La Aldea

Operación de Estado II

La flagrante y vergonzosa actitud del secretario Adán Augusto López en Coahuila, durante el fin de semana, es apenas una muestra elocuente de la desquiciada desesperación.

Están desesperados, al extremo de la violación constitucional. La flagrante y vergonzosa actitud del secretario Adán Augusto López en Coahuila, durante el fin de semana, es apenas una muestra elocuente de la desquiciada desesperación.

Los números no salen. No consiguen votos ni con milagros. Y conocedores de la dimensión del enojo presidencial, nadie quiere arriesgarse, así que con todo por la consulta de ‘revocación’, más ratificación de mandato.

Ayer el secretario ‘tapado’ cometió aún el desfiguro de la estación del Metro y el taxi para evadir a la prensa. Penosa, la falta de entereza para responder de frente. Lo que pasa es que no hay respuesta, sí señores, “violé la ley y tomé un avión de las Fuerzas Armadas para hacer proselitismo por el presidente y el gobierno”. Varios delitos en el camino, no importa. Todo para favorecer al caudillo.

Parea colmo, algo que no sucedía en este país hace 80 años, un integrante de la Fuerzas Armadas, un general (Gonzalez Bucio) al frente de la Guardia Nacional, presente y partícipe del acto de campaña -prohibido por la ley- a favor de la consulta y el presidente. Escandaloso. Toda barrera, línea respetuosa del Estado mexicano posrevolucionario, atropellada por la desesperación ante la derrota.

Parece una mala racha que se acrecienta con los fallos de la Suprema Corte en contra del atropello legaloide del fiscal Gertz Manero en contra de la señora Cuevas.

En contra de la década absurda y excesiva para que exservidores públicos busquen empleo en el sector privado.

En contra de la mano libre al presidente para disponer de recursos del Estado.

Y hoy jueves, en contra de la Ley de la Industria Eléctrica. Es demasiado. Los pensadores de Palacio -de verdad, hay algunos- buscan desesperados la fórmula para sacar adelante el proyecto. Se tropiezan continuamente.

Por eso la presencia ayer, extrajudicial y vergonzosa, del secretario de Gobernación en la Corte. ¿Qué les fue a pedir? ¿De qué tamaño es la amenaza?

La lógica en Palacio es no soltar el poder a cualquier costo. El futuro de la 4T se sustenta en la continuidad del proyecto, una presidencia extendida de AMLO. Por ello Claudia, y nunca Ricardo ni tampoco Marcelo. Cualquiera de ellos tiene vida política propia, no trabajarán para construir monumentos a su antecesor. Claudia es distinta, es creyente fervorosa de su jefe, patrón, guía y gurú. Pero si ella no levanta, como apuntan todos los sondeos, queda Adán Augusto, quien ya mordió la manzana del poder y la sucesión.

“Él no es candidato -dijo el presidente este lunes- sólo me ayuda con la transformación”.

Sorpresa, sí está en la carrera, y lo estará más ante de la debilidad de la jefa de Gobierno.

El mejor escenario para este domingo según los sondeos de Palacio son 15 millones de votos. El 50 por ciento de lo obtenido en 2018, y un poco más del doble en la anterior y desatinada consulta por el juicio a los exprexsidentes.

Si AMLO considera la consulta de revocación un ensayo para probar la fuerza de Morena hacia 2024, y probar la fortaleza, movilidad, capacidad operativa de su movimiento hacia las futuras elecciones, el resultado del domingo será desastroso.

Si la meta es demostrar un extendido apoyo popular, que le permita empujar el resto de sus reformas, especialmente la eléctrica y la electoral, no será tampoco el impulso en las urnas que espera.

Los gobernadores movilizan votantes al por mayor. Se dilapidan recursos, se contradice el discurso de la austeridad, se miente vulgarmente con la honestidad valiente.

Son iguales a los de antes, cuando las maquinarias partidistas se ponían en acción para repartir dineros y recursos para comprar votos y simpatías.

AMLO es un viejo priíita, con sueños de Maximino, que pretende construir las bases de un Maximato.

Todo indica, que no lo logrará, a pesar de sus vulgares amenazas de “A mi no me vengan con el cuento de que la ley es la ley” y de enviar a su secretario de gobernación a presionar a los ministros.

Sí señor, la ley es la ley, y aunque a usted o a muchos no guste, en una democracia y un Estado de derecho, se debe respetar.

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