Sobremesa

Un infierno por 7,000 pesos

Ceci es la madre buscadora más conocida del mundo. Es la viva representación del vacío que existe en el diccionario para ponerle nombre a la tragedia de una madre que pierde a su hijo.

–¿Qué sentiste?

Ceci Flores: “Nunca me lo vas a entender. Horrible. Perdí la esperanza, ya nunca tocará mi puerta, ya nunca lo podré abrazar. Empieza el verdadero dolor. Mientras que no lo encuentras tienes esperanza. Hemos encontrado desaparecidos de 45 años. ¡45 años estuvo desaparecido y volvió! Entonces, si el mío tenía siete años, claro que tenía esperanza de encontrarlo vivo.

“No puedo creerlo. ‘No lo acepto’, les decía. Me dieron un puñado de huesos. Mi hijo reducido a esto. Caminé más allá, donde estaba la gente de la fiscalía. Me decían: ‘no vayas allá, ya vámonos’, y les contestaba: ‘si quieren, váyanse, yo aquí me quedo’. Más de 30 o 40 personas caminaron por arriba de la camisa de Marco Antonio… Me sentía loca. Le agradezco a la vicefiscal Alicia Martínez que no me soltó”.

–¿A qué hora llegaste?

CF: “Llegué 6 am y fue hasta como las 5:40 pm que encontré su camisa guinda de Nike. ¿Sabes cómo la reconocí? Porque yo lo acompañé a comprarla y le dije: ‘yo te la escojo porque tienes gustos bien feitos’ –ambas nos reímos–. ¿Te imaginas cómo estaba tras siete años en la intemperie? Quedó la palomita grande de enfrente; lo demás estaba hecho tiritas”.

–¿Nunca habías ido a esa zona?

CF: “Sí, en 2023, me dijeron esa ubicación por siete mil pesos como recompensa. Acordamos que le daba tres mil 500 por la ubicación y los tres mil 500 restantes si lo encontraba. Él me dijo: ‘ahí está’; si hubiera caminado 100 metros más, pero nos salieron unos muertos. Luego tuvimos mucho miedo porque estaban unas motos atemorizándonos, pasando por ahí, pero no, no se fijaban en nosotras, estaban haciendo los rondines de la granja que está ahí junto”.

La ubicación: carretera 26, km. 46, 1.5 km adentro.

CF: “Iba a buscar hasta el último hueso de mi hijo. No lo podía aceptar. Pasar por todo esto no es justo. Nadie se lo merece. Encontré la mitad del cuerpo, la otra se la comieron los animales, los cochi jabalíes”.

A Marco Antonio lo levantaron el 4 de mayo de 2019 junto con su hermano Jesús, que no tenía nada que ver, pero estaban juntos, en medio de una balacera. Todo el mundo lo supo. Ceci, días después, llegó y se metió a casa de El Comander y gritó: ‘devuélveme a mis hijos’. El Comander la vio no con ojos de enojo, sino con ojos –a decir de Ceci– de: ‘esta vieja ya está loca’. Y sí, estaba loca de dolor. Le dijo: ‘estése pendiente de su teléfono’. Ese acto, esa fortaleza mostrada por Ceci, le valió que el 9 de mayo sus dos hijos le hablaran. Marco Antonio se despidió de ella y le dijo: ‘mamá, si no regreso, cuida a mis hijos’. Al día siguiente, 10 de mayo, le regresaron a Jesús.

–¿Ahora qué harás?

CF: “Me voy a ir a Sinaloa a buscar a Alejandro. Aquí ya no tengo nada que hacer. Además, El Pollo, el papá de El Comander, se la pasa amenazándome y para qué le busco tres pies al gato.”

A Alejandro lo tuvo que sacar hace 10 años de Sonora porque se enamoró de una joven, y la mamá de esa joven amenazó a Ceci con denunciar a su hijo por andar con una menor de edad si no le daban a cambio siete mil pesos. Ceci se negó a ser extorsionada. Su hijo la quería bien y se quería casar. Ojo, se llevaban unos cuantos años; él apenas superaba la mayoría de edad. Así fue que Ceci, para poner a salvo a su hijo, se lo llevó para Sinaloa, pero el destino fue cruel. A Alejandro lo desaparecieron por estar en el lugar incorrecto a la hora incorrecta. Sí, fueron por su jefe y se los llevaron hace 10 años.

