Hay una lectura equivocada –y hasta superficial– sobre la reciente aparición pública de Vicente Fox: pensar que el expresidente pretende regresar al poder o reivindicar su sexenio.
Fox ya fue presidente. Tuvo su oportunidad, con aciertos y errores, y la historia se encargará de colocar su gobierno en el lugar que le corresponda. Lo que hoy está intentando es algo distinto: volver a ser un factor político, pero no necesariamente como candidato, sino como articulador de una oposición que permanece dispersa.
Y justo ahí está la verdadera dimensión de la entrevista que me concedió.
Bajo el nombre de Alma de México, Fox pretende construir una red que vaya más allá de los partidos y que pueda reunir a ciudadanos, organizaciones sociales, empresarios, liderazgos y fuerzas políticas alrededor de un objetivo común rumbo a 2027.
Pero sería un error reducirlo a una nueva alianza electoral.
La apuesta de Fox parece ser más ambiciosa: convertir el descontento disperso en una fuerza política capaz de disputar el Poder Legislativo a Morena.
Su objetivo inmediato es claro: quitarle a Morena la mayoría en el Congreso en 2027. Para él, ese sería el primer paso para recuperar contrapesos, limitar la concentración del poder y modificar la relación entre Ejecutivo, Legislativo e instituciones.
Puede gustarnos o no Vicente Fox. Podemos coincidir o discrepar con sus diagnósticos. Podemos cuestionar sus declaraciones y recordar sus propios pendientes.
Pero eso es secundario frente a una pregunta mucho más importante:
¿Por qué vuelve Fox a la conversación política nacional precisamente ahora?
La respuesta está en la coyuntura.
Fox parece entender algo que buena parte de la oposición todavía no termina de comprender: el problema de México no se resolverá simplemente cambiando de partido en el gobierno.
Y tampoco basta con decirle al ciudadano: “vota contra Morena”.
La propia entrevista pone sobre la mesa la pregunta que debería estar ocupando a toda la oposición: “¿Y ahora qué sigue?”
El fantasma de 2000
Fox recurre inevitablemente a la memoria del año 2000.
Él conoce de primera mano lo que significa enfrentar a un sistema político que parece invencible. Su llegada a la Presidencia representó entonces una alternancia histórica y demostró que aquello que parecía imposible podía suceder.
Pero hoy las condiciones son distintas.
No estamos en el México de 2000.
Y precisamente por eso sería un error intentar repetir aquella fórmula.
El talón de aquiles
Sin embargo, aquí aparece la gran contradicción.
Fox habla de ciudadanía independiente de los partidos, pero al mismo tiempo reconoce que los partidos siguen siendo indispensables para acceder a las candidaturas.
Entonces surge la pregunta inevitable:
¿Puede construirse un movimiento ciudadano amplio sin terminar convertido en otra alianza electoral tradicional?
Esa será la verdadera prueba de Alma de México.
Porque juntar PAN, PRI, organizaciones civiles, ciudadanos inconformes y distintos liderazgos puede ser posible alrededor del rechazo a Morena.
Lo difícil será mantenerlos unidos cuando llegue el momento de responder las preguntas verdaderamente importantes tipo:
¿Qué país queremos?
¿Qué modelo económico?
¿Qué sistema de salud?
¿Qué papel tendrán los empresarios?
¿Qué instituciones queremos reconstruir?
Y, sobre todo:
¿Quién está dispuesto a poner ese proyecto por encima de sus intereses personales y partidistas?
Fox también debe mirarse al espejo
Hay otro asunto que no puede esquivarse.
Cuando le pregunté qué hicieron mal el PAN, el PRI y la oposición para permitir el avance de Morena, la autocrítica no aparece con la profundidad que cabría esperar.
Las frases que pueden cambiar la conversación
La entrevista no fue políticamente inocua.
Fox lanzó afirmaciones capaces de incendiar el debate rumbo a 2027.
Habla de la posibilidad de que Morena en el 27 pierda la mayoría en el Congreso. Sostiene que cuando menos la mitad de los mexicanos estaría de acuerdo con sacarlo del poder. Advierte sobre un eventual intento de alterar el resultado electoral y plantea la necesidad de utilizar tecnología para garantizar que el voto sea respetado.
También formula acusaciones particularmente delicadas sobre una presunta alianza entre Morena y el crimen organizado, y lanza señalamientos severos contra López Obrador, sus hijos y Claudia Sheinbaum.
Son afirmaciones de enorme calado político.
Precisamente por eso no deben convertirse en consignas.
Deben ser debatidas, contrastadas y, cuando corresponda, sustentadas.
Una democracia madura no necesita silenciar las declaraciones incómodas.
El error de creer que todo se trata de Morena
Aquí está quizá el punto central.
La oposición corre el riesgo de cometer exactamente el mismo error que acusa en sus adversarios: convertir toda la política en una disputa de buenos contra malos.
México es mucho más complejo.
2027 no será 2000
Vicente Fox puede tener razón en una cosa: las elecciones pueden producir sorpresas.
Lo sabe mejor que nadie.
Pero también debería saber que 2027 no será 2000.
Hace 26 años el país buscaba la alternancia.
Hoy el hartazgo puede abrir una puerta.
Pero el hartazgo, por sí mismo, no gobierna.
La indignación puede ganar una elección.
Pero la indignación no construye hospitales, no genera empleos, no mejora la educación, no combate al crimen y no produce crecimiento.
Para eso se necesita un proyecto.
Y esa es precisamente la pregunta que Alma de México todavía tiene que responder.
El verdadero regreso de Fox
Por eso sería un error interpretar la reaparición de Vicente Fox como nostalgia presidencial.
Fox no está regresando a Los Pinos.
Está tratando de recuperar un papel que alguna vez desempeñó con enorme eficacia: el de convertir el descontento social en una expectativa de cambio.
Pero ahora enfrenta una dificultad mayor.
En el año 2000 bastaba con convencer a México de que el cambio era posible.
En 2027 habrá que convencerlo de algo mucho más complicado: que el cambio vale la pena.
Sacar a Morena de una mayoría legislativa puede ser una estrategia electoral.
Decirle a los mexicanos qué hacer con el país después de hacerlo, es una estrategia de Estado.
Y esa respuesta, hasta hoy, sigue pendiente.
Tal vez esa sea la verdadera razón por la que Fox vuelve a generar ruido político.
No porque quiera regresar.
Sino porque pretende demostrar que todavía puede mover el tablero.
Y en política, a veces eso es mucho más importante que volver a ocupar una silla.
La entrevista completa la pueden ver en La Otra Verdad en X, Face, IG, YouTube o Spotify.