La Aldea

¿Fracaso de reforma?

Morena perdió una votación desproporcionadamente alta, y por primera vez en 7 años, vimos a sus aliados PT y Verde votar en contra.

Existen muchas lecturas a diferentes niveles políticos del voto en contra de la reforma electoral de la presidenta el día de ayer en San Lázaro.

Entre las primeras están las evidentes: Morena fue incapaz de negociar con sus aliados, quienes corrían el riesgo, a pesar de las promesas, de sucumbir como fuerza política ante el arrollador empuje del partido mayoritario en el poder.

En este sentido, la presión, la extorsión e incluso la amenaza —cada quien votara de acuerdo a su conciencia— de Morena a sus aliados se consideraba al principio suficientemente potente como para doblegar al Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

La realidad demostró lo contrario.

No solo se mantuvieron firmes, aguantaron la presión del poder y de la locomotora de Morena, sino que además demostraron que sin ellos, sin su apoyo con frecuencia incondicional durante los últimos 7 años, la agenda “progresista” de Morena hubiera sido inviable en el Legislativo.

El PT y el Verde probaron que son vitales para que Morena impulse su agenda legislativa, por lo menos, la de reforma constitucional.

Morena exhibió en el mismo proceso su necesidad de reducir y aminorar el peso político de sus aliados. Son caros, exigentes, demandantes y además rebeldes.

Ya Andrés Manuel había intentado deshacerse de ellos, pero su respaldo partidista en votos es fundamental para la mayoría natural de Morena, y más aún, para la artificial de la sobrerrepresentación.

Marcadas las cartas, el juego sobre la mesa, aparecieron otros resortes y otros compromisos políticos.

La presidenta declaró que “ya había cumplido” con enviar la reforma, aun a sabiendas de que estaba muerta sin la aprobación de la mayoría calificada que requería necesariamente el respaldo inalcanzable del PT y el Verde.

¿Había cumplido con quién? ¿Con quiénes? ¿Con qué?

La retórica inflamada del pueblo en el año 7 del morenismo está más que desgastada. ¿El pueblo es el “oráculo de Tabasco”? ¿Los duros de Morena? ¿Quién es el pueblo que exige una reforma? Cuando en realidad a nadie le importa un comino.

La reforma electoral, ciertamente innecesaria en cuanto a lo técnico, ha sido leída desde el inicio como un intento político de Morena de ejercer control absoluto sobre los órganos electorales (INE, OPLES, Tribunal —ya plenamente dominado— e incluso partidos mediante los dineros). Además, busca desequilibrar el piso de la competencia electoral.

Gran ironía que aquellos que pasaron años impulsando condiciones, candados, requisitos, preceptos legales en materia electoral para restringir el exceso intervencionista del Ejecutivo federal y los estatales, mediante recursos, presupuestos, propaganda, etcétera, sean los mismos que hoy —Pablo Gómez— pretendan desviar el curso de la democracia mexicana.

Pero así es el poder: llegan para pretender permanecer en él sin tiempos ni ciclos bajo la creencia profunda de que les pertenece por derecho. Ese es el pecado original de Morena.

Pero entonces, ¿la presidenta envió una reforma muerta de origen bajo la promesa del “Yo ya cumplí”? ¿Por qué? ¿Se trataba de un compromiso con la agenda de Andrés Manuel López Obrador y sus no pocos incondicionales al interior de Morena, que al enviar y fracasar, quedaría saldado el punto?

¿O hay trampa en el proceso? ¿Lo que viene ahora es intentar introducir, vía leyes secundarias, los cambios al interior del INE que Morena y la presidenta pretendían con la reforma?

Aún por develar algunas de estas premisas.

Pero, para el registro, Morena perdió una votación desproporcionadamente alta, y por primera vez en 7 años, vimos a sus aliados PT y Verde votar en contra.

¿De qué tamaño será la factura? ¿La presidenta les pasará la afrenta de forma gratuita?

Bajo este escenario, me parece prácticamente imposible que la esposa de Ricardo “El Pollo” Gallardo en San Luis Potosí pueda conseguir el apoyo de Morena para su candidatura.

Al mismo tiempo, llama la atención que la fiscal general Ernestina Godoy —de quien se dice asistió como testigo de calidad a las reuniones de negociación entre Morena y sus aliados— no haya ejercido la poderosa presión del expediente.

Manuel Velasco, Alberto Anaya, “El Niño Verde” y tantos otros han abonado a abultados expedientes de pillerías y desvíos en manos de la Fiscalía. ¿Por qué no fueron usados?

¿Claudia Sheinbaum prefería que su reforma fuera rechazada?

En el fondo, existe la percepción de que no quería modificar las condiciones de competencia electoral que claramente señalarían al régimen como destructor de la democracia mexicana.

En el juego de poderes interno entre el gobierno y sus partidos satélites, pero sobre todo al interior de Morena y sus facciones, ¿quién sale ganando con la derrota de la reforma?

¿Quién se empodera con mantener las mismas condiciones?

Muchas preguntas con respuestas aún por escribirse en los próximos días. Nada es una derrota definitiva, como tampoco una victoria absoluta.

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