.be/nmbtfFIBaXM).

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