La Aldea

El lado equivocado de la historia

Pareciera que lanzar continuas provocaciones a Washington le parece valeroso y ejemplar a López Obrador, de congruencia con lo que él considera su vocación antiimperialista.

Una vez más el presidente de México arriesga la estabilidad, la alianza comercial y los vínculos con el principal socio mexicano (Estados Unidos) en aras de su preferencia ideológica con ‘los pueblos hermanos’ y la mitología de la fraternidad universal.

Más aún, pareciera que a AMLO lanzar continuas provocaciones a Washington le parece ‘valeroso’ y ejemplar, digno de admiración y de congruencia con lo que él considera su vocación antiimperialista.

Buscar alianza con Cuba, Venezuela y Nicaragua, regímenes abiertamente antidemocráticos, envía un grave mensaje al mundo: México coincide y se identifica con esos gobiernos, líderes, partidos y sistemas. Muy lamentable ir a contraflujo de la historia.

La amenaza clara y directa de no asistir a la Cumbre de las Américas si no se invita a todos, léase a los tres países no incluidos, tuvo rápidas respuestas: primero la veloz visita a Palacio Nacional por parte del embajador Ken Salazar en busca de una intermediación, que a todas luces resultó imposible. La segunda, vino desde la Casa Blanca ayer, con la vocera Jen Psaki, quien declaró que “las invitaciones no han sido enviadas aún” y que no “se han tomado decisiones finales”.

Nicaragua es presidido por un gorila exrevolucionario –en su cuarto periodo presidencial– que tuvo la desfachatez de encarcelar a todos los candidatos de oposición a la presidencia y a todos quienes criticaron desde distintas posiciones a su gobierno. En total 34 políticos de oposición en la cárcel para que Daniel Ortega llegara tranquilo y feliz a una victoria en las urnas, con poca participación y nula validez.

Venezuela lleva más de 24 años sin elecciones libres e independientes, con la abierta competencia de otras fuerzas y candidatos. Más aún, se han perseguido, encarcelado y exiliado a quienes se han atrevido a desafiar a Maduro y al régimen chavista.

Y de Cuba, pues qué decir, cuando el mismo régimen lleva instalado en el poder más de 60 años, con la existencia de un solo partido con registro, la prohibición de otras fuerzas políticas, la limitación extendida de derechos y libertades, la persecución abierta a opositores al gobierno. Una desgracia autoritaria y represora.

Esos son los países con los que AMLO busca fortaleza, liderazgo y cercanía. Esas son las banderas que ahora defiende en una cumbre convocada para hablar justamente de la democracia y de sus riesgos en el hemisferio.

La condición de participación para la cumbre es evidente: discutamos entre iguales, entre pares, entre regímenes y gobiernos electos libremente en las urnas, quienes defienden principios democráticos en sus países. Venezuela, Cuba y Nicaragua no califican en esa categoría.

Andrés Manuel se equivoca cuando responde en tono misionero y mesiánico (su favorito de pastor evangélico): “quiénes somos nosotros para llamar matones, torturadores, censores, represores a unos, y no a otros”. Bellísima respuesta mitotera y panfletaria.

Pero no hay diálogo posible con un represor, no hay entendimiento con un gobierno que cancela elecciones, manipula urnas, envía a prisión a competidores.

Nosotros somos una democracia, con defectos y rezagos, con graves ataques institucionales desde su presidencia, pero somos y seguiremos siendo una democracia.

Esos países no lo son.

¿O es acaso que usted, presidente López Obrador, encarcela a sus críticos? ¿Envía a prisión a sus opositores? ¿Persigue a partidos distintos al suyo?

Difícil respuesta, ¿no cree usted?

¿Por qué Rosario Robles está en la cárcel? Por venganza política del ¡mesías evangélico! ¿Por qué Ricardo Anaya se tuvo que ir de México? Porque pretendían encarcelarlo.

El embate continuo a la oposición, el golpeteo a los periodistas, el acoso a empresas y críticos ¿podrían parecerse al principio de lo que pasó en esos países? ¿O es una exageración? ¿Usted qué opina?

Estados Unidos es nuestro socio comercial, vecino y aliado. Eso no significa que en distintos momentos de la historia de México, los vecinos del norte no hayan abusado de su superioridad, de su potencia económica, de su capacidad de intromisión en asuntos de política interna y mucho más. Sería ingenuo negarlo.

Pero hoy la historia es otra. Tenemos la capacidad –México la ha tenido en el pasado– para construir una relación productiva, eficiente, enriquecedora para ambos. Decir equitativa es imposible, dadas las gigantescas desigualdades, pero cercana a la colaboración, al diálogo, al entendimiento. Con los ojos siempre abiertos para evitar el exceso, el abuso, el control y la manipulación.

¿Pero de ahí al distanciamiento? ¿Al desaire abierto a la invitación del presidente Biden?

Citando a los clásicos: “¿pero qué necesidad?”. Y todo esto por una visión nostálgica del Grupo de los 77 y el movimiento de No Alineados de hace más de 40 años, resulta absurdo, anacrónico, ignorante y peligroso.

México no tiene necesidad de defender ningún derecho de participación de países represores y censores que persiguen a sus críticos y encarcelan a sus opositores. Y no lo decimos nosotros, lo dice el mundo, lo dicen sus propios ciudadanos perseguidos a quienes se les impide el ejercicio pleno de sus libertades y derechos políticos.

Jugar al líder regional y defender principios ideológicos ajenos a México, puede arrastrar a nuestro país a un nivel de descrédito, desprestigio y rechazo en múltiples foros, fondos de inversión y organizaciones basadas en la libertad y la democracia. ¡Cuidado!

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