Golpes bajísimos, inhumanos

Las imágenes del México cuatrotreo son de un México en el que la autoridad es omisa, ausente, inexistente. Es el México en el que las madres buscadoras, apoyadas únicamente en el amor de madre, salen todos los días a cavar la tierra con la esperanza de encontrarlos.

“¿Por qué los buscamos? Porque los queremos”. Esta consigna la gritan, la elevan al cielo en cada búsqueda.

Ceci Flores es la voz más fuerte. Pasó de ser una ama de casa a una activista, líder de opinión y experta forense. ¿Qué la transformó? La tragedia y el amor. Sí, una gran contradicción que solo podemos dimensionar quienes somos madres. Porque el amor de madre no se apaga con nada. Te lo llevas a la tumba.

Ceci es la madre buscadora más conocida del mundo. Es la viva representación del vacío que existe en el diccionario para ponerle nombre a la tragedia de una madre que pierde a su hijo. En México, AMLO y Sheinbaum la ignoran; en el mundo la reconocen. En 2022 fue parte de la lista de las mujeres más poderosas del mundo de la revista Forbes. La BBC de Londres la incluyó como una de las 100 mujeres más influyentes a nivel mundial. En 2023, el gobierno de Estados Unidos la invitó a participar en un foro de Mujeres Líderes de Paz y Seguridad, al lado de 87 mujeres activistas y defensoras de los derechos humanos de todo el mundo.

Madres buscadoras cavan la tierra frente a policías y miembros de la Comisión Nacional de Búsqueda y de la Guardia Nacional, quienes solo las miran sentados; no les importa.

En el México de la ‘4T’, donde “todo el mundo” recibe una “beca del Bienestar”, la primera presidenta mujer (quien también es madre y abuela), se ha olvidado de sus pares. ¿Por qué, si han inventado apoyos hasta para los ninis, el gobierno “tan humanista” no voltea a ver a las madres buscadoras?

Si los funcionarios de la Comisión Nacional de Búsqueda no saben cómo ni les importa aprender o buscar a los desaparecidos, y son las madres buscadoras quienes lo hacen, ¿por qué no darles una plaza a esas mujeres incansables que desentierran México entero todos los días, sin goce de sueldo?

Las madres buscadoras hacen el trabajo que el Estado mexicano no puede o no quiere hacer.

No sería ningún regalo. Les darían la libertad de buscar a sus hijos sin límite de tiempo. Sería un acto de justicia.

Estamos divididos hasta en el rumbo.

Una parte de México llora a sus desaparecidos y otra se da el lujo de afirmar que “todos son narcos, que andaban en malos pasos y por eso los desaparecen (mienten)”. Y mientras el país se parte en dos (herencia de AMLO), nadie se preocupa por los huérfanos que dejan las y los desaparecidos.

Si estaban en malos pasos, lo correcto hubiera sido que la autoridad los detuviera y se defendieran ante un juez, no que los narcos hagan valer su ley; una barbarie.

México es un panteón donde ni siquiera dejan poner cruces.

¿De verdad es un esfuerzo sobrehumano recibir a las madres buscadoras en Palacio Nacional? Es más congruente y barato que enviar ayuda humanitaria multimillonaria para Cuba.

En pleno Mundial de FIFA, México tiene una crisis de desaparecidos. Mientras la ONU dice que son crímenes de lesa humanidad y el gobierno se defiende en una guerra de cifras, estadísticas y discursos.

Las madres buscadoras siguen aumentando, siguen buscando, siguen sufriendo y siguen solas en un camino de oscuridad, sangre, riesgo e impunidad. En el sexenio de Sheinbaum van ocho madres buscadoras asesinadas.

#HastaEncontrarlos

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